Published On: Sab, oct 5th, 2013

LAS PIEDRAS DE ICA: CASO RESUELTO

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Publicado en EOC nº 44

eoc 44Confirmado: son falsas. Esa es la frustrante conclusión a la que ha llegado Año Cero tras una larga investigación que ha durado casi 4 años y echado por tierra un mito que -en base a su extensión- podría ser considerado como el mayor fraude arqueológico de todos los tiempos. Aquellos hombres rechonchos y cabezones que surcaban los cielos del Mesozoico a lomos de ágiles reptiles voladores son sólo el producto de la desbordante imaginación del doctor Cabrera y de las hábiles manos de los artesanos de la zona. Las piedras grabadas que circulan hoy por todo el mundo –algunos hablan de hasta 50000- son de factura moderna, de fácil elaboración y presentan la inconfundible marca de las herramientas empleadas por los autores.

Fue a mediados de los años setenta cuando salio a la luz la noticia: mioles de piedras grabadas habian sido descubiertas en las proximidades de la ciudad de peruana de ica, a unos 300 km al sur de Lima.

Contenían el legado de una supuesta civilización extinguida, de una raza de hombres de la época en que los grandes saurios poblaban la tierra. A través de los dibujos tallados en las piedras, se podía deducir que tales seres habían logrado un nivel de civilización muy alto: viajes interplanetarios, transplantes de cerebro, investigación genética… Una catástrofe planetaria acabaría finalmente con sus logros, no sin que antes plasmaran su saber en las piedras. Asi vista era, sin duda, una de las noticias arqueológicas más sugerentes de todos los tiempos, pero la realidad era bien distinta y, de hecho, el escepticismo de los arqueólogos no hacia sinó alentar nuestras sospechas. Nos decidimos a investigar a fondo el caso y, para ello, viajamos en diversas ocasiones a Perú.

El Gran FarsanteICA2

Un médico de la localidad, el doctor Javier Cabrera Darquea, se convirtió en el principal coleccionista de esas piedras, a las que bautizó con el nombre de gliptolitos. Con el tiempo se transformaría, además, en el principal defensor de su autenticidad. Hoy por hoy el fenómeno de las piedras de Ica se encuentra indisolublemente asociado a este personaje, que acabó finalmente abandonando el ejercicio de la medicina para dedicar todo su tiempo a la dirección de su museo, situado en la planta baja de su nombre mansión familiar, en la Plaza de Armas de Ica.  Pero Cabrera es algo mas que un simple coleccionista, es un filósofo que se vale de las piedras para expresar sus propios pensamientos. En efecto, no faltan en Ica quienes afirman haber visto al doctor entregar en mano a algunos campesinos del lugar los dibujos que éstos le devolverían grabados en los cantos. Tampoco faltan los testimonios de esos mismos campesinos. Basilio Uchuya, por ejemplo, firmó un documento en 1975 donde declaraba ser el autor de las piedras del Dr. Cabrera. Años más tarde, en 1981, este mismo artesano mostró al periodista Alex Chionetti algunos de esos dibujos que el Dr. Cabrera le había proporcionado como modelo para sus encargos.

Basilio negaría posteriormente todos estos hechos, aduciendo que en aquel entonces se vio obligado a dar esa versión para evitar ir a la cárcel, acusado de realizar excavaciones ilegales. Sin embargo, hoy vende abiertamente estos “recuerdos” en su propio domicilio familiar, situado en el caserio de Ocucaje. ¡Y las vende como auténticas!. Lo hace porque tiene a su cargo 15 bocas que mantener. Solo que ahora, nadie, ningún arqueólogo, ni mucho menos la policía, toma en cuenta sus palabras. Porque saben que Basilio miente: fabrica y vende sus propias piedras para poder subsistir.

Quien no miente es su vecina Irma Gutierrez de Aparcana. Tambien ella tallo desde el principio piedras por encargo de Cabrera. Cuando fuimos a visitarla, durante uno de los multiples viajes que realizamos a Perú, nos contó la misma versión que habíamos escuchado de los habitantes de ica: “Al principio fue el propio Cabrera quien nos daba los dibujos para que se los grabásemos en piedras. Pero después, cuando vió que yo decía la verdad a la gente, dejó de darme trabajo y empezó a decir que yo estaba loca. A partir de entonces sólo encargó trabajos a Basilio”.

Irmá nos convenció desde el primer momento. Bastaba con ver las condiciones en que vivia para darnos cuenta de que nada ganaba con mentir. Afirmar que las piedras eran falsas no podía reportarle más que perjuicios. Y sin embargo ella insistía en que contaba la verdad. Pero, entonces ¿Cómo se podían fabricar tantas piedras? ¿bastaba un puñado de campesinos para grabar los miles de gliptolitos que circulan por el mundo?ICA5

El secreto está en la piedra

Un año antes, en 1992, ya había tenido ocasión de plantearme esa misma pregunta en el despacho del propio Dr. Cabrera. Rodeado de estantes repletos de piedras grabadas, observé que sólo unas pocas, las de gran tamaño, eran verdaderas obras de arte. El resto, las otras decenas de miles –según cálculos del propio doctor- no eran más que pequeñas piedras con toscos dibujos que cualquier niño podría realizar en pocos minutos. Eso, naturalmente, si disponía de las herramientas adecuadas. Por ello le pregunté si estaba seguro de la autenticidad de todas las piedras. Ofendido, el doctor tomó una de ellas que reposaba sobre su cabeza y, ante mi sorpresa, la estrello contra el suelo de su despacho: -¿Ves? ¡Ni un rasguño! –me increpó.

En efecto, la piedra estaba intacta. No así el suelo, sonde se apreciaba claramente la huella del impacto. –Bueno –continuó Cabrera-, pues esta piedra es ¡falsa!. Si hubiera sido auténtica habría saltado en mil pedazos.

Nos contó que grabar cualquier cosa sobre una piedras normal es un trabajo ímprobo que requiere días de trabajo. La “humanidad gliptolítica”, según él, desarrolló un método para ablandar la superficie y hacer así mas fácil su trabajo. Bastaba con comprobar, por tanto, la duraza del gliptolíto para saber si era genuino o falso.

El material que componía las piedras grabadas era por tanto, distinto al de las normales. Pero entonces ¿Cómo se las arreglaba Irma para fabricar los suyos? –Es que hay dos tipos de piedras –nos explicó-, la mayoría son duras y no sirven para trabajarlas. Pero luego hay otras que son blandas y se las trabaja bien. Su respuesta nos desconcertó: ¿dos tipos de piedras? ¿podía ser tan simple como eso? ¿Dónde estaban esas piedras fáciles de trabajar? – A la salida del pueblo, muy cerca de aquí – contestó Irma-.

Le rogamos que nos enseñara el sitio y a tal efecto pusimos a su disposición nuestra furgoneta de alquiler. En un par de minutos llegamos a los pies de una pequeña colina a la orilla del río. Con una simple estaca Irma comenzó a cavar. -Cada vez cuesta más encontrarlas –protestó-. Las blandas y las duras se encuentran mezcladas, y tanto Basilio como yo llevamos muchos años viniendo a esa sitio a sacarlas.ICA1

Una tras otra, varias piedras de diferente tamaño fueron saliendo del hoy, que Irma iba desechando. Los rayos de luz solar parecían irse por momentos y proto tuvimos que resignarnos a regresar. Cuando lo habiamos dado todo por perdido, Irma nos mostró triunfante un par de pequeñas piedras entre sus manos. De algún lado sacó un trocito de sierra ya ante nuestros ojos comenzó a grabar un pequeño dinosaurio. Al cabo de dos o tres minutos nos entregó terminada su obra.

Para nosotros aquella piedra grabada representaba un tesoro. La coartada de Cabrera había sido desmontada: había piedras faciles de grabar. Fabricar miles de ellas era casi tan sencillo como dibujarlas sobre papel. Pero aquello no era todavía un gliptolíto terminado. ¿Cómo conseguían darle aquella increíble apariencia de antigüedad?

En busca de la prueba

Esta última pregunta no me dejó dormir bien en las siguientes noches. Otros asuntos me habían obligado a alejarme de Ica, y en pocos días debería regresar a España. ¿Era posible realmente “fabricar” un gliptolíto hasta darle la apariencia de los que tenía Cabrera en su museo? Dias después tome una decisión: emplearía mi ultimo día en de viaje en regresar a Ocucaje, y pediría a Irma que fabricara una piedra para mi. Tuvimos que salir de Lima antes del amanecer para recorrer de nuevo los mas de 300 km que separan Ica de la capital, tomar la carretera que conduce al poblado de Ocucaje, permanecer un par de horas con  Irma y regresar esa misma tarde antes que anocheciera. Pero valió la pena. Accedió a fabricar la piedra para Año Cero.

Regresamos a la colina donde habíamos estado dias atrás, pero esta vez subimos hasta la cima. – El otro día no había tiempo de llegar hasta arriba, por eso costó tanto encontrar las piedras. Aquí es mucho mas fácil –dijo Irma.

Con todo y a pesar de la ayuda de uno de sus hijos provisto de una pala, hubo que cavar varios minutos hasta encontrar las piedras. La explicación de Irma nos sorprendió: -Todos los escombros que ves allí abajo los hemos ido echando Basilio y yo en todos estos años. De aquí han salido gran parte de las miles de piedras que hay en el museo de Cabrera y de las que se han vendido en Ica.

Mire hacia abajo y vi, en efecto, lo que parecían montones de tierra que yo había supuesto producidos por la erosión. Si los datos de Irma eran ciertos, aquel podría ser el famoso yacimiento  de donde habían salido las piedras de Cabrera. Solo que ninguna de ellas había sido encontrada ya grabada. Mientras mi mente divagaba en todos estos pensamientos, Irma y su hijo habían encontrado la materia prima del fraude.

Regresamos a la vivienda de Irma y allí seguimos, paso por paso, la fabricación de un giptolito. Una imagen vale más que mil palabras, asi que decidí fotografiar el proceso paso por paso.

El resultado fue el esperado : un gliptolito virtualmente idéntico a los de Cabrera. Estaba claro que era posible falsificar un gran número de ellos en poco tiempo. Pero ¿se hacían asi los demás gliptolítos que podían encontrarse en algunos rincones de Ica?

 Para averiguarlo llevamos varios de ellos –de distinta procedencia. A España. Entre las diversas personas que examinaron las muestras fue José Antonio Lamich, fundador del Grupo Hipergea, el que nos dio la pista más importante. En su informe, este arqueólogo nos hizo notar la presencia de varios gránulos de papel de lija en las grietas de una de las piedras. Estaba claro que  ¡era falsa!

Las huellas del crimenica

Pero Lamich tuvo que hacer frente a un problema añadido. Los campesinos recubren habitualmente  la mayoría de ejemplares para hacerlos mas atractivos para los compradores. Ello hace más difícil su análisis.  Era preciso conseguir nuevas muestras. Por fortuna, al año siguiente obtendríamos un soberbio ejemplar de manos de Basilio representando una de las famosas “naves voladoras”. A diferencia de los precedentes, este estaba sin embetunar. Por supuesto, Basilio me aseguró que era auténtico. Lo introduje en la bolsa  y no lo toqué hasta regresar a Madrid. Una vez en mi domicilio lo coloqué sobre la mesa de mi escritorio y me dispuese a examinarlo con todo cuidado. Mi sorpresa no pudo ser mayor, Allí, junto al surco de las patas de aquella “nave voladora”, se encontraban varias lineas del lapiz rojo que Basilio había olvidado borrar. Irma, por tanto, no había mentido: el proceso era básicamente el mismo. Solo que Basilio –más sofisticado que su vecina- prefería usar lápices de colores debido a que destacaban mucho más sobre la piedra.

Pero en nuestra visita al domicilio de Basilio encontramos algo más. Con la ayuda de un pequeño pretexto, conseguimos que nos mostrase las herramientas que empleaban para su trabajo. Una de ellas era una sierra prácticamente igual a la de Irma. La otra, en cambio, era otra sierra mucho mas gruesa que había sido cuidadosamente preparada. Tenía dos pequeños salientes en los extremos. Con un habil movimiento giratorio de muñeca nos mostraron para que servía: – Esta la usamos para hacer las partes redondas, como los ojos  o los circuitos que sirven de adorno. Con la otra no sale bien.

Estaba claro que nos hallábamos ante unos verdaderos profesionales. Con estos antecedentes, procedí a examinar otras piezas de mi colección. Y así, efectivamente, en una de ellas –de artesano desconocido, pero mucho más trabajada aun que la de Basilio- encontre la misma evidencia:  su autor había “saltado” sobre la linea que servía de guía, dejando un visible trazo azul claro en medio del surco ¿Por qué nadie había encontrado estas huellas hasta ahora?

La evidencia definitiva

Necesitaba contrastar mis descubrimientos. Pedí ayuda a mi amigo Joaquín Mititieri, presidente de la asociación Amigos de los Gliptolitos de Ica, quien me permitió examinar las piedras de su colección. También allí aparecieron restos de pintura, en esta caso de color amarillo y verde. El círculo comenzaba  a cerrarse. Pero Joaquín guardaba algo muy especial, una piedra distinta a todas las demás conocidas. No había sido comprada, ni tampoco la había recibido como regalo. Esta piedra excepcional había sido desenterrada en 1993, en una expedición organizada por Basilio Uchuya y en presencia del propio Joaquin, Ninguna otra piedra podía considerarse por tanto  más auténtica. Ni siquiera Cabrera cuenta en su colección con un ejemplar de estas características. Si aquella piedra conservaba aun restos de pintura, significaría que todo era un montaje. Procedí pues a examinarla con al máximo cuidado. Pero no fue preciso buscar demasiado, tal y como muestran las microfotografías realizadas, quedaban todavía varios rastros de pintura azul. La piedra, también en este caso, era falsa.

Pero ¿y el contenido de las piedras? ¿de donde sacaron la inspiración para su trabajo? Uno de los ejemplos más evidentes nos lo proporcionó otra excepcional pieza de la colección de Joaquín, la llamada Piedra del Pescador. Este bello ejemplar representa a un ser humano que sostiene entre sus brazos y piernas unas redes donde se hallan atrapados varios peces. He de reconocer que el simbolismo de ese ejemplar nos cautivó a todos desde el primer momento. ¿Podría un simple campesino inventar un motivo como ese? La explicación la encontramos al año siguiente en las dependencias del Museo Regional de Ica. Allí, en una vitrina, se exhibía una cerámica nazca que representaba exactamente el mismo tema. –No les extrañe –nos aclaró el encargado del Museo-, porque aquí vienen con frecuencia muchos artesanos a tomar notas para fabricar luego sus obras.ICA3

Y ciertamente, ese parece ser el origen de la gran mayoría de los dibujos que aparecen en las piedras. La famosa “nave voladora” que tanto gusta a los turistas no es sino un plagio descarado de los dibujos de pájaros y felinos que adornan algunas cerámicas nazcas. Cualquier fuente puede servir de inspiración. En la pared de la casa de Basilio cuelga un calendario de 1975 que representa varias figuras mitológicas de la cultura Mochica.

Cabrera conserva en su museo algunas piedras donde aparecen los mismos hombres-cangrejo del calendario. Pero Basilio ha sabido sacarle mas provecho. En la actualidad, casi todos los “hombres gliptolíticos” procedentes de sus manos lucen unas inútiles rodilleras tomadas del atuendo de esos guerreros mochicas. Sin embargo, ninguna de esas rodilleras aparece en las pieras mas antiguas que encontramos en el museo del doctor Cabrera y que fueron grabadas antes de la publicación de ese calendario. Curioso ¿no?

El secreto peor guardado

Pero puestos a buscar curiosidades, no podemos dejar de hablar de lo que se conoce popularmente como “el cuarto secreto”. En esta pequeña dependencia del museo, Cabrera oculta de la vista de los “no iniciados” varias piezas que rompen todos los esquemas de la lógica. En una de ellas se ve la escena de la crucifixión de un Cristo “gliptolítico”, cuyas manos se hayan clavadas justo en el centro de la palma, tal y como aparecen en la iconografía tradicional desde hace siglos. Hoy se sabe que los romanos introducían sus clavos entre los huesos de la muñeca para evitar que el peso del cuerpo desgarrara los tejidos. El artesano que lo grabó parecía no saberlo. Cabrera tampoco.

La otra pieza importante es una representación  de la Santa Cena –con hombres gliptolíticos incluidos- donde tanto la figura de Cristo como la de los apóstoles, e incluso la forma de las ventanas del fondo son una copia exacta de la obra del inmortal Leonardo da Vinci. Pocas personas han sido autorizadas a ver, y ninguna a fotografiar tan anacrónico gliptolito, que para Cabrera es una muestra indiscutible de la capacidad precognitiva de esa antigua y sabia raza. Sin embargo, para Basilio –verdadero autor de esas piedras- no representa ningún esfuerzo especial: simplemente se limito a compier el cuadro de la Santa Cena que adorna una pared del comedor de sus casa.

Así podríamos seguir hablando, una por una, de las 50.000 piedras que algunos calculan que hay en el mundo. Pero ¿hay alguna auténtica? Ciertamente si. Se conocen al menos un pequeño número de piedras desenterradas por arqueólogos como Alejandro Pezzia o Santiago Agurto, asociadas siempre a tumbas prehispánicas. Sin embargo, en ninguna de ellas aparece ningun dinosaurio u “hombre gliptolítico”.  Cabrera por su `parte nunca ha aceptado un estudio profundo de sus piedras. En nuestro ultimo viaje le mostramos el informe realizado por Jose Antonio Lamich, y le pedimos prestada una de sus piedras para poder demostrar que existían, al menos, algunas piedras auténticas. No solo se negó a facilitárnosla, sino que ni siquiera nos permitió ver el famoso informe de la Universidad de Bonn que siempre menciona como única prueba de la autenticidad de los gliptolitos. Es mas, basándose  en las fotografías que acompañan el informe de Lamich declaro que era imposible que esas piedras fueran falsas, pues eran idénticas a las de su  museo. El que en su elaboración se hubiera empleado papel de lija no pareció inquietarle demasiado. “Sabía” que era auténtica y eso le bastaba.

Vistas así las cosas sólo robando una de sus piedras hubiera sido posible realizar un análisis definitivo. Y aun así, siempre hubiera podido aducir que “esa” piedra en especial era falsa, pero que el resto no. Naturalmente no quisimos recurrir a ese extremo. Pero otras personas si lo han hecho antes. Entre ellas dos geólogos de la universidad de Tucumán (Argentina) quienes, enfrentados a la misma situación, decidieron finalmente “tomar prestada” una de las piedras de Cabrera para analizarla en su facultad. El resultado fue concluyente: los grabados habían sido realizados con instrumentos modernos. Las piedras, en definitiva, eran falsas.

Con todo, es imposible certificar la falsedad de cada una de las piedras que hay en el mundo. Algunas fuentes apuntan incluso la existencia de un pequeño yacimiento original de donde habría salido el modelo para los miles de piedras restantes. No podemos negar tal posibilidad. Lo que esta claro es que si exceptuamos los intangibles informes citados por Cabrera todos los demás análisis realizados hasta la fecha en el mundo han dado resultados negativos. No obstante, si se demuestra que exite una sola piedra antigua que contenga el dibujo de un “hombre gliptolítico” junto a un dinosaurio, seré el primero en disculparme ante el Dr. Cabrera y en reconocer mi error.

Si efectivamente Cabrera posee esa piedra, tiene la obligación moral de mostrarla ahora al mundo y permitir su análisis. Si no lo hace, habrá reconocido tácitamente que tal piedra no existe y que todo es una patraña urdida por él. En sus manos esta el dar ese paso ¿Aceptará Cabrera el reto?

Vicente Paris

Displaying 5 Comments
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  1. coalserco dice:

    Que los humanos hayan convivido con los dinosaurios está más que demostrado. Otra cosa es el ocultismo de pruebas por parte de evolucionistas que derrumban su teoría.
    El Movimiento 666, encargado de agrupar sectas y promover el proselitismo en las filas de seguidores de Satanás tiene muchos brazos que lo alimentan (negocios de sexo y pornografía, drogas, tráfico de cualquier cosa ilegal, todo tipo de violencia, creación de pandillas, crimen organizado, robos, fraudes, videncia, creación de mitos como extraterrestres, apariciones, etc. Todo ello bajo dirección de un Papa Negro mundial, actualmente desmantelado por la policía. Estas piedras son uno más de sus fraudes. Todo es una conspiración mundial que alimentan con falsas profecías. Pretenden con ello abrir camino a Satanás para que reine en la Tierra.

  2. Coalserco dice:

    Les dejo un enlace que prueba la co-existencia entre humanos y dinosaurios y denuncia los esfuerzos evolucionistas para mantener el fraude de sus teorías.

    http://bibliafamilia.blogspot.com.es/2014/01/6000-anos-es-la-edad-real-del-planeta.html

  3. Frank dice:

    Que ciego estas…humanos y dinosaurios nunca convivieron

  4. AL SUJETO VICENTE PARIS: ¿ MAS DE 60,000 PIEDRAS GRABADAS CON EXACTITUD PROBABLEMENTE COMPUTARIZADA ? FALSAS ?? PODRIA EL MENSIONADO SUJETO GRABAR SIQUIERA 1,000 DE ESAS PIEDRAS OHHH…
    QUE IGNORANCIA LA DE DICHO SUJETO. PERO HACE DAÑO A LA CULTURA HUMANA TANTA IGNORANCIA ….. LO SIENTO DEBEMOS LEER MAS .. INVESTIGAR MAS.. ANTES DE HACER CRITICAS TAN ABSURDAS.. CONCLUSION : LAS PIEDRAS PUEDEN SER VERDADERAS, SON VERDADERAS…. LO SIENTO.

  5. […] simplemente son charlatanes que viven del cuento), aquí os dejo un par de textos: aquí se aclara por qué son falsas estas piedras. Y aquí se reitera su falsedad, aportando más pruebas, dado que estos charlatanes (también […]

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