Published On: Dom, mar 6th, 2022

EXTRATERRESTRES EN LA ANTIGÜEDAD… O NO

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Publicado en EOC nº 94

img578bCuatro continentes, 150 fotos y documentos, casi 300 casos recogidos y aventuras trepidanteS. Desde las pirámides de Egipto a las selvas de Guatemala, pasando por Mongolia, Israel, Nicaragua, Italia, etc. Antes conocíamos las grandes preguntas sobre los misterios del pasado: quién, cómo, cuándo, por qué… Ahora Manuel Carballal nos ofrece las respuestas en su Cuaderno de Campo número 8.

La Ancient Astronaut Society (AAS) fue creada en 1973 “para reunir a personas que deseaban determinar si la Tierra fue visitada en tiempos prehistóricos por seres extraterrestres y si existían civilizaciones avanzadas en la Tierra antes de la historia registrada”.

 Su fundador fue Gene M. Phillips, y su AAS adquirió gran reconocimiento internacional a partir de la respuesta popular a los escritos de Erich von Däniken, quien, en su libro, “Chariots of the Gods”, allá por 1969, desarrolló ideas expresadas por primera vez en la década de 1950 por escritores como George Hunt Williamson, MK Jessup o Desmond Leslie. Sin embargo, a diferencia de los textos anteriores, el libro de von Däniken se convirtió en un éxito de ventas internacional, convirtiendo a su autor -hasta entonces mozo en un hotel- en millonario.20210507_170414

La sociedad se inauguró con un evento en Chicago y a partir de entonces celebró conferencias anuales y expediciones a lugares de todo el mundo; desde Yugoslavia hasta Brasil, donde los miembros de la AAS pudieron ver de primera mano los sitios discutidos en la literatura de los antiguos astronautas. Pero los ufólogos, que se caracterizan por un llamativo complejo de inferioridad con respecto a la comunidad científica, consideraron que la hipótesis del antiguo astronauta no era convincente y fue rápidamente segregada de los estudios serios sobre OVNIs. Pese a ello, Javier Sierra y yo ingresamos en la Ancient Astronaut Society en 1987. Un año decisivo para ambos tras nuestra propia experiencia OVNI. [1]

Recibimos nuestro carnet de miembros, un diploma acreditativo (que enmarcamos y colgamos en un lugar privilegiado de nuestra habitación) y un ejemplar del libro más clásico de Zecharia Sitchin. Y desde ese día, puntualmente, el cartero dejaba en nuestros respectivos buzones de correo, el de Javier en Vinaroz (Castellón) y el mío en A Coruña, cada nuevo ejemplar del Ancient Skies. El boletín informativo de la AAS en el que se publicaba cada nueva “evidencia” descubierta, en cualquier rincón del mundo, de que en un pasado remoto la Tierra fue visitada por extraterrestres.[2]

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Aquellos humildes fanzines en blanco y negro disparaban nuestra imaginación adolescente. Proyectándola a países lejanos y exóticos, donde audaces e intrépidos astroarqueólogos, para nosotros auténticos Indianas Jones de carne y hueso, exploraban selvas tropicales, antiguos templos perdidos y escarpadas montañas, para descubrir el legado que civilizaciones no humanas supuestamente habían dejado en un pasado remoto.

Y así, número a número, las páginas de Ancient Skies nos permitieron conocer, antes incluso de que apareciesen en las revistas especializadas de la época, cada nuevo descubrimiento de la AAS, a cuál más fantástico e inspirador: los Ooparts de Ivan T. Sanderson, la “nave” de Tropakkale, nuevas piedras de Ica…

Éramos tan jóvenes e ingenuos… Nos lo creíamos todo. Y además lo trasmitíamos a quienes estaban dispuestos a escucharnos. Supongo que nuestra inexperiencia es un atenuante, en 1987. Pero hoy sabemos demasiado como para que se sigan manteniendo los mismos mitos.

Aquellos dos críos, quizás los miembros más jóvenes de la AAS en España, nos prometimos que algún día nosotros también viajaríamos a aquellos lugares remotos y exóticos, para ver con nuestros propios ojos las pruebas de las visitas de los antiguos astronautas. Y cumplimos nuestra promesa. Pero no podíamos ni imaginar, las sorpresas que nos aguardaban en aquellos países lejanos. Ni los riesgos que habría que asumir…

Asalto a la Gran Pirámide193888874_528806554814225_7272945737727846443_n B

El Dr. Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, había sido muy amable concediéndonos un permiso para visitar las “cámaras” descubiertas en el interior de la esfinge de Guiza en 1987. Muy pocos investigadores han tenido la oportunidad de entrar y comprobar por si mismos si Edgar Cayce, el profeta durmiente, tenía o no razón al afirmar que allí se conservaba la “sala de los archivos” secretos de la humanidad. O si la tenía Herodoto, que sugería que la esfinge estaba comunicada con la Gran Pirámide a través de un pasadizo subterráneo…

Pero tras penetrar en el interior de la esfinge de Guiza, puedo afirmar que ni lo uno ni lo otro aparece por ningún lado. No me lo han contado arqueólogos “oficialistas”, no lo he leído en un libro, no lo he visto en un documental de La2… Hace muchos años que no me fio demasiado de esas fuentes, por lo que prefiero comprobar las cosas sobre el terreno. Y esta actitud se debe, precisamente, a lo que viví en aquel nuevo viaje a Egipto. Miguel Blanco fue testigo…

Sin embargo, no hubo manera de convencer a Hawass -al que solíamos visitar en su despacho al pie de las pirámides para hacerle mucho la pelota en cada nuevo viaje, entrevistándole, regalándole libros, etc.-, para que me permitiese acceder a las cámaras de descarga de la Gran Pirámide. El único lugar de esa maravilla del pasado donde existen textos jeroglíficos y por tanto pruebas históricas concretas sobre su construcción. Así que tuve que buscar otra manera…

EGIPTO 042-0038-24 (19)A diferencia de otros colegas, que habían obtenido un permiso para visitar de madrugada la cámara del Rey, mi objetivo estaba justo por encima de esa estancia que solo conserva el sarcófago vacío, y que ya conocía. Al igual que todas las demás salas, pasadizos y cámaras de la Gran Pirámide, que ya había explorado en viajes anteriores. No. A mí lo que me interesaba, lógicamente, es lo que no me permitían ver. Miguel Blanco intentó disuadirme, pero…

Me colé en la pirámide, al filo de la media noche, aprovechado que un grupo había untado a los vigilantes para hacer una “meditación” esotérica en la cámara del Rey.

Iba preparado con la cuerda de escalada, mosquetones, luces químicas, linternas, etc. Me despisté del grupo y conseguí trepar los ocho metros hasta lo alto de la Gran Galería, donde se abre el pasadizo que lleva a las cinco cámaras de descarga, justo por encima de la cámara del Rey. No fue una ascensión fácil, y una caída desde ocho metros de altura podría haber sido muy dolorosa, pero no hay otra forma de acceder. Y menos sin el permiso de Hawass.EGIPTO 042-0038-24 (21)

Una vez arriba me arrastré por el claustrofóbico pasadizo hasta la primera cámara de descarga descubierta por Davidson en 1765, y desde ahí las fui radiografiando una a una, ascendiendo hasta la parte más alta de la pirámide. Algo que pocos investigadores han tenido la fortuna de ver.

Me pasé varias horas midiendo, fotografiando, copiando los textos jeroglíficos que existen en las tres últimas. Y por fin, en la quinta cámara de descarga, pude ver con mis propios ojos la prueba irrefutable de quien fue su constructor. Y no me refiero ya al cartucho del faraón Jufú (Keops) que se encuentra bajo las piedras más colosales de la estructura -y que descargan el peso de millones de bloques de granito sobre la cámara del Rey-, sino a aquel otro jeroglifo que puede apreciarse por la fractura de uno de los bloques, y que demuestra, de forma irrefutable, que fue pintado antes de que se hubiese completado la construcción de la Gran Pirámide.

Allí estaba la evidencia incontestable, que jamás había visto publicada en ningún libro ni en ningún documental. Aquel jeroglifo, que indubitadamente fue realizado por los constructores antes de encajar los dos bloques ahora fracturados, zanjaba todo debate sobre quién y cuando se construyó la pirámide ¿como es posible que nadie lo hubiese comentado jamás? Otros investigadores, tanto ortodoxos como heterodoxos, habían estado allí antes que yo. ¿Porque ocultaban la evidencia más irrefutable que existe en la Gran Pirámide? En realidad, el mismo Zahi Hawass nos había dado la respuesta en una de las visitas anteriores a su despacho.

-A nosotros no nos importa que los turistas vengan buscando la historia real, pruebas de visitas extraterrestres o porque crean en la energía piramidal… lo que queremos es que todos vengan a Egipto.

Entonces entendí porque incluso los más prestigiosos egiptólogos alternativos, piramidólogos y astroarqueólogos ocultan esta evidencia. Les cerraría el chiringuito. Pero también afectaría al negocio del turismo que mueve miles de millones anuales en Egipto. Por eso todos callan.193888874_528806554814225_7272945737727846443_n (1)

Cuando un par de horas después, bien entrada la madrugada, volví a asomarme al pasadizo me llevé la fatal sorpresa. Las autoridades arqueológicas y la policía egipcia me estaban esperando, y empezaron a gritar -imagino que cosas poco amables- andes de meterme en una de las cámaras para someterme a un férreo registro, confiscarme los carretes, grabaciones y arrancar mis notas del cuaderno de campo…

Todo el episodio, lo que ocurrió antes y lo que ocurrió después -incluyendo los análisis químicos de las muestras que tomé en la quinta cámara realizados por la policía científica de la comisaría de Canillas (Madrid)-, puede consultarse en uno de mis trabajos anteriores.[3]

Pero aquella noche, en la Gran Pirámide de Guiza, aprendí, con lágrimas y sudor, que en lo referente a los misterios del pasado, no solo se debate una visión ortodoxa o heterodoxa de la historia. También hay en juego un negocio millonario. Y con frecuencia todos mienten en alguna medida. Por eso es mejor comprobar las cosas por ti mismo. Algo que comencé a hacer en 1987, cuando arrancó esta aventura…

Y el siguiente destino no podía ser otro: localizar la colosal cabeza, idéntica a un moaí pascuense, perdida en las selvas de Guatemala…

Manuel Carballal

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[1] Javier Sierra dedica el último capítulo de la primera temprana y el primero de la segunda, de su serie “Otros Mundos” a esa vivencia.

[2] Sierra, Javier. “Mi viejo diploma de astroarqueólogo”. La Razón, 24 de enero de 2021. https://www.larazon.es/opinion/20210125/biehskjau5dajoym6dwtjkam6a.html

 

 

[3]Carballal, Manuel. “El secreto de los dioses”. Martínez Roca, 2005.

 

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