Published On: Vie, oct 19th, 2018

TABU: EL TESTIGO COMO OBJETO COMERCIAL

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Riiing, riiing… Suena el teléfono. Otra vez. En esta ocasión llaman de El Programa de Ana Rosa, o el de Susana Griso, o el de Iker Jiménez, o el de Toñi Moreno… o cualquier otro.

-Buenas tardes Señor Carballal… Le llamo de televisión… Estamos buscando algún testimonio de alguien que haya sido victima de una estafa esotérica… (o que haya pasado por una ECM, o que haya visto un OVNI, o que tenga poderes, etc, etc, etc)…
Yo respondo siempre lo mismo.
-Los casos más serios no tienen ningún interés en aparecer en televisión, no buscan fama ni publicidad, pero antes de facilitarles ningún contacto debo consultarlo…
El periodista siempre insiste. Algunos insisten mucho…
-Nosotros somos un programa serio… Si me das su teléfono puedo convencerlo… Puede haber una gratificación…
Este elemento del mundo del misterio es uno de los mayores tabús. A nadie le ha interesado jamás tratar este aspecto del contexto de las anomalías, fundamental para comprender como se construyen los mitos. A nadie salvo a Pedro P. Canto…
Desde el “Crónicas Marcianas” de Javier Sardá, al Mississippi de Pepe Navarro, pasando por la saga Maussan, Jiménez, etc. Para todos los programas de masas, en todos los países del mundo, los testimonios humanos son la pieza angular sobre la que se construye el producto comercial que ofrecen a sus audiencias.
Pero solo quienes estamos a pie de calle, sobre el terreno, encuestando cientos, miles de testimonios humanos, conocemos a los testigos, y obviamente nos hemos ganado su respeto y confianza. Por eso, en la agenda de todo buen periodista generalista figuran los teléfonos de numerosos investigadores, a los que acuden cuando los responsables de sus programas les piden testimonios para tal o cual pieza radiofónica o televisiva. Creo que todos hemos recibido un millón de veces este tipo de llamadas.
En ocasiones el testigo (no importa que sea de un caso OVNI, paranormal, una ECM, etc) acepta entrar en el juego. Y a veces resulta tan elocuente, fascinante, atractivo o buen comunicador, que su participación no se limita a un solo programa, sino que comienza una interminable gira por platos, estudios y cadenas, que normalmente después se proyecta a congresos internacionales, medios de otros países, ofertas editoriales, etc.En el ámbito del pseudoescepticismo ocurre exactamente lo mismo.
En esos grandes casos mediáticos, que quedan inmortalizados para la eternidad en las hemerotecas y bibliografia especializada, como “los grandes casos del misterio”, se mueve mucho dinero. A veces una cantidad indecente de dinero.No me refiero solo a los emolumentos que pueda percibir (o no) el testigo, y que suele ser quien se lleva la menor parte del pastel. Obviamente el “investigador”, que pasa a actuar como agente comercial, también se lleva una buena tajada. Aunque, obviamente, quienes realmente se benefician de ese mercado de testimonios, son los responsables de los programas, los organizadores de los congresos internacionales, las grandes editoriales, etc.  Hablamos de millones de euros o dólares.
En mayo de 2016 la filtración de una filmación obtenida con cámara oculta, en la que Daniel Muñoz, -miembro del equipo de Jaime Maussan- habla sin tapujos sobre la rentabilidad comercial del caso Jonnathan Reed sacudió a la comunidad ufológica internacional. Es un ejemplo demoledor…

 

Evidentemente, que alguien gane dinero, fama o protagonismo, con su relato sobre una experiencia extraordinaria no garantiza que dicho relato sea un fraude, ni auténtico. Sin embargo es un aspecto que debería ser tenido en cuenta a la hora de valorar los elementos que se van añadiendo al caso con el paso de los años, y que son detectados fácilmente al elaborar la cronología: Roswell, Bélmez, Gulf Breeze,Vallecas, Jonathan Reed Castaneda, Amityville,  Sixto Paz, Pascagoula… Amaury Rivera.Por supuesto, en un sistema capitalista y en toda sociedad de consumo, ganar dinero es lícito. Pero ¿que parte de esos casos célebres es real (si alguna lo es) y cuando se convirtieron en un objeto comercial? ¿Cual fue la responsabilidad de los investigadores y los divulgadores a la hora de convertirlos en objeto de consumo?  ¿Podemos basar nuestras hipótesis, teorías o reflexiones sobre el mundo paranormal en casos que podrían estar contaminados por el móvil económico desde su origen?Basta imaginar a alguien de un estrato social humilde que, tras asegurar haber vivido una experiencia extraordinaria, comienza a hacerse famoso… Viaja a otros países, se aloja en buenos hoteles, se convierte en una celebridad en su barrio, ciudad o país, y comienza a recibir una justa (o no) cantidad de dinero, cada vez mayor, por compartir su experiencia (real o no). ¿Podría esa circunstancia condicionar su testimonio y enriquecerlo (u originarlo)?

La “actuación” de Sixto Paz, sometiéndose al polígrafo, en el programa de TV español “La máquina de la verdad”, es otro ejemplo demoledor.

 

Lo mismo podría decirse de periodistas mediocres (o no), creyentes o detractores de lo paranormal, que jamás destacaron en su profesión, pero que reafirmado un mito paranormal, o atacándolo irracionalmente, se convierten en celebridades. Escriben libros, viajan a congresos internacionales, o se ganan su propio programa de televisión…

¿Podría todo ello condicionar sus valoraciones? ¿Convertirse en el móvil de una estafa? O por el contrario, basta con hablar de temas paranormales para ser ajeno a toda tentación de corrupción, por mucho dinero que entre en la cuenta bancaria…

La experiencia sugiere que el “efecto D´arbó-Gámez-Alés”, la justificación progresiva del engaño basada en el supuesto de que “si todos mienten, porque yo no”, es uno de los mayores cánceres del estudio de las anomalías.

 

Pedro P. Canto acaba de publicar “El caso Amaury Rivera: una historia de intoxicación OVNI, la implicación de los investigadores y la falsificación de pruebas” (El Ojo Crítico, 2018), donde por primera vez se trata, de forma profundamente dolorosa, esa conspiración secreta, ese gran tabú del mundo de las anomalías, que es la conversión de una supuesta experiencia extraordinaria, en un producto comercial de masas en el que todos ganan su parte del pastel.

Y en el que todos: grandes medios, periodistas especializados, investigadores, congresos internacionales y testigo, forman parte de un juego de vanidades en que la fama y el dinero, terminan por solapar hasta ocultarlo totalmente, lo que debería ser el estudio objetivo y científico de un supuesto fenómeno anómalo.

Serena, ecuánime e imparcial, aunque no exenta de cierto dolor, la crónica de Pedro P. Canto nos obliga a evaluar los intereses que se ocultan tras la divulgación del misterio.

Consciente de este aspecto ignorado del mundo de las anomalías, por haberla sufrido en sus carnes hasta el punto de haberle empujado a abandonar el mundo del misterio hace 30 años, Pedro P. Canto ha renunciado a toda gratificación económica por este libro (e incluso a pagar la impresión del mismo). Los editores, maquetadores, montadores, y demás implicados en la confección del libro también renunciaron a percibir toda gratificación económica. Hasta la distribuidora se ha sumado, en esta caso absolutamente anómalo, a recibir toda remuneración.

Por lo que el 100% de los beneficios obtenidos por la venta del mismo están destinadas a una ONG designada por el autor. Tanto Canto, como sus editores, suponen que esta era la única forma de ser coherentes con la denuncia que expresa este trabajo en concreto.

Desgraciadamente, es maquiavélica conspiración entre casuística, investigación y divulgación,  que Pedro P. Canto denuncia en “El caso Amaury Rivera” podría aplicarse a cientos de “grandes casos” de la historia del misterio… Y solo la cronología detallada de como ocurrieron los hechos, y como los percibimos los consumidores, desvela finalmente el misterio.

Manuel Carballal

 

“El Caso Amauri Rivera” ya está disponible en: www.secretshop.es

 

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