Published On: Dom, abr 7th, 2019

¿QUE SIGNIFICA SER UFOLOGO EN EL SIGLO XXI?

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Publicado en EOC nº 88

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Ahora es todo mucho más sencillo.

 Siempre hay una base de datos, un email fugaz, un sms, un wass, o una “webcam por menos de 10 euros” para aprovechar y echar unas risas, mil amigos en Facebook, trescientos corazones instantáneos a mi tweet en menos de 10 minutos, la elusiva red negra “Tor”…

 Me decía hace poco un buen amigo, “estos ‘milenials’ no saben lo que tienen. Nunca han comido un bocata de mortadela esperando el tren en Atocha, desparramando las fotocopias del último “Flying Saucer Review” por el suelo, atesorando aquel “carrete y medio que me queda para la cámara” como si de oro se tratara, y contando las seiscientas pesetas que te podías gastar en Barcelona, confiando que allí un buen alma caritativa te invitara a comer, otra a cenar y, con suerte, alguien tuviera un sofá donde hacer noche”.

 Era otro mundo, otra ilusión, otro planteamiento. No había nada sencillo. Todo iba a golpe de teléfono, de fotocopia y de cinta-casete. Los codiciados carretes eran carísimos y no te podías permitir el “otra foto, por si acaso”. Y no digamos el coste del revelado de los dichosos carretes. Los libros de segunda mano no eran caros, y toda ciudad tenía su mercado o rastrillo donde hacerte con ellos. ¡Pero como los querías todos, era un sin vivir!

 Las impresoras –el que tenía la suerte de tener una- eran caras y tremendamente ruidosas; Ay de ti, si se te ocurría imprimir una carta a altas horas de la madrugada. Los que más teníamos que contar, huíamos de redactar cartas entre nosotros, y nos grabábamos cintas de k7 kilométricas donde hablábamos de todo y nada. Pero hablábamos, hablábamos, hablábamos…??????????????????????

 Conocer a una primera figura del fenómeno era un privilegio, y caerle bien y vivir relativamente cerca de él, era motivo para que el resto de nosotros muriéramos de envidia, porque desde su posición decana, estaba al tanto y en contacto con la alcurnia del misterio internacional. Y eso era el no va más. Poder bucear entre sus papeles, aquellas cartas enviadas por Aimé Michel, Jacques Vallee, Hynek… ¡Y poder presumir después de ello! Era una gozada.

 Las primera generaciones de investigadores UFOlógicos, sufrimos contratiempos tecnológicos que jamás podrán repetirse y que, por mucho que intentemos explicar, nuestras carencias resultan tan arcaicas que es incomprensible comprender qué motivaba, qué empujaba a unos imberbes –la tercera generación en este caso- que blandían, cual estandarte, su ilusión y su interés en una serie de incomprensibles sucesos que asomaban como tímidas anécdotas, en los anales de la historia de la humanidad, desafiándolo, desestabilizando su sensación de seguridad.

 Que la necesidad agudiza el ingenio, no ha sido nunca tan cierto como con la tercera generación de investigadores OVNI, cuyos miembros apenas superábamos la mayoría de edad cuando despertaba nuestra inquietud por estos temas.

 Nuestra querencia ante aquellos datos, aquellas fotocopias, aquel legado de nuestros mayores. Nuestro afán por buscar respuestas… o la carencia de las mismas. Todo desafío era aceptado con la convicción de que iba a suponer un detrimento a nuestra economía, a nuestra salud o a nuestras relaciones sociales y familiares.

 Todo cuanto hacíamos tenía un precio emocional, y aun cuando soñábamos con descubrir aquella clave que nos llevara por fin al desenlace óptimo, la evidencia final más allá de toda duda, sabíamos que lo más probable es que volviéramos cansados, enfermos y pobres… Pero también felices por haberlo hecho.

 Como decía, ahora es todo mucho más sencillo.

 La red inunda nuestra pantalla con un inasumible volumen de datos. Con el devenir de un fenómeno que ha evolucionado al tiempo que evoluciona la tecnología. Hoy podemos acceder a un histórico del fenómeno como jamás hubiéramos imaginado en décadas anteriores, y es el momento de aprovecharse de toda esa experiencia para comenzar a entender el fenómeno. El análisis debe primar en el proceder de todo aquel que intuya que hay algo que no acabamos de perfilar.

 Gracias a la red y a nuestra actual preparación tecnológica, debemos ser capaces de abordar el fenómeno desde una perspectiva heterodoxa, ajena a credos y sensacionalismos. Porque las evidencias están ahí. No es necesario recurrir a elucubraciones fantásticas para descubrir que existen aspectos en ese vasto compendio de información, que se escapan a nuestra comprensión. Excepciones inasumibles que siguen rasgando la regla, mal que pese a quienes aún opinan que el fenómeno OVNI es “una de esas tantas cosas raras que pasan”.

 Hoy disponemos de los medios y la tecnología necesarios para abordar su estudio desde un prisma tan privilegiado como inaudito. Bases de datos, estadísticas, desclasificaciones militares, informes y estudios médicos… Incluso podemos tener aplicaciones en nuestro móvil que nos ayudarán a profundizar y/o descartar causas probables de un avistamiento. Herramientas que nos ayudarán a ser un referente en el análisis del fenómeno y, lo más importante, a ser un UFÓlogo más preparado y consciente de la realidad que nos rodea.

 Pero cuidado. Si bien las nuevas tecnologías son un regalo inapreciable, son un arma de doble filo de la que saben aprovecharse perfectamente los cínicos, pues cualquier postura hoy en día, por descabellada e improbable que sea, encontrará tantos partidarios como detractores en la red. Debemos estar preparados para ello, pues “aquí jugamos todos y, desafortunadamente, es parte del juego”.

 El que más casos OVNI guarda en su memoria, independientemente de su genuinidad, busca solo dejar al crédulo con la boca abierta. El buen UFÓlogo es el que consigue dejar al escéptico con la boca cerrada. De ti depende quién quieras ser.

Pedro P. Canto*

 

*Pedro P. Canto es autor, entre otros, de “El caso Amaury Rivera: una historia de intoxicación OVNI, la implicación de los investigadores y la falsificación de pruebas”. (El Ojo Crítico, 2018). Todavía puedes conseguir un ejemplar en www.secretshop.es

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