Published On: Dom, may 13th, 2018

MIS VIVENCIAS EN EL CENTRO DE ESTUDIOS INTERPLANETARIOS: Memorias de Vicente Pérez Baeza (Directivo del C.E.I.) 3

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Publicado en EOC nº 85/86

image2 - copiaCorría el año 1984, cuando deseosos de avanzar más en el mundo de la investigación de los Ovnis, Joaquín Bonilla Barranco y yo nos dirigimos una tarde al Centro de Estudios Interplanetarios.

 Ambos formábamos parte del C.E.V.E. (Centro de Estudios de la Vida Extraterrestre), junto con nuestros amigos José Francisco Caro García, Francisco Javier Samarra Riera y Juan Manuel Martín Pina, este último, antiguo alumno mío.

 Nuestro grupo se había gestado cuando en Octubre de 1979 Francisco Javier y yo visitamos a Antonio Ribera en su casa de la población barcelonesa de Sant Feliu de Codines. A lo largo de cinco años nos dedicamos en primer lugar a recopilar casuística de las tierras catalanas. Posteriormente seleccionamos algunos casos que nos parecieron muy interesantes (caso Tivissa, caso Sant Martí de Tous y casos en los alrededores de la montaña de Montserrat) y procedimos a su investigación detallada. Para ello nos desplazábamos a las zonas mencionadas, y además de entrevistar a los testigos, muchas noches pernoctábamos en tiendas de campaña que montábamos en zonas solitarias, alejadas de las luces y los núcleos de población, y desde las que observábamos durante la noche el firmamento, situando a veces sobre el terreno aparatos de medición en continuo, los cuales recogíamos a posteriori. También consultábamos la bibliografía (libros y artículos) más relevante acerca del fenómeno. Además, manteníamos relaciones con grupos y personas implicados en el mismo. En nuestras reuniones, que solían celebrarse una vez por semana, exponíamos los resultados de nuestras investigaciones, los discutíamos y fijábamos nuestros próximos objetivos. En este período, además, llevamos a cabo la realización de nuestro audiovisual sobre “La Vida en el Cosmos”; posteriormente lo proyectaríamos en diversos lugares, tales como el Departamento de Ciencias de la Tierra y el Cosmos de la Universidad de Barcelona, el I Simposio Nacional de Ufología patrocinado por la Revista Karma-7 en 1988 (1), o en el interesante foro que representaba el Pub Abraxas de Barcelona (2).

 Nos encontrábamos pues en el año 1984, ya bastante introducidos en estas investigaciones y decidimos darles entonces un enfoque más científico. Nosotros sabíamos que en Barcelona, concretamente en la calle Balmes 86, entresuelo 2ª, se hallaba un magnífico archivo de casos Ovni, perteneciente al Centro de Estudios Interplanetarios, entidad fundada en 1958 por Antonio Ribera, Eduardo Buelta, Mario Lleget y Antonio Pelegrí. Este archivo, uno de los mejores y más completos del mundo, nos era imprescindible para establecer nuestro proyecto investigador, puesto que cada caso era un conjunto de observaciones o variables, y analizando dicho conjunto imaginábamos poder extraer algunas conclusiones generales que a la larga nos permitiesen elaborar alguna ley para caracterizar el fenómeno Ovni.

 En este artículo voy a narrar nuestras vivencias desde que llegamos al C.E.I. en 1984, hasta que abandonamos el mismo en 1993.

 La llegadacei 2

La primera tarde que fuimos al Centro de Estudios Interplanetarios nos recibió el Sr. Francisco Melis, que tendría entonces unos 55 años. Melis era vicepresidente y nos entrevistamos con él en un pequeño despacho que daba a la calle Balmes. La decoración consistía en unas vitrinas llenas de maquetas militares de barcos de la Armada y aviones del Ejército del Aire. Todos los modelos a escala eran modernos.

 A lo largo de una hora mantuvimos una cordial conversación con Melis, el cual dijo actuar en nombre del presidente de la entidad, Pedro Redón Trabal, que se encontraba ausente. Le expusimos nuestra intención de hacernos socios del C.E.I. y los motivos de nuestra decisión, rellenando una  ficha de solicitud. Melis nos hizo una pequeña explicación de la trayectoria de la entidad, acabada la cual nos aclaró  que en aquellos momentos el centro ya no tenía nada que ver con su momento de máxima expansión, acaecido en la época en la que se publicaba su revista STENDEK (3), entre los años 1970 y 1981. “La antigua Red Nacional de Corresponsales murió por agotamiento y se convirtió en la base de los Consultores de Stendek” (4). Melis nos insistió en que la realidad de 1984 era un C.E.I. a la baja, que ya tenía muchos menos socios y a cuyas reuniones acudían poquísimos. Tanto nos insistió en ello, que nos dio la impresión de que no querían incorporar socios nuevos. A pesar de ello, insistimos y al final nos concertó  una fecha posterior para ser recibidos por Redón, al cual conocimos pasados unos días.

 Fue un lunes, el 5 de marzo de 1984. Encontramos a un Redón cordial, pero desconfiado, que  posteriormente nos confesaría que aquella actitud venía motivada por haberse desengañado repetidamente con bastante gente que llegaba a la entidad para obtener algún privilegio, sin aportar nada a la misma. Contaba yo entonces con 31 años y Pedro tenía 43. Cuando, posteriormente, llegamos a intimar, me explicó que estaba trabajando muy duro para consolidarse como periodista especializado en temas militares, motivo por el cual, era frecuente que se embarcase en navíos de la Armada Española o volase en aviones o helicópteros de nuestras Fuerzas Aéreas. Aquellas bonitas fotos de su despacho, así lo atestiguaban.cei 5

 Pedro Redón estaba casado con Carmen Tamayo, una madrileña muy inteligente y sumamente agradable, que visitaba el C.E.I. a últimas horas de la tarde para recoger a su marido. Se habían conocido cuando Carmen frecuentaba el CEI Madrid, probablemente antes de su refundación en el verano-otoño de 1971, y tuvieron un hijo, Pere, aproximadamente de la edad de mi hija mayor, Violeta Isabel, la cual entonces tenía dos años. Cuando trabamos amistad, Redón, que a veces tenía un humor de mil demonios, llegó a explicarme que había cargado con la enorme tarea de editar y enviar la famosa revista STENDEK, estandarte de la época dorada del C.E.I. Para ello, además de redactar algunos artículos, y coordinar la dirección del resto, había tenido que maquetar la revista (todo un modelo de bien hacer en su época), y enviarla a unos 1200 socios, con la mayoría de los cuales tenía establecida una correspondencia, que le ocupaba muchas horas al día.

 Mención aparte merece la impresión de STENDEK. Pedro me explicó, que en un momento dado, estableció una colaboración con su suegro, dueño de una imprenta, y entre ambos se dedicaron a la monumental tarea de imprimir la revista. Teniendo en cuenta que los métodos empleados en la imprenta, en los años 70, eran artesanales, que los números de la revista venían a salir cada tres meses y que cada uno rondaba las 40 páginas, podemos hacernos una idea del enorme trabajo de Pedro Redón. No obstante, el entonces presidente del C.E.I. nunca se quejó en mi presencia de haber desempeñado tal esfuerzo en el pasado. Lo que sí le dolía, y mucho, fue que las relaciones con su suegro habían ido deteriorándose y él contrajo fuertes deudas con aquella imprenta. Estos y otros graves problemas de índole  familiar que se le plantearían poco tiempo después,  no mermaron su gran capacidad de trabajo, aunque probablemente fueran disminuyendo su entusiasmo por el tema Ovni.

 Además, profesionalmente, aquella etapa no le había aportado nada, a excepción del mérito reconocido por la comunidad ufológica. He aquí, cómo a sus 43 años, y cotizando como autónomo, Redón intentaba situarse en la vida profesional. A mi modo de ver, esta es una de las claves que influiría a posteriori en el futuro del C.E.I. Prueba de ello fue la fundación de una entidad paralela al Centro de Estudios Interplanetarios, el llamado C.E.A.N. (Centro de Estudios Aero Navales), que desarrolló su actividad en aquel mismo local, de la calle Balmes 86, alternando sus reuniones con las del C.E.I. Aquel foro de temas militares, tenía dos cabezas visibles: el propio Pedro Redón y su amigo Lluís Marí. Los socios se reunían una tarde cada semana y tenían acalorados debates sobre la tecnología militar puntera en aquella época, muchas veces ilustrados con proyecciones de interesantes diapositivas y películas. Pronto se hizo socio un buen amigo mío, José Mons Vila, el cual me comentaba las sesiones y las interesantes visitas que se efectuaban a barcos e instalaciones del Ejército Español.cei 6

 Así pues, desde ese momento, dado que el futuro profesional de Redón dependía de aquellos temas, el alma del C.E.I. quedó dividida en dos, de tal manera que el fenómeno Ovni fue ocupando cada vez un espacio menor -y al final de mi estancia en la entidad, ya era casi testimonial-  en tanto que los temas militares, fueron imponiéndose, junto a los arqueológicos – que llevaba Lluís Marí-  hasta tal punto, que llegó a arrendarse parte del local del C.E.I. a Marí, para poder pagar el alquiler mensual.

 Primeras actividades y el archivo

Poco tiempo después de conocernos, en una nueva visita a la sede del C.E.I., le pedimos a Redón que nos mostrase la joya de la corona, el famoso archivo de la entidad. Le costó decidirse, pues nos conocía poco aún, más al final tomó unas llaves, que tenía siempre bien custodiadas, y abrió el famoso cuarto. Allí dentro, perfectamente alineados en estanterías situadas en las paredes, había gran cantidad de archivadores, la mayoría de ellos ordenados por años. Otros archivadores recogían los casos del C.A.T.I.B. (Catálogo de Aterrizajes Ibéricos), con los que pronto tuve la oportunidad de trabajar, poniéndolos al día y coordinando esta puesta a punto con el siempre amable José Ruesga Montiel, de Sevilla, uno de los mejores investigadores españoles del fenómeno Ovni. Algunos archivadores tenían curiosos epígrafes, entre los cuales me llamó poderosamente la atención uno con la siguiente inscripción: “Dementes”. Me apercibí que allí se encontraban, junto a casos poco fiables, las noticias que hacían referencia a Luís José Grifol. Pregunté a Redón y a Joan Plana Crivillén si habían investigado el caso “in situ,”, es decir, acudiendo algún día 11 a la montaña de Montserrat. Me respondieron que no hacía falta. Que ellos no perdían el tiempo.

 No estuve de acuerdo, rebatiéndoles dicha actitud. Por cierto, yo mismo tuve alguna experiencia relevante en Montserrat. La más importante, en compañía de Luís José Grifol.cei 4

 También debo citar la sorpresa que supuso para mí enterarme por boca de Redón de que el voluminoso dossier que hacía referencia al famoso caso “Tivissa”, había sido robado del archivo del C.E.I. Los miembros del C.E.V.E. nos encontrábamos en 1984 efectuando investigaciones sobre el terreno en aquella localidad tarraconense. Cuando tuvimos acceso al dossier, archivado en el C.E.I., Redón nos explicó que era una “reconstrucción” del original. Constaba de una cuarentena de folios, mayormente correspondencia cruzada entre Julio Roca Muntañola y Vicente Juan

 Ballester Olmos. No obstante, faltaba una gran cantidad de documentación. El asunto del robo era de lo más misterioso. Redón nos comentó que sólo lo había podido hacer alguno de los miembros del C.E.I. que  en aquella época tenía una llave del archivo.

 Para explicarnos su funcionamiento, Redón cogió uno de los archivadores, y, abriéndolo, nos mostró que cada recorte de prensa, o cada investigación realizada por miembros del C.E.I.  se hallaba encuadernada en unas cartulinas blancas con el membrete de la entidad. Los cuestionarios oficiales del C.E.I. que allí se encontraban archivados, habían sido redactados por los investigadores, muchas veces a pie de campo. A continuación, Pedro Redón nos enseñó otra serie de archivadores donde se hallaba recogida la correspondencia de la entidad.

 Mirando desde la puerta de entrada de aquel cuarto-archivo, a la izquierda se encontraba una salita de menores dimensiones, la cual ejercía las funciones de biblioteca. Aquí Redón nos mostró dos centenas de libros; obras relacionadas con el fenómeno Ovni, desde los clásicos sobre el tema hasta auténticas rarezas. También se encontraba allí el archivo de revistas y boletines sobre los no identificados. En su época dorada (años 70), el C.E.I. intercambió su revista STENDEK con las principales publicaciones ufológicas mundiales; allí estaban, entre otras, las colecciones de OURANOS (Valence, Francia); el boletín del APRO, de los esposos Lorenzen (Arizona, USA); el del NICAP, del mayor Keyhoe (Washington, USA); PHÉNOMÈNES SPATIAUX , del  GEPA (Paris, Francia); la FLYING SAUCER REVIEW. (F.S.R.) (Londres, Reino Unido); el boletín de la SBEDV (Brasil); UFO CHILE (Santiago de Chile); LUMIÈRES DANS LA NUIT (Le Chambon-sur-Lignon, Francia) y otros muchos.

 Destacaré, por encima de todo, que en un corcho del cuarto del archivo, donde se claveteaban con chinchetas las notas urgentes, había una pequeña foto de un jovencísimo Pedro Redón. Para mí era la clave de todo: el alma del archivo. Si algo quiero destacar en este artículo es la profunda dedicación de Redón, durante su juventud, a crear uno de los fondos documentales más importantes en el mundo de la ufología, dedicación que precisamente iría menguando, a partir de sus 43 años, -momento en el que yo ingresé en el C.E.I.- a raíz de los ya mencionados problemas económicos y familiares por los que atravesaba el presidente de dicha entidad. Aquel cuarto lleno de archivadores era la evidencia de una vida dedicada a la paciente tarea de la recopilación de información ufológica. Vaya pues mi admiración por esta obra magna, la cual, quizás, no ha sido lo suficientemente reconocida, a pesar del premio concedido por la publicación Cuadernos de Ufología (5).cei 3

 Ufólogos con personalidad propia

Llegado aquí, creo que es el momento de exponer la versión que me hizo llegar José María Casas Huguet (26-7-1929, 9-10-2015) quien presidió el C.E.I. entre 1972 y 1978, sobre sus relaciones con Redón.

 En la sección Los Confidenciales de EL OJO CRÍTICO, perteneciente al número 78 de nuestra publicación, y bajo el titular “El C.E.I. contra Ballester Olmos”, se da la referencia de un programa radiofónico, “Dimensión Límite” (6), en el cual nuestro compañero David Cuevas va proponiendo, en una entrevista muy bien realizada, una serie de preguntas a Pedro Redón, el cual las va respondiendo y proporcionando multitud de detalles. Uno de los más curiosos se da en el minuto 17 de dicha entrevista, cuando, al referirse Redón a Casas Huguet, en el inicio de sus relaciones para refundar el C.E.I. allá por 1968, comenta: “Yo no lo conocía de nada; para mí era un total desconocido”, aunque en el minuto siguiente afirma que: “Es curioso, pues las familias de ambos procedíamos del mismo pueblo, El Bruch, al pie de la montaña de Montserrat”. Pues bien, resulta que mantuve una entrevista personal con José María Casas Huguet  en el año 2013, en la cual le pedí que me hiciese una somera historia del C.E.I., y en ella me explicó lo siguiente (no es una cita textual, pero me ajusto al máximo a sus palabras) : “ En aquella época yo era el alcalde del Bruch y había allí un chico que no era muy espabilado, pero ponía interés, y como no tenía un medio de vida, yo lo tomé como mi secretario en dicho ayuntamiento, y después vino conmigo a Barcelona”. He aquí entonces -según esta declaración- y, si la damos por cierta, ya que Casas estaba muy entrado en años y a veces no recordaba con precisión, que no habría sido casual la coincidencia de Redón y Huguet en el C.E.I. Asimismo, en los minutos 89 y 90 de dicha entrevista radiofónica, Redón refiriéndose a que si todos los esfuerzos y las horas que invirtió en Centro de Estudios Interplanetarios los hubiese dedicado a algo más productivo, ahora todo sería diferente, manifiesta: “Quizá en este momento estaría en otra situación personal”. Me parece intuir que Redón tal vez pasa apuros económicos en la actualidad. ¡Ojalá me equivoque!cei 7

 Continuando con mi historia personal como miembro del C.E.I., debo aclarar que en aquel centro las decisiones se tomaban con mucha lentitud. Desde nuestra llegada en la primavera de 1984, Joaquín Bonilla y yo habíamos venido asistiendo a las reuniones que se celebraban por la tarde en la entidad, pero no fue hasta el  28 de Octubre de 1985 cuando Pedro Redón en una Reunión Ordinaria de la Junta Directiva, propuso la renovación de la misma. Aquel día se produjeron las bajas de Alberto Adell (que había fallecido, habiendo sido un notable estudioso del tema Ovni, dejando publicado el famoso Manual del Ufólogo (7), (escuela de muchos jóvenes investigadores), de Diego Fuentes, de Josep Llaó, de Josep María Orta, de Eva Aula y de Vicente Juan Ballester Olmos. En el caso del ufólogo valenciano,  muchos años antes del proceso de desclasificación en el que intervendrían Rocamora y Bastida y que según la entrevista radiofónica a Pedro Redón antes citada (8), la expulsión de Ballester del C.E.I. ya había empezado a gestarse mucho antes. Aquí, pues, podemos constatar la fecha exacta en la que abandonó la Junta Directiva, el 28 de Octubre de 1985.  Según Redón: “Ballester utilizaba el paraguas del C.E.I. para tomar iniciativas como la de la desclasificación, y contactar con personas, sin nuestra autorización. Además de utilizarte, luego te dejaba tirado. Y eso lo ha hecho personalmente conmigo.” Podemos entender el desasosiego de Redón, deseoso de abrirse paso entre las altas instancias del Ejército Español para dar expansión a su profesión de periodista militar, al comprobar que Ballester lo comprometía en nombre del C.E.I. con investigaciones ufológicas. En la misma entrevista Redón declaraba: “Ballester se desvinculó (del C.E.I.) de una manera lenta pero drástica”.

 Aquel día se propusieron las incorporaciones inmediatas de Antonio Gudel (investigador que se había especializado en los casos relacionados con los haces de “luz sólida”), Joan Plana (sobre quien me extenderé luego) y Vicente Pérez (quien suscribe este artículo y que posteriormente desempeñó el cargo de Secretario general del C.E.I.).

 También se propusieron otras incorporaciones: la de Josep Miquel Clarasó y la de Florita Blanch Renóm (quien a partir de entonces sería uno de los miembros más activos de la entidad).

 Las conferencias y charlas del C.E.I.cei 3 (2)

Por aquel entonces eran los lunes los días de mayor actividad social en el C.E.I. Nos reuníamos generalmente a partir de las cinco de la tarde, y, posteriormente, sobre las siete acudían más miembros y se procedía a impartir alguna charla sobre temas preferentemente ufológicos o astronómicos, la cual había sido previamente anunciada por correo postal a todos los socios. Excepcionalmente, algunas de estas convocatorias se anunciaban en la prensa barcelonesa. Algunas de estas conferencias corrían a cargo de antiguos socios, como era el caso de Antonio Ribera, quien además ostentaba la presidencia honorífica de la entidad. Se le invitaba en un par de ocasiones al año.

 Sus charlas, siempre cultas, y perfectamente documentadas versaban sobre los temas tratados en sus últimas obras escritas. Recuerdo con agrado las que pronunció bajo los siguientes títulos: “Las máquinas del cosmos”, “Secuestrados por extraterrestres” y “Nuevas aportaciones al problema de las abducciones”. También nos impartió la conferencia que había pronunciado en 1979 ante el UFO Study Group de la Cámara de los Lores de Inglaterra. Ribera era siempre un conferenciante muy ameno y cuando él venía, se llenaba la sala por completo. Era como un “padre” para algunos de nosotros. Redón opinaba que era un maestro en la narrativa de la casuística Ovni. No obstante, me explicó que aunque entonces las relaciones con Antonio eran buenas y cordiales, no había sido siempre así, ya que hubo un período en el cual Ribera decidió utilizar la documentación existente en el archivo del C.E.I. para escribir sus libros, y Redón se opuso a ello, lo cual generó cierta tensión entre ambos.

 Generalmente, las conferencias corrían a cargo de invitados de prestigio, como fue la impartida por el entonces  controlador de vuelo del Aeropuerto del Prat (Barcelona),  Sr Antonio Toscano, quien nos habló de casos insólitos acaecidos en las pistas de dicho aeropuerto, como la presencia de esferas verdes que se deslizaban algunas noches ante los ojos asombrados de los controladores de pistas. Posteriormente nos invitaría a visitar la torre de control, donde al explicarnos el funcionamiento de las pantallas de radar, nos mostró el panel desde donde un militar operaba bajo las siglas C.A.M.O. (Control Aéreo del Mando Operativo), en coordinación con los E.V.A. (Escuadrones de Vigilancia Aérea), el más cercano de los cuales era el de Rosas (provincia de Gerona).

 En otras ocasiones los conferenciantes éramos los socios. Así, por ejemplo, una de las charlas mejores fue la impartida por Carlos Berché, quien en 1987 se hallaba interno en el departamento de Psiquiatría del Hospital Clínico de Barcelona, habiéndose integrado en 1986 como socio del C.E.I. Este joven médico, entonces recién licenciado, era una de las mentes más brillantes que allí conocí, además de hacer gala siempre de un fino humor británico. Llegamos a entablar una buena amistad y me ayudó incluso en el terreno personal. Su disertación “Ummo: una paranoia compartida” impartida el 15 de Abril de 1988, marcó un antes y un después en la visión que algunos teníamos sobre este célebre tema ufológico. Con gran habilidad situó a José Luís Jordán Peña en el centro de un entramado fraudulento. Otro personaje capital por su conducta obsesiva respecto a Ummo era, según Berché, Rafael Farriols Calvo (9).image1 - copia

 También la conferencia del biólogo y administrativo Jesús Alvero revistió un gran interés. Trató sobre el Origen de la Vida y la Evolución. Jesús Alvero y yo llegamos a ser buenos amigos. Nos conocíamos desde 1980, pues habíamos coincidido en el programa de radio Rubí (provincia de Barcelona) “La Otra Realidad”, conducido por Sonia Rubio y Miguel Seguí. En aquel entonces Jesús trabajaba en una oficina de la entidad bancaria “La Caixa” de Barcelona. Pero pronto inició estudios de ciencias biológicas, materia en la que llegó a licenciarse en la Universidad de la ciudad condal. También se había especializado en hipnosis, lo cual aprovechamos para que le efectuase una regresiva a mi compañero Joaquín Bonilla, a raíz de un incidente ufológico muy curioso que nos aconteció a ambos en el desvío hacia Pratdip, población tarraconense. Jesús formó asimismo parte del grupo ufológico U-3. Dicho grupo publicó un interesante artículo sobre el asunto Ummo, en la extinta publicación Mundo Desconocido, cuyo director fue el malogrado Andreas Faber Kaiser (10).

 En muy contadas ocasiones venía por el C.E.I. el investigador Vicente-Juan Ballester Olmos. Lo hizo por ejemplo para la presentación de su libro  “Enciclopedia de los encuentros cercanos con Ovnis”, en 1987 (11). Nos reunimos una tarde, en petit comité, Ballester, Redón, Juan Plana, Joaquín Bonilla y yo. Vicente-Juan nos exponía los logros conseguidos en la obra citada y escrita conjuntamente con el Ingeniero Técnico Agrícola Juan Antonio Fernández Peris. No voy a negar aquí el valor de la misma. Pero sí voy a revelar un hecho desconocido para mucha gente. Al final de su libro, Ballester exponía un catálogo de informes de aterrizajes Ovni negativos en la Península Ibérica, mediante un índice informatizado, conocido por las siglas NELIB. Al preguntarle Joaquín Bonilla  acerca de cuál era el sistema operativo empleado, Vicente-Juan nos sorprendió confesándonos que él no tenía ni idea y que las aplicaciones informáticas de la obra se las había hecho un amigo. También recuerdo nítidamente que cuando venía Ballester Olmos al C.E.I., Redón se ponía especialmente nervioso.

 Sería prolijo dar cuenta de los conferenciantes que impartieron charlas en el C.E.I., durante los años que yo pasé en dicha entidad, por ello voy a terminar citando a un investigador fundamental: Ignacio Cabria. Cuando conocí a Ignacio en el C.E.I., me dio la impresión de ser una persona muy afable y capaz. Se encontraba como diplomático en Maputo (Mozambique) y pasaba poco tiempo en España. Su charla versó sobre “El Mito de la venida de los Extraterrestres”. Ignacio defendía, pues, el origen mitológico del fenómeno Ovni. Nunca lo puso en duda.

 Durante el período 1984-1993, salvo por contadas excepciones, la actividad del C.E.I. fue bastante escasa. En la pequeña tertulia de los lunes por la tarde solíamos reunirnos Pedro Redón, Carmen Tamayo, Carlos Berché, Jesús Alvero, Joan Plana y un maestro a punto de jubilarse -del cual no recuerdo nombre ni apellidos- pero que era una bellísima persona, muy educado, aunque bastante callado. También acudían -esporádicamente- algunos miembros históricos, tales como Joan Crexell y Albert Manent, ambos pertenecientes a la élite de los escritores cultos catalanes y muy amigos de Pedro Redón. A los anteriormente citados, nos añadíamos Joaquín Bonilla y yo. También durante los primeros años acudía Antonio Gudel. En los años finales de los 80, eran asíduos Florita Blanch e Ignacio Cabria. Poco tiempo después de mi llegada a la entidad, desapareció Francesc Melis y algo después falleció también Miquel Soler, todo un caballero, directivo de la industria Bayer, al cual tuve el placer de tratar. Y un poco antes había desaparecido Alberto Adell, a quien no llegué a conocer, pero que fue relevante en el C.E.I.cei 1

 Cuando acabó su trabajo en la embajada española en Maputo, Ignacio, regresó a Barcelona y se puso a trabajar en la delegación de Hacienda de la Plaza Letamendi ( Dicha plaza se encontraba muy cerca del local del C.E.I. Por ello gozábamos muchas veces de la compañía de Ignacio. A mi modo de ver, Cabria hubiese sido entonces el presidente ideal para el C.E.I. Tal y como antes he explicado, Pedro Redón estaba volcado en su trabajo de reportero militar y desencantado del tema Ovni. Una tarde me llegó a confesar que “se debería tirar todo el contenido del archivo. No hay ni un sólo caso que merezca la pena”. Sorprendido, le repliqué si al menos no salvaría su caso predilecto, que era el acaecido el 29 de Diciembre de 1976 en el Polvorín de Talavera La Real (12). Él siempre lo había defendido como un caso muy válido, pero ahora me decía que no le merecía confianza. Pedro se mostraba taciturno y cansado.

 Por el contrario, los días que venía Ignacio Cabria al C.E.I., nos contagiaba con su alegría y buen humor. Se llevaba bien con todos, era inteligente y conciliador, y aunque tenía una hipótesis bien definida sobre el fenómeno Ovni, gozaba de mayor juventud y predisposición que Pedro Redón para poner proyectos en marcha. Contaba además con la ventaja de viajar mucho a Cantabria y Santander, estrechando los lazos con el investigador del antiguo C.I.O.V.E., Julio Arcas Gilardi. A pesar de todo ello, Redón siguió al frente del barco que se iba hundiendo. Ignacio Cabria tuvo también el mérito de liderar y coordinar en nombre del C.E.I. y de la comisión surgida el 19 de Febrero de 1988 – presentación de Cuadernos de Ufología en Madrid- el Seminario Nacional de Ufología , los días 29 y 30 de Octubre de 1988, al cual tuve la oportunidad de asistir.

 Desencuentros y salida

Un hecho que siempre he recordado con desagrado fue el intercambio de opiniones que tuve con Redón con motivo de haber solicitado su ingreso en el C.E.I. dos jovencísimos investigadores, pero que ya prometían mucho: Javier Sierra – hoy en día, flamante Premio Planeta- y nuestro editor, Manuel Carballal. Habían solicitado ser miembros de la entidad, con exención de cuota, en su condición de estudiantes. Realmente eran muy jóvenes; Javier debía rondar los 17 años y Manuel algunos más. (Yo estaba sensibilizado, pues dada mi profesión – profesor de bachillerato- valoraba mucho el trabajo investigador de los jóvenes), así que le propuse a Redón, que les hiciese un carnet de socios estudiantes, para que pudiesen consultar nuestro archivo y visitar el centro a menudo. Redón dio la negativa por respuesta, e incluso llegó a decirme. “si quieres que sean socios, págales tú la cuota”. Se daba el caso que además de mi cuota, yo pagaba la de un alumno mío, de 16 años, huérfano de padre (13).

 Uno de los últimos intentos para lograr retener a los socios del C.E.I., fue la publicación del “Telex-Ovni. Boletín telegráfico del C.E.I.” Pedro Redón era muy consciente que desde la desaparición de la revista STENDEK en 1981, el número de socios había ido decreciendo, aunque lentamente. A mediados de los años 80 el descenso ya era notorio, y, por ello, además de las charlas y otras actividades, se decidió la edición del mencionado Boletín Telegráfico. Constaba de un número reducido de páginas, generalmente de una a cuatro, donde Joan Plana Crivillén resumía los principales casos Ovni del momento. Se enviaba junto a la convocatoria de las charlas habituales. Joan Plana era probablemente el investigador más activo de aquella época. Nos habíamos conocido previamente a mi ingreso en el C.E.I., pues Joan visitó mi casa en 1981. Estaba interesado por el fenómeno Ovni en Cataluña, habiendo realizado un catálogo detallado de los casos acaecidos en dicha comunidad autónoma. Me entrevistó a raíz de un avistamiento Ovni ocurrido en el Buque Oceanográfico “Coornide de Saavedra”, perteneciente a la Armada Española, a bordo del cual unos guardiamarinas avistaron un fenómeno insólito frente al delta del Ebro. Plana estaba especializado en la casuística relacionada con el ámbito militar, colaborando entonces con Vicente-Juan Ballester. Es justo reconocer que siempre fue honesto conmigo en el intercambio de información. Algo que nunca compartí fue su actitud de desprecio por ciertos casos o personas sin llevar a cabo una investigación a fondo de los mismos; así por ejemplo, en un informe sobre un caso Ovni investigado por Sonia Rubio y Miguel Seguí, había adjuntado el siguiente comentario: “Testigos muy poco fiables. Se dedican a investigar en Tivissa…”, como si por el hecho de investigar en aquella localidad, la investigación no pudiese ser rigurosa y el testigo digno de confianza. Como nota curiosa, citaré la actitud ambivalente que Pedro Redón mantenía entonces respecto a Joan Plana. Por un lado, confiaba en él, y le encargó la redacción del Telex-Ovni. Pero por otra parte, en su ausencia, hablaba mal de él, comentando que cómo podía ser que un individuo de treinta años, tuviese tanto tiempo libre y que no comprendía cómo podía pasar todo el día sin hacer nada más que estar sentado en un puesto de periódicos, en Sabadell. Desde luego, estos comentarios de Redón eran muy desagradables. No siempre los hacía a espaldas del interesado. En algunas ocasiones nos espetaba directamente: “¿Cómo compráis y leéis esas porquerías?”, refiriéndose a la revista Karma-7, en la que por cierto, además de Joan Plana, publicaban entre otros Antonio Ribera o Vicente-Juan Ballester; los tres eran entonces colaboradores habituales de dicha publicación.

 En cuanto a mi final en el C.E.I., vino dado por desavenencias con Pedro Redón. Se mostraba cada vez más intranquilo. De hecho, al haber alquilado una parte del local al arqueólogo Lluís Marí, buen amigo suyo, los socios vimos muy restringido el acceso a varias zonas del mismo. Redón estaba entonces plenamente dedicado a sus actividades como periodista especializado en temas militares, y era lo único que le interesaba. Por ello programaba muchas conferencias del C.E.A.N., en la antigua sala de conferencias del C.E.I. Cuando planificábamos las actividades para 1993, Pedro nos planteó la posibilidad de anular las charlas del tema Ovni en el local, dado que -según él- teníamos arrendado gran parte del mismo a otros particulares. Yo no estuve en absoluto de acuerdo con él, pues los socios contribuíamos con una aportación económica, para mantener la entidad, que era elevada, y en algunos casos voluntarios, como el mío, era bastante mayor (14). Redón se enfadó definitivamente conmigo cuando le argumenté que no estaba dispuesto a pagarle con mi cuota del C.E.I. un magnífico despacho de periodista, en la céntrica calle Balmes de Barcelona. Se negó en rotundo a programar nuevas charlas. Entonces abandoné la entidad, junto a Juan Manuel Martín Pina, Joaquín Bonilla Barranco y José Mons Vila.

Vicente Pérez Baeza  

NOTAS

  1. Comunicación presentada al I SIMPOSIUM NACIONAL DE UFOLOGIA (Vida extraterrestre, Ovnis y contactados), bajo el título” La exobiología, la exploración espacial y el fenómeno Ovni”, en Barcelona; 11 y 12 de Junio de 1988. Autores :  Joaquín Bonilla, José Francisco Caro, Juan Moreno, Vicente Pérez y Francisco Javier Samarra.
  1. PÉREZ BAEZA, Vicente: El “pub” Abraxas en la historia de la ufología catalana. En  EL OJO CRÍTICO nº82. Noviembre de 2016 : págs  38-39.
  2. STENDEK. Servicio Informativo C.E.I. Director : Pere Redón. Dep. Legal : B-21.354/72  Barcelona.
  3. Entrevista del grupo CICO Argentina a Pedro Redón, Joan Plana y Vicente Pérez. C.E.I. 8-1-1990.
  4. Fundación Anomalía. Santander. Premio Cuadernos de Ufología 1998. Pedro Redón Trabal: Presidente del C.E.I.
  5. Dimensión Límite Files -08- Ballester Olmos y su expulsión del C.E.I.(con Pere Redón). www.ivoox.com/dl-files-08-investigacion-ovni-espana-de-audios-mp3_rf_4516589_1.html.
  6. Manual del Ufólogo. Alberto Adell Sabatés. Editorial 7 y ½ S.A. Barcelona, 1979
  7. Dimensión Límite Files -08- Fuente antes citada en (6)
  8. Un caso perfecto, de Antonio Ribera i Jordá y Rafael Farriols Calvo. Editorial Pomaire (1969) y Plaza & Janés. Barcelona.  1975
  9. Las mentiras de Ummo.  Grupo U-3.  Barcelona. En :  MUNDO DESCONOCIDO nº 64 , 1981.Barcelona. Páginas : 56 a 73.
  10. Enciclopedia de los encuentros cercanos con Ovnis. Autores : Vicente-Juan Ballester Olmos y Juan A.    Fernández Peris. Editorial Plaza y Janés.  Barcelona, 1987.
  1.  Un Ovni aterriza en el interior del recinto de un polvorín.   Por Antonio Rodríguez  Santamaría y Pedro Redón Trabal. STENDEK nº 41, Barcelona, Septiembre de  1980. Págs.: 1-10.
  2.  Se trataba de Juan  Manuel Martín Pina, cuya cuota mensual en el año 1989 era de 500 pesetas.
  1.  Ante las dificultades económicas que atravesaba el C.E.I., Redón y algunos socios decidimos elevarnos voluntariamente la cuota mensual a 1000 pesetas.

Agradezco profundamente a mi buen amigo José Juan Montejo Aguilera su paciencia para revisar este escrito, por hacer varias puntualizaciones imprescindibles para dotar de rigurosidad al mismo y su entusiasmo generoso para que la historia de nuestra Ufología salga a la luz.

 

Fe de erratas: Mi artículo sobre Roca Muntañola, publicado en EOC nº 83/84 comenzaba “Julio Roca falleció en 1980”, cuando debería decir: “Julio Roca falleció el 19 de agosto de 1980”.

 

 

 

 

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