Published On: Dom, may 13th, 2018

LA TEORIA DE LA TIERRA PLANA: CLAVES PARA COMPRENDER LA CONSPIRACIÓN DE MODA

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Publicado en EOC nº 85/86

main-qimg-1157bc2cd00fcca21e2df3457bc39025-c«¿Cómo he fallado tanto a estos chicos que piensan que la Tierra es plana sólo porque un jugador de baloncesto lo dice?». Nick Gurol, una profesora del colegio Wissahickon Charter de Filadelfia (Pensilvania), comentó esto durante unas jornadas sobre métodos científicos avanzados que se estaban realizando en la Universidad de Pensilvania, conmocionada como estaba por lo que le habían comentado sus alumnos y frustrada porque, pese a que había intentado hacerles ver lo absurdo que es negar la esfericidad de la Tierra, no había servido de nada. Sus alumnos díscolos preferían creer a un jugador de baloncesto. «Ellos piensan que yo soy parte de esta gran conspiración por ser un round-Earther», concluyó.[1]

 El baloncestista del que hablaba es un tal Kyrie Irving, de los Cleveland Cavaliers. Este señor, en febrero de 2017, realizó unas sorprendentes declaraciones en un podcast llamado Road Trippin with RJ & Channing, dirigido por dos de sus compañeros de equipo, Richard Jefferson y Channing Frye.[2] La discusión giraba en torno a la existencia de los extraterrestres, pero en mitad de la distendida charla Irving afirmó que la Tierra era plana en repetidas ocasiones, argumentándolo del siguiente modo: «Por lo que he conocido durante muchos años, y lo que me han enseñado, la Tierra es redonda, pero si realmente piensas en ello observando un paisaje de una carretera por la que viajamos, y la forma en que nos movemos, el asunto cambia. ¿Realmente piensas en nosotros girando alrededor del sol, y todos los planetas alineados, girando en fechas específicas, siendo perpendiculares con lo que está pasando con estos planetas y cosas así?».[3] Sus declaraciones se hicieron virales y los terraplanistas, encantados, le concedieron autoridad. Tenían el apoyo de alguien «importante», aunque posteriormente reculó.1

 Además, otros baloncestistas secundaron sus opiniones. «No sé, no he investigado lo suficiente, pero podría ser plana. ¿Quién dice que las imágenes que vemos son reales. Yo puedo hacer una foto panorámica con el IPhone y hacer que parezca esférica, así que no sé. No digo que sea redonda o que sea plana, solo que todo podría ser»; dijo Draymon Green, de los Golden State Warriors de Oakland (California).[4] Incluso el famoso Shaquille O’Neal, uno de los más grandes jugadores de la NBA, le apoyó,  además, de una forma contundente: «Es verdad, la Tierra es plana. La Tierra es plana. Sí, lo es. Escucha, hay tres maneras de manipular la mente: lo que lees, lo que ves y lo que oyes. En la escuela, lo primero que nos enseñan es: “Oh, Colón descubrió América”, pero cuando llegó allí, había algunas personas de piel clara y pelo largo fumando en pipas de la paz. ¿Entonces, qué te dice eso? Colón no descubrió América. Así que, escucha, yo conduzco de costa a costa, esta mierda es plana para mí. Solo digo eso. Conduzco de Florida a California todo el tiempo y es plano para mí. No subo y bajo en un ángulo de 360º, y todas esas cosas sobre la gravedad. ¿Has mirado fuera de Atlanta últimamente y has visto todos esos edificios? ¿Quieres decirme que China está bajo nosotros? No. El mundo es plano».[5] También reculó.

 Parece mentira, ¿verdad? De hecho, si no fuese porque es verdad, podríamos pensar que hemos caído en una trampa por culpa de la maldita ley de Poe, según la cual, sin la clara indicación del autor, es prácticamente imposible discernir si una afirmación es una sincera expresión de extremismo o una parodia del extremismo.[6] Es decir, muchas de las afirmaciones extremas de los fundamentalistas religiosos ―como negar la evolución o defender el relato bíblico del Diluvio universal―, o de los conspiranoicos new age que campan a sus anchas por Internet, son indistinguibles de una parodia. Pero no, queridos lectores, esto de la Tierra plana no es una parodia.

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, sabiendo lo que sabemos, existan personas absolutamente convencidas de que de nuestro planeta no es esférico? Tengan en cuenta que para aceptar esto hay que negar prácticamente todo y creer en una gigantesca conspiración global en la que políticos y científicos se dan la mano para hacernos creer que la Tierra no es plana. Quizás esta moda se deba a la fascinación casi mística que producen las teorías de la conspiración en algunos ilusos. Pero también hay mucho de religión aquí. El terraplanismo actual es la última expresión de un movimiento marginal que surgió a mediados del siglo XIX en la Inglaterra victoriana como reacción ante el contundente avance de las ciencias. Sería, si me permiten la licencia, el mismo caldo de cultivo del que surgió el creacionismo bíblico estadounidense, ya que estas primeras propuestas partían de una misma convicción: Dios no miente ni se equivoca y la Biblia, por lo tanto, es fuente de verdad, digan lo que digan los científicos materialistas y los ateos.

 Nada nuevo14

Ahora bien, en ninguna parte de la Biblia se hace alusión a la forma de la Tierra, aunque existen algunos pasajes que permiten deducir que los judíos creían que era plana y que una enorme bóveda la cubría,[7] y que dentro de ella estaban el Sol y la Luna, luminarias creadas por Yahvé para alumbrar el día y la noche. Los chinos y los egipcios también pensaban que era plana y coincidían en describirla como una especie de plaza cuadrada cubierta por una bóveda sustentada por las montañas que había en el borde. Pero los griegos, en una fecha tan temprana como el siglo IV a. C., tenían claro que era una esfera ―antes hubo algunos, como Anaxímenes de Mileto, que creyeron que era un cilindro con una tapa plana circular―. Aristóteles, por ejemplo, se interesó en el tema y propuso tres evidencias incuestionables para demostrarlo: los barcos que marchan hacia el interior del mar desaparecen en el horizonte; los marineros que viajan hacia el sur ven estrellas en el horizonte meridional que no se ven en el norte; y los eclipses de Luna, solo explicables si la sombra de la Tierra en la Luna es curvada.

 Un par de siglos más tarde, Eratóstenes de Cirene (276-194 a.C.) calculó la circunferencia de nuestro planeta con un grado increíble de precisión ―39.614 kilómetros, menos de un 2% de error respecto a la medición actual, 40.008 km.―,[8] tras comprobar en el día del solsticio de verano que mientras que en Siene (actual Asuán, Egipto) el Sol estaba directamente sobre su cabeza, en Alejandría, al norte pero en el mismo meridiano, tenía una inclinación de 7º 12’ en el cenit, algo que solo podía pasar en una superficie curva.

Con la llegada del cristianismo se produjo una cierta inversión. Algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes o Clemente de Alejandría, continuaron defendiendo la forma esférica de la Tierra, pero otros, como Epifanio o Lactancio, negaron la evidencia, se convencieron de que era plana y consiguieron ir extendiendo esta opción entre la cristiandad. Unos siglos después, en el siglo VI, el monje y marinero alejandrino Cosmas Indicopleustes, en su influyente obra Topografía Cristiana, aseguró que la Tierra, según los textos bíblicos, era plana, tenía forma rectangular ―como el tabernáculo de los judíos― y estaba cubierta por una cúpula. Sorprendentemente, este libro se convirtió en una especie de versión oficial de la Iglesia durante siglos.

 Aun así, algunos de los grandes pensadores del medievo ―todos religiosos―, como Isidoro de Sevilla, el Venerable Beda, Tomás de Aquino o Roger Bacon, continuaron defendiendo la esfericidad. Y es que no es del todo cierta la extendida creencia de que hasta Cristóbal Colón se creía de forma mayoritaria que la Tierra era plana. Sí, el navegante genovés fue un visionario que defendió a capa y espada la esfericidad, pero otros muchos pensaban como él. La cuestión, más que la forma de nuestro planeta, era el tamaño. De hecho, Colón tenía razón al pensar que se podía llegar a las Indias desde el oeste, pero se equivocó en sus cálculos ―por culpa de Toscanelli y sus medidas de Asia, y por la errónea revisión que hizo Posidonio de las mediciones de Eratóstenes, aceptada por Ptolomeo, que daba una circunferencia algo menor (38.625 km.)―. La Tierra era más grande de lo que pensaba Colón, pero sí era esférica. Tuvo suerte y se encontró con América. O no…17

 Más tarde llegó Galileo, que también lo tenía claro. Antes de que la inquisición le obligase a retractarse de su temeraria afirmación de que la Tierra no era el centro el Universo, la evidencia de la redondez había llegado gracias a los primeros valientes que consiguieron dar la vuelta al mundo.

 Rowbotham

Desde entonces pocos negaron la realidad. Hasta que a mediados del siglo XIX apareció un tipo en Inglaterra, un tal Samuel Birley Rowbotham, que puso de moda su particular teoría de la Tierra plana ―tampoco mucho, no crean.

 Este señor, nacido en Manchester en 1816, mostró desde la juventud un gran interés por la Biblia y una profunda repulsión hacia los presuntuosos y descreídos científicos, que, paradójicamente, creían poder explicarlo todo. Por otro lado, abrazó las ideas socialistas de Robert Owen (1771-1858), uno de los pioneros del movimiento obrero en el Reino Unido, al que conoció cuando tenía diecinueve años, y decidió unirse a su movimiento utópico, ayudando a crear una comunidad socialista en Cambridshire, en la pantanosa región Las Fens (al este de Inglaterra). Por esta época comenzó a autoconvencerse de que todo lo que comentaban los científicos sobre la Tierra era mentira, sobre todo porque contradecía lo que planteaban las Escrituras, de las que, según pensaba, se podía deducir que la Tierra era realmente plana.

 No muy lejos de Cambridshire se encuentra el río Old Bedford, un canal artificial de drenaje, construido a comienzos del siglo XVII para liberar agua de las Fens y llevarla hasta el río Ouse, que tiene una peculiaridad: durante sus cerca de 38 kilómetros es prácticamente recto y plano, sin el más mínimo desnivel, de ahí que se le conozca como The Bedford Level («El nivel de Belford»). El lugar era perfecto para algo que Rowbotham decidió hacer en 1838: comprobar si la Tierra era plana.

 Aunque contó varias versiones de la historia, parece ser que realizó el primer experimento en una zona de seis millas del Old Belford (9,7 kilómetros) delimitada en cada uno de sus extremos por un puente ―el puente de Welney y el de Old Bedford―. En teoría, si la Tierra fuese curva, un barco en un extremo no sería visible para alguien situado en el otro extremo. La curvatura lo ocultaría. Y eso es lo que hizo: colocó un telescopio a 20 centímetros de altura sobre el agua y miró atentamente como un barco se alejaba por el canal. Lo curioso es que lo seguía viendo después de pasar esas seis millas. Por lo tanto, había conseguido demostrar que la Tierra era plana. «Jaque mate, científicos», debió pensar.15

 Rowbotham, convencido como estaba, decidió hacer que la comunidad utópica de Las Fens asumiese esta idea. No fue así y terminó siendo expulsado tras una agria disputa que casi acaba a tiros. Fue entonces cuando comenzó a dar conferencias de forma ambulante hablando sobre la Tierra Plana, y repetir sistemáticamente el experimento, en numerosas ocasiones con público. Además, encontró una confirmación a su teoría al conocer las experiencias que algunos marineros contaban sobre ciertos faros que se veían desde distancias mayores de lo que permitía la curvatura de la Tierra.

 Lo que no sabía es que existe algo llamado refracción atmosférica, un fenómeno, ya conocido en aquella época, que consiste en un cambio de dirección de los rayos de luz al atravesar la atmósfera. En determinadas circunstancias de temperatura (baja) y presión atmosférica (alta), la luz reflejada por los objetos se curva, lo que explica que se vean cosas que no deberían verse. No es nada extraordinario. Es lo mismo que pasa cuando un haz de luz atraviesa un vaso de agua. De hecho, se produce en cada ocaso, cuando el Sol se oculta por el horizonte: la refracción hace que se siga viendo aunque geométricamente esté fuera de nuestra línea de visión.

 Unos años más tarde, en 1849, Rowbotham publicó, usando el seudónimo Parallax, un folleto de 16 páginas que se tituló Zetetic Astronomy: A Description Of Several Experiments Which Prove That The Surface Of The Sea Is A Perfect Plane And That The Earth not a Globe («Astronomía Zetética: una descripción de los numerosos experimentos que demuestran que la superficie del mar es un plano perfecto y que la Tierra no es un globo»), en el que defendía a capa y espada una sorprendente y desconcertante cosmogonía a la que llamaba «Astronomía Zetética», evidenciada entre otras cosas por su experimento en el canal de Bedford.[9]

 Tuvo cierto éxito, especialmente por las zonas más rurales, donde las gentes estaban más predispuestas a aceptar propuestas tan atrevidas como estas ―recuerden que estamos en la Inglaterra de mediados del siglo XIX―. De todos modos, las crónicas locales se hicieron eco de alguna mala noche en la que tuvo que salir por la puerta de atrás cuando no pudo explicar por qué el casco de los barcos desaparece antes que las velas al alejarse en el mar… Eso sí, con el tiempo mejoró su retórica y su dominio de las falacias, y comenzó a salir airoso de las preguntas inquisidoras de los escépticos.[10] A mediados del siglo XIX el nombre de Parallax se había hecho bastante conocido. Cinco años, en 1854, Rowbotham inauguró en Londres la Zetetic Society, destinada a investigar y difundir sus propuestas.

 ¿En qué consistía esto de la Astronomía Zetética?

Aquello de Zetetic procedía del verbo griego zetetikos, que significa «buscar», y hacía referencia a su método de investigación: leer entre líneas las Sagradas Escrituras en busca de referencias a la auténtica cosmología, explicada por la divinidad a Moisés durante la redacción del Pentateuco, creía.

 Según la Astronomía Zetética, nuestro planeta tiene la forma de un disco plano. La clave, pensaba Rowbotham, estaba en estos versículos del Génesis: «Entonces dijo Dios: “Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco”. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno» (1, 9-10). Partiendo de la firme convicción de que el agua de los ríos y mares, cuando estaba inmóvil, era plana, dedujo que la tierra firme, que se asentaba según el texto bíblico sobre las «aguas inferiores», también lo era. Es decir, pensaba que bajo los continentes también había agua, «el Gran Abismo», bajo el que se encontraba el Infierno, una inmensa cavidad gobernada por el fuego, de donde procedía la lava que expulsaban los volcanes. Eso sí, aunque lo tenía claro, no se atrevía a proponer una profundidad determinada, del mismo modo que no se mojó nunca en la altura del Cielo.

9

 Por otro lado, afirmaba que en el centro del disco terrestre estaba lo que erróneamente llamamos Polo Norte, y que alrededor suyo estaban el resto de continentes, rodeados a su vez por los océanos. Y estos estaban limitados por un muro de hielo que cubría todo el exterior del disco terrestre. Por si fuera poco, aseguraba que el Sol, la Luna y las estrellas estaban a escasos cientos de millas sobre la superficie de la Tierra, más o menos a la distancia que va desde el centro, nuestro Polo Norte, hasta el Cabo de Buena Esperanza. Por lo tanto, todas estas luminarias celestes debían tener un tamaño mucho más pequeño del que se había pensado… La evidencia procedía, de nuevo, de la Escrituras: en este caso se hacía eco de la cronología de la Creación propuesta por Usher, que daba a la Tierra una antigüedad de unos 6.000 años. Esto impedía que fuesen ciertas las osadas afirmaciones de los científicos, que planteaban que las estrellas estaban a enormes distancias y que la luz que emitían tardaba miles de años en llegar hasta nosotros. Obviamente, como la creación no tiene más de seis mil años, la luz que vemos tiene que proceder de objetos mucho más cercanos.

 Además, negaba la rotación y la traslación de nuestro planeta, ya que, en su surrealista cosmología, era el Sol el que orbitaba en torno al centro del disco terrestre y siempre a una altura constante, es decir, en una órbita circular y concéntrica sobre la enorme planicie. ¿Pruebas? De nuevo la Biblia: «Y el sol se detuvo, y la luna se paró, hasta que la nación se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libro de Jaser? Y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse como por un día entero» (Josué 10, 13). La Luna, por lo tanto, también giraba en torno a la Tierra, aunque con un grado de inclinación distinto, y no tenía mares, ni continentes, ni atmósfera, como habían planteado algunos osados astrónomos. Al contrario, según Rowbotham, era semitransparente y tenía luz propia, como las estrellas y los planetas que, según él, eran simples luminarias creadas por Dios para darnos luz, unas de día y otras de noche.12

 Por lo tanto, según Rowbotham, la Tierra no se movía, sino que todas estas luminarias giraban a su alrededor. «E hizo Dios las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche; hizo también las estrellas. Y Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas» (Génesis 1, 16-18).

 Por cierto, renegaba de las posturas de los científicos de su tiempo que afirmaban que los planetas eran otros mundos en los que era posible que hubiese vida. Nada de eso se decía en las Escrituras, además, sería una contradicción evidente con la creación de Adán y Eva. ¿Es que acaso hubo otras creaciones? No. Los planetas eran simples luminarias y no hay más vida que en la Tierra, el único mundo material creado. Eso sí, por encima de todos estos astros, escondido de nuestra vista y de nuestros telescopios, estaba el Cielo.

 «Si hay una infinita pluralidad de mundos, millones y millones en una sucesión sin fin; si el universo está lleno de innumerables sistemas de soles ardientes y planetas rápidamente giratorios, mezclados con cometas y satélites giratorios, todo corriendo y barriendo por el espacio en direcciones y con velocidades que superan toda comprensión humana, y terrible incluso para contemplar, ¿dónde está el lugar de descanso y seguridad? ¿Dónde está el verdadero e Inmutable “Palacio de Dios”? ¿En qué dirección se encuentra el Cielo? ¿Dónde está el alma humana liberada para encontrar su hogar y su lugar de descanso, su refugio del cambio y el movimiento, de la incertidumbre y el peligro?» (Parallax 1881, 390).

 En definitiva, Rowbotham repudiaba por completo la astronomía moderna basada en la física newtoniana, que consideraba falsa, ilógica y perjudicial.

«Es una fuente prolífica de irreligión y de ateísmo, de la que sus defensores son prácticamente partidarios. Al defender un sistema que se opone directamente a lo que se enseña en relación con la religión judía y cristiana, los intelectuales más críticos y atrevidos llegan a cuestionar y ridiculizar la cosmogonía y la filosofía general contenida en los libros sagrados. Debido a que la teoría newtoniana se considera verdadera, se les lleva a rechazar las Escrituras por completo, a ignorar la adoración y a dudar y negar la existencia de un Creador y Gobernante Supremo del mundo.» (Parallax 1881, 354).

 Claro, había muchas lagunas en su teoría. Por ejemplo, si el Sol gira alrededor del supuesto disco terrestre en una órbita circular, ¿cómo se explican las estaciones? ¿Cómo explicar las fases de la Luna si la luz emana de ella y no es el simple reflejo de la luz del Sol? ¿Los eclipses de Luna? Nada, su contraargumento siempre era el mismo: no somos nadie para cuestionar la Creación. Dios la hizo así porque quiso. Y lo que consideramos incongruencias son simplemente misterios divinos. Sus motivos tendrá.

 Estas extravagantes propuestas, por extraño que pueda parecernos, gozaron de cierta popularidad, especialmente entre los cristianos más fundamentalistas, y Rowbotham continuó dando charlas por Inglaterra durante años, además de convertirse en coeditor de una revista editada por uno de sus seguidores, un tal Charles Brough, The Zetetic: A Monthly Journal of Cosmographical Science («The Zetetic: una publicación mensual de ciencia cosmográfica»), cuyo primer número vio la luz el 1 de julio de 1872.[11] Claro, también recibió críticas despiadadas por parte de los pocos científicos que le prestaron atención.[12]

 Ahora bien, todo parece indicar que la Astronomía Zetética era un plagio. Rowbotham estuvo inspirado por un panfleto anónimo publicado en 1819 que se titulaba The Anti-Newtonian: or, A True System of the Universe, with a Map of Explanation, Proving the Sun to Be a Moveable Body and Central Circling Equator of Equal Time, etc. («El Anti-Newtoniano: o, Un sistema verdadero del universo, con un mapa de la explicación, demostrando que el sol es un cuerpo móvil y un ecuador circundante central del tiempo igual, etc.»). El desconocido autor de esta obra aseguraba que la Tierra era un enorme llanura circular delimitada por una pared de hielo, con el polo norte en el sur, el polo sur a las 12, y el este y el oeste a las 3 y a las 9 (en el 6 había un polo desconocido). Rowbotham nunca lo mencionó, pero ya es casualidad…8

 Por otro lado, con el paso de los años, los intereses de este curioso personaje fueron cambiando. Por ejemplo, escribió un libro titulado The Life and Teachings of Jesus Christ, Zetetically Considered («La vida y las enseñanzas de Jesucristo, zeteticamente considerada»), que nunca llegó a publicarse. Además, comenzó a vender elixires de la eterna juventud, a base de fósforo libre, con el alias de Doctor Samuel Birley («Dr. Birley’s Syrup of Free Phosphorus»), que comercializaban algunos de sus seguidores. No debe extrañarnos. En 1842, antes de

lanzarse de lleno a difundir su cosmología, publicó ―con el seudónimo Tryon― una delirante obra titulada An Inquiry into the Cause of Natural Death, or Death from Old Age, and Developing an Entirely New and Certain Method of Preserving Active and Healthful Life for an Extraordinary Period («Una investigación sobre la causa de la muerte natural o muerte por la vejez, y el desarrollo de un método enteramente nuevo y seguro de preservar la vida activa y saludable durante un período extraordinario») en la que, pese a no tener ninguna formación como médico, se atrevía a explicar cómo se podía evitar la muerte natural y convertirse, si se hacía bien, en un inmortal. Entre otras cosas, había que evitar los fosfatos, el carbonato de calcio, la sal y el pan blanco, que endurecen el cuerpo y acortan la vida; y consumir verduras, frutas, carne y pescado, a ser posible poco cocinadas, siempre acompañadas de unas gotas de ácido fosfórico. Incluso afirmaba que, mediante una mezcla de ácidos (tartárico, hidroclórico y nítrico), podía anular el envejecimiento.

 Rowbotham no lo consiguió, ya que falleció el 23 de diciembre de 1884, a los 68 años, como consecuencia del rápido deterioro físico que padeció tras caerse al bajarse de un carruaje un par de meses antes. Poco pudo hacer por él el fósforo libre…

 500 libras al que demuestre que la Tierra es redonda.

Tras su muerte, algunos de sus seguidores continuaron defendiendo sus propuestas. Uno de los más importantes fue William Carpenter (1830-1896), un reconocido mesmerista y espiritualista nacido en Greenwich, que además era experto en taquigrafía y dueño de una imprenta. Este señor, en 1858, lanzó una revista titulada The Spiritual Messenger: A Magazine Devoted to Spiritualism, Mesmerism, and Other Branches of Psychological Science («El mensajero espiritual: una revista dedicada al espiritismo, mesmerismo y otras ramas de la ciencia psicológica»), con la intención de unir los avances en las supuestas ciencias de vanguardia con el Evangelio de Jesús. Poco tiempo después, hacia 1861, conoció a Rowbotham y se quedó prendado con sus teorías. Influido por él publicó en 1864 un panfleto de 16 páginas titulado Earth Not A Globe («La Tierra no es un globo»), con el seudónimo Common Sense («Sentido Común») y, al año siguiente, Theoretical Astronomy Examined and Exposed, en el que volvía a incidir sobre el tema. En 1879, a los 49 años, debido a los difíciles tiempos económicos que vivía Inglaterra, decidió hacer lo que muchos de sus compatriotas: emigró a América, junto a su esposa y sus seis hijos.

 Especialmente virulento fue otro de los discípulos de Rowbotham, John Hampden, el hijo de un reverendo de la Iglesia de Inglaterra nacido en 1819 en Dorset. Este señor, tras toparse en 1869 con una copia de la Astronomía Zetética, se quedó prendado con la propuesta. Tanto que llegó a contactar con Rowbotham y consiguió el permiso para publicar un folleto compuesto por fragmentos de su libro, que vio la luz poco después con el título The Popularity of Error, and the Unpopularity of Truth («La popularidad del error, y la impopularidad de la verdad»). Además, leyó las obras de William Carpenter y se hizo con los derechos de su obra para publicarla por su cuenta.sulawesi3

 Pero pasó a la historia por algo que sucedió el 12 de enero de 1870. Ese día publicó un anuncio en la revista semanal Scientific Opinion que decía lo siguiente:

«¿Qué podemos decir sobre la pretendida filosofía del siglo XIX, cuando un hombre sin estudios conoce mejor la forma de la tierra en la que habita? ¡Debe ser una farsa enorme! El abajo firmante está dispuesto a depositar de 50 a 500 libras esterlinas, en términos recíprocos, y desafía a todos los filósofos, teólogos y profesores científicos del Reino Unido a probar la rotundidad y la revolución del mundo a partir de las Escrituras, de la razón o de los hechos. Reconocerá que ha perdido su depósito, si su oponente puede exhibir, a satisfacción de cualquier árbitro inteligente, un ferrocarril convexo, un río, un canal o un lago». John Hampden

 Todo un reto que, sorprendentemente, aceptó un grande de la ciencia: Alfred Russell Wallace (1823-1913), un naturalista y explorador inglés, presidente de la Sociedad Entomológica y miembro de Royal Geographic Society, que pasó a la fama por proponer una teoría de la evolución mediante la selección natural independiente de la de Charles Darwin ―pasaron a la historia como codescubridores de la evolución, pero el mérito, como bien saben, se lo llevó Darwin―. Wallace, que tenía 47 años por aquel entonces, era un científico respetado y conocido, pero también era un apasionado del mesmerismo, de la hipnosis e, incluso, del espiritismo, sobre el que llegó a realizar algunos estudios, provocando la indignación de alguno de sus colegas.

 A finales de la década de 1860, su economía no marchaba demasiado bien, entre otras cosas porque nunca fue un lince para los negocios. Quizás por eso aceptó el reto del terraplanista John Hampden, no sin antes consultárselo por escrito al gran Charles Lyell, padre de la geología moderna, que le dio su beneplácito.

 Wallace conocía de sobra que la menor densidad del aire en las zonas más bajas de la atmosfera provoca que los rayos de luz, que generalmente se mueven horizontalmente, se curven ligeramente hacia abajo ―la refracción de la luz que antes comentábamos―. Esto permitía ver un objeto aunque en realidad se encontrase fuera de nuestro campo de visión. Así pues, decidido a ganar la apuesta, y convencido de que podía probarlo fácilmente, planteó, haciendo gala de su humildad, que la demostración se hiciese en privado para no humillar públicamente a Hampden. Pero éste se negó, convencido como estaba de que iba a ser el ganador.

 El científico necesitaba una superficie acuática plana para su demostración y propuso el lago Bala (cerca de Gwynedd, Gales), pero Hampden, que conocía el experimento de Rowbotham en el canal de Bedford, vio el cielo abierto. Le propuso hacerlo allí, en los mismos nueve kilómetros, conocedor de que Wallace no sabía que ese mismo tramo ya había sido utilizado por Parallax.7

 Lo siguiente era elegir un testigo que valorase la validez de los resultados. Wallace sugirió al editor de la revista deportiva The Field, un tal John Henry Walsh, conocido por su rigor y seriedad. Hampden lo aceptó, pero pidió un segundo árbitro, a lo que Wallace accedió, poniendo como condición que fuese alguien imparcial y con alguna posición pública. ¿Saben a quién eligió Hampden? ¡A William Carpenter, uno de sus maestros terraplanistas!

 La cita se convocó para el 1 de marzo de 1870, un día frío y gris. Wallace pensaba que aquello iba ser un mero protocolo y que se iba a llevar las 500 libras calentitas, así que procedió a hacer la demostración. Primero colocó cinco postes de seis pies de largo (1,82 metros), con círculos rojos y negros unidos a ellos, a lo largo de las seis millas que separaban el puente de Old Bedford del puente de Welney ―uno cada milla―. Bastaba con mirar con un teodolito, un instrumento habitualmente empleado por los topógrafos que permite hacer mediciones con una precisión enorme, para demostrar que la Tierra no era plana: si la superficie del agua fuese recta, los cinco círculos deberían verse alineados; en cambio, si era curva, el círculo central tendría que verse unos 3 pies más alto (91 centímetros).

Pero pronto empezaron los problemas: Wallace se cayó en una zanja de drenaje y tuvieron que dejarlo. Volvieron al día siguiente. Colocaron los postes en sus respectivas posiciones, y montaron el teodolito sobre una barcaza. Claro, el ligero movimiento del agua hacia que el teodolito no se pudiese nivelar correctamente, hecho por el protestó Carpenter airadamente. Así, como ninguno se mostró satisfecho con el resultado, decidieron repetir al día siguiente, pero el árbitro Walsh tuvo que marcharse a Londres, dejando como sustituto a un tal Martin W. B. Coucher, un cirujano local. Además, el mal tiempo impidió hacer nada hasta el sábado 5 de marzo. En primer lugar, decidieron hacer las mediciones desde un lugar más nivelado y estable, y eligieron el puente de Welney, donde colocaron el teodolito. Coulcher y Wallace comprobaron instantáneamente que el círculo del poste central estaba muy por encima de los marcadores posteriores. Hampden se negó a mirar, pero Carpenter pudo comprobarlo también. Cuando el árbitro Coulcher le preguntó si quería firmar el informe dando fe del resultado aceptó y firmó, aunque seguía quejándose del nivel del teodolito. Por ese motivo, volvieron a repetir el experimento al día siguiente, con idéntico resultado.

Estaba claro que Wallace había demostrado la curvatura de la Tierra. Además, si aplicamos las matemáticas, el desnivel de 91 centímetros que obtuvo establecía una curva que daba al diámetro de la Tierra una longitud de 12.746 kilómetros, un cálculo asombroso para 1870 ―dado que hoy sabemos que el diámetro ecuatorial es de 12.742 km.

Coulcher, el árbitro sustituto, le otorgó  la victoria a Wallace. Pero Carpenter se negó a firmar el informe definitivo que daría fe de esto, ya que insistía en que el ganador había sido Hampden. Así que decidieron que fuese el primer árbitro elegido, Walsh, el que decidiese. Finalmente, tras revisar todos los informes y bocetos de los experimentos, el 18 de marzo de 1870, declaró que había ganado Wallace.[13] Hampden, testarudo, se negó a ceder y exigió que se repitiese la prueba. Pero Walsh, harto ya de tanta tontería, dijo que no había nada más que averiguar y le entregó el dinero a Wallace.13

El terraplanista no claudicó. Además de proponer a Rowbotham que repitiese sus experimentos en el canal, publicó un panfleto[14] en el que acusaba a los árbitros de haber concedido la victoria a Wallace injustamente, falseando los resultados. Así comenzó un largo calvario que duró cerca de veintiún años. Hampden comenzó a escribir cartas a publicaciones científicas y a varios amigos y colegas de Wallace, en las que le calificaba de embustero, ladrón e impostor. La respuesta no se hizo esperar y, en enero de 1871, Hampden recibió una denuncia por difamación. Y perdió el juicio, siendo sentenciado a pagar 600 libras por mancillar el honor de Wallace. Nunca las pagó porque, hábilmente, se declaró insolvente. Por si fuera poco, escribió a Annie Wallace, la esposa del científico, amenazándole. Nueva denuncia y nuevo juicio, de nuevo ganado por Wallace.

Hampden fue condenado por difamaciones en tres ocasiones más durante los siguientes cuatro años, llegando a pasar algunos meses en la cárcel. El propio Darwin escribió a su antiguo amigo dándole ánimos para afrontar el duro calvario que estaba atravesando, aunque el resto de sus compañeros de gremio le criticaron duramente porque consideraban que todo este escándalo solo había servido para darle publicidad a los delirios de los terraplanistas.

En enero de 1876, Hampden demandó a John Henry Walsh, el árbitro, amparándose en una ley de 1845 que regulaba los juegos de azar y prohibía las apuestas. El juez le dio la razón y Wallace tuvo que devolver las 500 libras que había ganado, además de verse obligado a cubrir los gastos del pleito. Pero, como Hampden aún le debía 600 libras de una indemnización que no le había saldado, Wallace solo tuvo que pagar 120 libras. Había aprendido una lección importante: no hay que aceptar apuestas de personas motivadas religiosamente a creer en nociones fácilmente refutables, como esto de la Tierra plana. Siempre se enrocan. Además, por culpa de todo este lío, la teoría de la Tierra plana se hizo enormemente conocida y atrajo a nuevos adeptos, aunque, tras la marcha de Carpenter a Estados Unidos (en 1879), y tras el abandono de Rowbotham de las actividades terraplanistas (centrado en la venta de sus jarabes de fósforo libre), Hampden se había quedado prácticamente solo. Aun así, en 1883 fundó una nueva sociedad zetética con Rowbotham como presidente honorario, cargo en el que no duró demasiado tiempo ya que falleció en diciembre del año siguiente.

Universal Zetetic Society.

Seis años más tarde, el 22 de enero de 1891, Hampden fallecía de una bronquitis severa. El movimiento terraplanista parecía hundido, pero un año y medio después iba a resurgir de sus cenizas. El 21 de septiembre de 1892, varios terraplanistas que no habían tenido relación directa con la generación anterior fundaron en Londres la Universal Zetetic Society (UZS, Sociedad Zetética Universal). El «honorable secretario», como se autodenominaba, y líder de este nuevo renacer, fue un tal John Williams, profundo admirador de la obra de Rowbotham. Aunque la sociedad tenía un carácter no confesional, en teoría, no era del todo así. Todos sus miembros eran cristianos, protestantes y fundamentalistas ―Williams era adventista―. Además, casi todos estaban relacionados con el Premilenarismo, una doctrina que estuvo muy de moda a mediados del siglo XIX, según la cual Jesús, en su esperada segunda venida, llegaría físicamente a la Tierra antes del establecimiento del «milenio», un periodo de paz y armonía de mil años de duración que concluiría con la resurrección de los muertos y el Juicio final. Pensaban, como los adventistas, que la parusía, la segunda venida de Jesús, era inminente.[15] Por todo esto, no es de extrañar que captasen ciertas simpatías entre los cristianos fundamentalistas ingleses de finales del siglo XIX.3

La labor de la UZS fue eminentemente literaria, centrándose en la publicación de varias obras y panfletos con sus teorías zetéticas, y, a partir de enero de 1894, en su revista oficial, Earth—Not a Globe!—Review, coordinada por un tal Albert Smith. En poco tiempo tenían corresponsales ―tampoco muchos― en Irlanda, Canadá, Sudáfrica, India, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, donde todo esto fue acogido con algarabía por los creacionistas radicales. Además, adoptaron como mapa oficial de la sociedad un mapa plano de la Tierra que seguía el modelo zetético, realizado en 1880 por Joseph Steer Christopher, un hábil cartógrafo inglés.

El terraplanismo había conseguido organizarse, aunque no llegó nunca a ser un movimiento importante. La propia Earth Review se convirtió en la publicación terraplanista más importante, pero acabó sucumbiendo solo tres años después, en 1897. Pero sí que tuvo cierta presencia gracias a Lady Elizabeth Anne Mould Blount, el miembro más prominente de la Sociedad Zetética Universal de Inglaterra, que logró mantener la empresa gracias a su poder adquisitivo, aunque también fue una proselitista incansable que luchó a muerte por defender el terraplanismo.

 Lady Blount fue una mujer revolucionaria para su tiempo. Nacida en Londres el 7 de mayo de 1850, en el seno de una familia burguesa, mostró desde la adolescencia un carácter fuerte y combativo, aunque terminó casándose por imposición familiar con un Lord, el barón Walter de Sodington Blount, católico y diecisiete años mayor que ella. Esto no fue impedimento para que desarrollase una labor activista contra las vivisecciones de animales, lo que le convertía en una pionera del movimiento animalista; ni para que se interesase por el mesmerismo ―hasta tal punto que llegó a publicar un folleto titulado Magnetism as a Curative Agency.

 Además, se interesó por la Tierra plana. En 1892 publicó un folleto, hoy perdido, en el que atacaba ferozmente lo que denominaba «herejía esférica». Desde 1894, tras ingresar en la Sociedad Zetética (de las pocas mujeres), fue colaboradora habitual de Earth Review, publicando varios artículos, algunos poemas y una especie de catecismo plano de su creación. Incluso llegó a componer una opereta terraplanista llamada Astrea, or The Witness of the Stars (en 1895), de la que no se ha conservado ninguna copia pero que se llegó a representar en varias ocasiones, y una novela llamada Adrian Galilio: A Songwriter’s Story (1898), en la que constantemente aparecían sus ideas terraplanistas.

 En 1900 lanzó su propia revista, Earth, que llegó a publicarse hasta noviembre de 1904. Por aquella época, Lady Blount se había convertido en presidente de la decadente Sociedad Zetética, a la que todavía pertenecía el fiel y obstinado editor Albert Smith. Juntos publicaron en 1906 Zetetic Astronomy, un librito de 96 páginas que pretendía ser un compendio de sus propuestas y objetivos, centrándose siempre en la confirmación científica de la cosmogonía propuesta en las Escrituras.[16] En este libro se presentó por primera vez la versión de dos polos de la teoría de la Tierra Plana, entre otras cosas porque cada vez costaba más casar estas ideas con la evidencia científica de los polos magnéticos.2

 Fue el último momento de ―relativo― esplendor para la Tierra plana en Inglaterra. La Primera Guerra Mundial y los avances de la ciencia paralizaron por completo el movimiento, aunque quedaron algunos residuos. Demasiado tiempo había durado, teniendo en cuenta lo arriesgado de sus propuestas, el poco dinero que había detrás y la escasa presencia de cristianismo literalista en aquella época.

 Estados Unidos.

Lady Blount murió en diciembre de 1935. Y con ella desapareció para siempre el movimiento zetético inglés. Pero, por aquella época, el movimiento se había extendido a Estados Unidos y a algunos países relacionados con el Imperio británico. Por ejemplo, en Sudáfrica hubo un contingente importante de terraplanistas, liderado por un tal Thomas Winship, un contable nacido en Inglaterra que fue corresponsal de Earth Review  y publicó algunas obras interesantes, entre las que cabe destacar Zetetic Cosmogony (1899); en Nueva Zelanda, J. T. B. Dines, Joseph King y W. M. Runciman lucharon por divulgar el terraplanismo por el continente austral.

 Como vimos, William Carpenter, uno de los principales seguidores de Rowbotham, había emigrado en 1879 a Estados Unidos junto a su esposa y sus seis hijos. La familia, después de pasar un tiempo en una granja en el condado de Dorchester (Maryland), se acabó trasladando a Baltimore (también en Maryland), donde Carpenter encontró trabajo como impresor, además de crear una pequeña escuela de taquigrafía Pitman en su propia casa. Ya era conocido por los terraplanistas estadounidenses gracias a su participación como árbitro en el experimento del canal de Bedford. Muchos de ellos habían formado parte de la New York Zetetic Society (NYZS), una fallida organización formada en 1873 por un tal George Davey, con Rowbotham como presidente honorario. Cuando Carpenter llegó ya había desaparecido, pero sus antiguos miembros le acogieron como su nuevo líder y le acompañaron cuando fundó en 1891 una sociedad zetética en Baltimore.

Unos años antes, en 1885, había publicado A hundred proofs the Earth is not a Globe («Cien pruebas que la tierra no es un globo»), su obra más importante. Plenamente concienciado de la necesidad de publicitar el movimiento, Carpenter envió ejemplares de este libro al Instituto Smithsonian y a la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (una de las instituciones académicas más prestigiosas de Estados Unidos, fundada solo nueve años antes, en 1876), con la intención de que los científicos valorasen e intentasen refutar sus propuestas. No le hicieron el más mínimo caso,[17] así que decidió publicar un anuncio en varios periódicos locales, solicitando ayuda de algún estudioso que estuviese dispuesto a revisar el libro. Tampoco lo consiguió, aunque sí se publicaron algunas reseñas, bastante jocosas.

 Carpenter falleció el 1 de septiembre de 1896, pero había creado escuela. No deja de ser significativo que algunos adventistas estadounidenses abraza- sen con entusiasmo sus ideas, como ya había sucedido con la Universal Zetetic Society de Lon-dres. Por ejemplo, Mi-les Grant, un predicador de la Advent Christian Church (organización que nada tenía que ver con la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Ellen G. White) llegó a ser corresponsal de Earth Review y colaborador de Carpenter. Otro adventista, Alexander Gleason, un ingeniero de Buffalo (Nueva York) publicó en 1890 una obra titulada Is the Bible from Heaven? Is the Earth a Globe? («¿Viene la Biblia del Cielo? ¿Es la Tierra un globo?») y un famoso mapa de la Tierra plana ―famoso entre nosotros, los frikis de estas cosas― allá por 1892.

 Hablando de mapas, en 1893, un misterioso señor de Dakota del Sur (de Hot Springs) llamado Orlando Ferguson (1846-1911), promotor de bienes raíces ―aunque aseguraba ser profesor―, publicó una perturbadora obra titulada Square and Stationary Earth («La Tierra cuadrada y estacionaria»), hoy en día perdida. Por fortuna, sí que se conserva el asombroso mapa que incluía, en el que se representaba a la Tierra como un rectángulo cuyas cuatro esquinas estaban custodiadas por cuatro ángeles.[18] Lo sorprendente es que el hemisferio norte aparecía como un montículo convexo circular situado en el centro del cuenco cóncavo del hemisferio sur, también circular, que se elevaba hasta un borde helado que sirve de separación respecto al plano superior. Es decir, planteaba que la Tierra tenía curvatura, o más bien, «ondulatura». El sol y la luna, por otro lado, se mostraban como lámparas giratorias suspendidas en el extremo de unos brazos arqueados situados en el centro (el polo norte).

 Como curiosidad, mencionar que en un lado del mapa añadió un dibujo de una Tierra esférica moviéndose a gran velocidad con dos hombres agarrándose a ella. Debajo escribió: «Estos hombres están volando en el globo a una velocidad de 65.0006

millas por ahora alrededor del sol, y a 1.042 millas por hora alrededor del centro de la Tierra (en sus mentes). ¡Piense en esta velocidad!». Otra leyenda impresa en el mapa decía: «Cuatrocientos pasajes en la Biblia que condena la teoría del globo, o la Tierra Voladora, y ninguno la sostiene. Este Mapa es el mapa bíblico del Mundo».[19]

 Por otro lado, el movimiento terraplanista estadounidense recibió un fuerte empuje gracias a la labor del escocés John Alexander Dowie (1847-1907), un tipo que hacia 1880 comenzó a realizar curaciones mediante la fe y la imposición de manos en Australia, adonde había emigrado junto a su familia. En 1886 fundó en Melbourne la International Divine Healing Association («Asociación de Curación Divina Internacional»), arrogante nombre de lo que venía a ser su empresa de curación. Dos años más tarde, una visión le indicó que debía marcharse a San Francisco, donde sus milagros y sus sermones tendrían más calado. Dicho y hecho, aunque el triunfo prometido lo terminó encontrando en Chicago, ciudad a la que se mudó en 1891. Allí tuvo mucho éxito con sus curaciones, tanto que llegó a tener varias casas de sanación repartidas por toda la ciudad. Pero quería más y en 1896 fundó la Christian Catholic Apostolic Church, con sede en un edificio situado en la céntrica Michigan Avenue, donde también levantó un banco, una imprenta, un orfanato, una escuela, una casa de curación de cuatro plantas y un hogar para rehabilitar prostitutas.

 Cinco años después, en 1901, Dowie contaba con más de 10.000 seguidores y tenía sucursales en Londres y Edimburgo. Fue entonces cuando se hizo con unas tierras baldías (6.600 acres) a unos cincuenta kilómetros de Chicago, en el lago Michigan, donde fundó una nueva ciudad, Zion City, que durante años funcionó como una secta fundamentalista alejada del mundo. Allí, convertido en una especie de mesías, llegó a crear un pequeño imperio.

 Uno de los principales seguidores de Dowie, un tal Wilbur Glenn Voliva, le acabó arrebatando el poder tras descubrir que llevaba años robando dinero de la Iglesia y comprándose propiedades por todo Estados Unidos. Voliva continuó dirigiendo Zion como una teocracia hasta mediados de los años treinta y defendiendo los principios de su antiguo maestro, entre los que se incluía, volviendo al tema que nos ocupa, la creencia en la Tierra plana, aunque para Dowie era algo secundario. Voliva, en cambio, le dio mucha importancia. De hecho, con los años fue obsesionándose con el tema. Por ejemplo, el 26 de diciembre de 1915, lanzó un discurso a sus feligreses en el que dijo lo siguiente:

 “Creo que esta tierra es un plano estacionario; que descansa sobre el agua; y que no hay tal cosa como que la tierra se mueve, no hay tal cosa como el eje de la tierra o la órbita de la tierra. Es un montón de putrefacción tonta, nacida en los cerebros egoístas de los infieles. Tampoco creo que exista tal cosa como la ley de la gravitación: creo que eso también es una gran putrefacción. ¡No existe tal cosa! Obtengo mi astronomía de la Biblia. […] Creo que el Sol gira sobre la Tierra, y que no está inmóvil; Y creo que cuando Josué oró al Dios Todopoderoso para detener el Sol en su curso, Dios realizó un milagro y lo detuvo”. (Schadewald 2015, capítulo 8)

 A partir de entonces, la teoría de la Tierra plana se convertiría en un pilar central de la Christian Catholic Apostolic Church.

 Voliva llegó a ofrecer públicamente 5.000 dólares a cualquiera que pudiera refutar que la tierra era plana. Nadie lo hizo, seguramente porque no se lo tomaron en serio. O porque no se enteró ningún espabilado. Pero terminó haciendo algo parecido a lo que había hecho el fundador de la iglesia, Alexander Dowie. Con el diezmo que los feligreses entregaban religiosamente, fue poco a poco comprando y poniendo a su nombre la mayor parte de casas y fábricas de Zion City. No es de extrañar que pusiese tanto ahínco en captar fieles. Finalmente, la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión condenaron a la secta a la ruina. Voliva fue depuesto en 1935 y decidió marcharse a Florida, donde llevaba un tiempo veraneando. Fallecería siete años después, el 11 de octubre de 1942, precisamente durante un viaje a Zion. Llevaba 22 años comiendo exclusivamente suero de leche y nueces de Brasil, convencido de llegar a los cien años. Se quedó en setenta y dos.5

 Unos días antes de morir, Voliva recibió una carta de un joven texano llamado Charles Kenneth Johnson pidiéndole más información sobre la Tierra plana. No sabemos si le respondió, pero un tiempo después el joven se convertiría en la figura más prominente del terraplanismo estadounidense.

Internacional Flat Earth Society.

Pero antes de conocer esta historia, tenemos que dar un salto en el tiempo, y en el espacio, y retomar otra rama terraplanista que teníamos dejada. El 20 de diciembre de 1956, Samuel Shenton y William Mills (uno de los seguidores de Lady Blount) fundaron en Dover (Inglaterra) la Internacional Flat Earth Society (IFERS Sociedad Internacional de la Tierra Plana), heredera espiritual de la Sociedad Zetética Universal. Su misión era promover e iniciar la discusión sobre la teoría de la Tierra plana. Esto decían sus propios estatutos.

 “La Sociedad Internacional de Tierra Plana ha sido establecida para demostrar por razonamiento sólido y evidencia factual que la actual teoría aceptada de que la Tierra es un globo girando sobre su eje cada 24 horas y al mismo tiempo describiendo una órbita alrededor del Sol a una velocidad de 66.000 Mph, es contraria a toda experiencia y al sentido común”.[20]

 William Mills, presidente de la sociedad, falleció poco después, el 25 de mayo de 1960, dejando las riendas del proyecto a Samuel Shenton, miembro de la Royal Astronomical Society y de la Royal Geographic Society, que llevaba interesado por estas teorías desde los años veinte, cuando se topó fortuitamente en la Biblioteca de Bloomsbury con la Zetetic Astronomy de Rowbotham.

 Claro, en 1957 los rusos lanzaron el Sputnik, y Shenton se vio obligado a explicar cómo era posible aquello. «Sencillo ―argumentó― los satélites daban vueltas sobre un disco plano». Más difícil lo tuvo cuando Yuri Gagarin realizó el primer vuelo espacial tripulado, el 12 de abril de 1961, un mes antes de que hiciese lo propio Alan Shepard Jr., el primer estadounidense en lograrlo. Su opción fue negarlo todo, argumentando que no había imágenes que demostrasen la esfericidad del globo y que las que había eran falsas. Ya saben.

 Y claro, cuando el 20 de julio de 1969 el Apolo 11 llegó a la Luna, Shenton no dudó en afirmar que aquello era un montaje orquestado en Hollywood con la colaboración de Arthur C. Clarke, convirtiéndose en uno de los primeros defensores de la mentira de nuestra llegada a la Luna. «Neil Armstrong pisó una luna de papel», afirmó.

 Shenton falleció dos años más tarde, en 1972, legando el cargo de presidente de la IFERS a un mecánico de aviones de San Francisco llamado Charles K. Johnson, el joven aquel que le había escrito a Wilbur Glenn Voliva en 1942, cuando tenía tan solo 18 años. El propio Johnson comentaría de anciano que hacia 1930, durante una clase de ciencias naturales, con tan solo seis años (nació en San Angelo, Texas, en 1924), comenzó a plantearse que lo que contaba el profesor sobre la Tierra no le encajaba. No veía la curva por ningún lado.

 En 1959, después de vivir un tiempo en Colorado, conoció a la que sería su esposa, Marjory Waugh, con la que compartía ideales: ambos eran vegetarianos, antiviviseccionistas y terraplanistas. Fue por esta época cuando escucharon hablar de Shenton y el movimiento de la Tierra Plana. Johnson se puso en contacto con él y solicitó ser miembro, convirtiéndose, con el tiempo, en su principal portavoz en Estados Unidos. Así se entiende que, tras la muerte de Shenton, en 1972, la sociedad trasladase su sede al rancho que este señor tenía en California, cerca de Lancaster, en pleno desierto de Mojave, aunque en Dover quedó un pequeño grupo escindido. Claro, imaginen, California, años setenta. Aquello de la Tierra Plana caló allí con relativa fuerza, y en poco tiempo ya había más de 3.500 terraplanistas asociados.

 Johnson y su esposa se dedicaron a hacer proselitismo y propaganda en programas de radio y televisión y en varias publicaciones que se sacaron de la manga, en las que se hacía una defensa a ultranza del Génesis como fuente de verdad sobre la vida y el universo. La más conocida fue Flat Earth News, un tabloide trimestral que tuvo un especial apogeo durante los años setenta y ochenta. Su lema era: «Restaurar el mundo a la cordura».descarga (87)

 Defendían, básicamente, las mismas propuestas que Rowbotham había planteado un siglo antes: la Tierra es un disco, con el Polo Norte en el centro, y un muro de hielo de 45 metros rodea el borde exterior, lo que los científicos denominan Antártida. Algo parecido, curiosamente, al logo de las Naciones Unidas, adoptado en 1946, un par décadas antes. Según Johnson, esto no era casual: estaba convencido de que los principales gobernantes del mundo eran terraplanistas, pero que preferían propagar esto de la Tierra esférica para mantener a las masas controladas ―nunca supo explicar muy bien por qué―. Todo aquello del programa espacial se había inventado para este fin, aunque, tarde o temprano, pensaba, se iba a organizar una declaración pública que marcará el comienzo de una nueva era. De hecho, esto estuvo a punto de pasar tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se fundó la ONU, con Roosevelt como presidente de un mundo nuevo y plano, pero, por desgracia su muerte impidió que el plan se cumpliese.

 En más de una ocasión afirmó que el principal motivo por el que los colonos levantiscos dirigidos por George Washington quisieron independizarse de Inglaterra era el apoyo de la Iglesia de Inglaterra a la Tierra esférica. Querían alejarse de las nocivas supersticiones.

Qué cosas.

 Johnson, además, afirmaba que el Sol y la Luna tenían luz propia, ya que habían sido puestas por el Creador para librarnos de la oscuridad, que tenían cada una 52 kilómetros de diámetro, y que giraban a unos 3.000 kilómetros por encima de nosotros. Y sostenía que por encima de ellos había una gigantesca cúpula invisible que aíslaba nuestra atmósfera. Lo que no tenía tan claro es qué había fuera, pero sí que nadie había pisado la Luna.

 Por otro lado, aunque se reconocía como heredero de los grandes terraplanistas anteriores, todos con una clara y marcada orientación religiosa en sus propuestas, Johnson quiso alejar el movimiento de la Biblia y acercarlo más a la ciencia. Tremenda osadía. Aun así, en los años setenta tuvo contactos con Henry M. Morris, uno de los líderes de la llamada «ciencia de la Creación», que negaba la teoría de la evolución de Darwin y consideraba que la Biblia ofrecía una teoría mucho mejor que, además, estaba avalada por la evidencia empírica. No se cayeron bien. De hecho, los creacionistas modernos, que utilizan ese eufemismo que se conoce como Diseño Inteligente, aceptan la esfericidad de la Tierra y se burlan de estas propuestas. Johnson, por su parte, les ha criticado duramente por pretender equipararse con los científicos, fuente de todo mal y principales herramientas de la megaconspiración por ocultar la verdad.

 “Sostenemos que lo que hoy se llama «Ciencia» y «científicos» consisten en la misma vieja banda de brujos, hechiceros, contadores de cuentos, los «Sacerdotes-Anfitriones» para la gente común. «Ciencia» consiste en una extraña y extravagante mezcla oculta de la teoría del jibberish teoría-teología… sin relación con el mundo real de los hechos, la tecnología y las invenciones, edificios altos y coches rápidos, aviones y otras cosas reales y buenas en la vida; La tecnología no está relacionada de ninguna manera con la teoría científica idiota. Todos los inventores han sido anti-ciencia. Los hermanos Wright dijeron: «La teoría de la ciencia nos sostuvo durante años, cuando lanzamos fuera toda la ciencia, empezamos por el experimento y la experiencia, y entonces inventamos el avión». Por cierto, todos los aviones vuelan a nivel en esta tierra plana”.[21]

 Daniel Shenton y la decadente sociedad.16

Johnson falleció el 19 de marzo de 2001. Unos años antes, en 1995, su rancho de Lancaster se había incendiado. El fuego arrasó con la mayor parte de sus archivos sobre la Tierra plana y su excelente biblioteca, heredada de Samuel Shenton, que contenía cientos de obras y revistas de la época clásica del terraplanismo. A su muerte había unos 1.500 socios.

 En 2004 le tomó el relevo Daniel Shenton, un tipo de 27 años, oriundo de Virginia aunque residente en Londres, que compartía apellido con el fundador de IFERS pero que no tenía nada que ver con él. Curiosamente, afirma que conoció esta movida tras escuchar el disco The Flat Earth de Thomas Dolby.[22] Desde entonces la actividad de la decadente Sociedad de la Tierra Plana se ha centrado en Internet, donde, como ya saben, ha encontrado una inesperada acogida. Eso sí, este señor, que de alguna manera ha hecho renacer la sociedad, no se considera creacionista ni relaciona su convicción geográfica con la Biblia; aunque sí que afirma que la gravedad no existe y que el efecto que percibimos se debe a que la el disco de la Tierra está en permanente ascenso por el vacío sideral. Es la inercia lo que nos pega a la superficie… Por supuesto, como todos sus antecesores, niega la exploración espacial, los alunizajes y el modo de trabajar de los GPS.

 Por cierto, en el año 2009, Shenton escribió al Consejo de la Parroquia de Welney pidiendo permiso para colocar una placa en el puente de Welney, sobre el río Bedford, para conmemorar el experimento de Rowbotham de 1838. No le hicieron ni caso.

 La Flat Earth Society de Daniel Shenton, que actualmente vive en Hong Kong, tiene una página web (https://www.theflatearthsociety.org/) en la que se puede acceder a gran parte de la biblioteca que Samuel Shenton legó a Charles K. Johnson. Allí podrán encontrar ejemplares en versión digital de algunos de los libros de Samuel Rowbotham, William Carpenter o Lady Blount, entre otros.

Nada tiene que ver este señor, ni su decadente sociedad, con el singular renacimiento del terraplanismo, propiciado por Internet y las redes sociales, campo de batalla virtual en el que siempre puede encontrar uno gente dispuesta a creerse lo que sea. Solo así se explica lo que está pasando. Grupos de Facebook como Official Flat Earth & Globe Discussion ―creado por un comerciante de Orange County llamado Nathan Thompson en junio de 2016, con más 38.000 seguidores (a finales de julio de 2017)― o Tierra Plana ―fundado por el argentino Francisco Donoso, un activista terraplanista relativamente conocido, con cerca de 25.000 miembros― triunfan en la red para asombro de los que tenemos dos dedos de frente.

 Decenas de autodenominados expertos divulgan sus teorías, para regocijo de una multitud de adeptos que se tragan sin problema un vídeo de algún iluminado youtuber, pero que reniegan de cualquier cosa que digan los científicos, siempre y cuando no les den la razón.

 Algunos se han hecho relativamente populares, como el español Oliver Martínez, autor de una obra autopublicada titulada Tierra Plana: la mayor conspiración de la historia  (2016), el estadounidense Eric Dubay, autor de The Flat-Earth Conspiracy (2014) y de 200 Proofs Earth is not a Spinning Ball (2015), dos de las obras más influyentes del resurgir actual;  o el argentino Iru Landucci, especialmente conocido por sus vídeos divulgativos en YouTube, en los que se mezclan sin piedad estas delirantes teorías con los omnipresentes illuminati, el Nuevo Orden Mundial, el antidarwinismo, los reptilianos y demás.

 No son muchos, pero el movimiento no muestra signos de decadencia. Es más, hace muy poquito tuvo lugar la Flat Earth Internacional Conference,[23] un foro que se celebró el 9 y el 10 de noviembre en Raleigh (Carolina del Norte) y que organizaron conjuntamente el Creation Cosmology Institute junto con la sociedad creacionista y anticientífica Celebrate Truth ―marca registrada de una empresa de telecomunicaciones llamada Kryptoz Media, dirigida por un tal Robbie Davidson, director del evento FEIC―,[24] dos organizaciones terraplanistas que reniegan abiertamente de la Sociedad de la Tierra Plana de Daniel Shenton. No piensen que fue un fracaso. Cientos de terraplanistas estadounidenses pagaron los 109 dólares del pase normal para los dos días ―el pase VIP, con plaza reservada en primera fila, subía a 249 dólares―. Y otros tantos ―se desconoce cuántos― pudieron presenciar el evento en streaming por tan solo 27 dólares.[25] Todo un negocio.

 ¿Cómo es posible que esté pasando esto? Creer hoy en día que la Tierra es plana supone asumir que la NASA (y las demás agencias espaciales), el gobierno de Estados Unidos (y la mayor parte de gobiernos del mundo) y la comunidad científica forman parte de una gigantesca conspiración. No estamos hablando de las delirantes propuestas del victoriano Rowbotham en el siglo XIX. Los modernos terraplanistas niegan, casi por obligación, todas las imágenes y vídeos que tenemos de la Tierra desde el espacio, así como los alunizajes, la estación espacial internacional, los satélites (aunque en esto último discrepan algunos terraplanistas modernos), la basura espacial y los aviones que han rodeado la Tierra sin detenerse. Y no solo eso: niegan la teoría del Big Bang, junto con la mayor parte de la física, y especialmente la gravedad, inventos de los malévolos científicos compinchados desde siempre con las manos que manejan los hilos del poder mundial.

 En definitiva, estamos ante un ejemplo extremo de las teorías de la conspiración globales, aquellas que consideran que todo lo que sucede es consecuencia de una fuerza superior y secreta que controla todo desde la sombra. Nada es casual y todo es mentira, excepto la Biblia, que es incuestionable para la mayor parte de terraplanistas. Eso sí, no crean que solo existen terraplanistas entre los fundamentalistas cristianos. También hay musulmanes. Por ejemplo, un astrónomo iraquí llamado Fadil Al-Sa’d lo defiende con argumentos que quizás les suenen:

 “Lo que digo se basa en la ciencia coránica. Basa sus argumentos en el tipo de ciencia que rechazo categóricamente: la ciencia moderna que enseñan en las escuelas. Esta ciencia es una innovación herética que no tiene confirmación en el Corán. Ningún verso en el Corán indica que la Tierra es redonda o que gira. Cualquier cosa que no tenga indicación en el Corán es falsa”.[26] [27]

 Lo mismo piensa Mohammed Yusuf, el criminal fundador del grupo terrorista Boko Haram.[28]

Óscar Fábrega

 Bibliografía

Burton Rusell, J.: El mito de la Tierra plana, Barcelona: Stella Maris, 2014.

Dubay, E.: 200 pruebas de que la Tierra no es una Pelota. Autopublicado, 2016. Versión en PDF: http://www.taotv.org/wp-content/uploads/2017/01/200-Pruebas-Tierra-Plana.pdf

Feder, K. L.: Encyclopedia of Dubious Archaeology, Santa Barbara: Greenwood, 2010.

Gardwood, C.: Flat Earth: The History of an Infamous Idea: Thomas Dunne Books 2008.

Ibañez, O.: Tierra Plana: La mayor conspiración de la historia: Amazon, 2016.

Schadewald, B.: The Plane Truth [En línea] 2015. http://www.cantab.net/users/michael.behrend/ebooks/PlaneTruth/pages/index.html


NOTAS

[1] Bonesteel, M.: Kyrie Irving’s flat-Earth beliefs now the bane of middle-school teachers [en línea]. The Washington Post, 28 de julio de 2017. https://www.washingtonpost.com/news/early-lead/wp/2017/07/28/kyrie-irvings-flat-earth-beliefs-now-the-bane-of-middle-school-teachers/?utm_term=.b60112f38b45 [Consulta: 30/07/2017.]

[2] Lo pueden escuchar en el siguiente enlace: http://www.nba.com/cavaliers/features/road-trip-170217

[3] Russel, J.: Kyrie Irving believes the Earth is flat. It is not. [en línea]. The Washington Post, 17 de febrero de 2017. https://www.washingtonpost.com/news/early-lead/wp/2017/02/17/kyrie-irving-believes-the-earth-is-flat-it-is-not/?utm_term=.87ee04cd6c7a [Consulta: 30/07/2017.]

[4] Rubio, J.: Green apoya a Kyrie: “¿La tierra redonda? Yo hago fotos esféricas con el IPhone…” [en línea]. As, 18 de febrero de 2017. https://as.com/baloncesto/2017/02/18/nba/1487453823_272316.html [Consulta: 30/07/2017.]

[5] Shaq: “La tierra es plana y Colón no descubrió América” [En línea]. As, 19 de marzo de 2017. https://as.com/baloncesto/2017/03/19/nba/1489909097_575003.html [Consulta: 17/07/2017.]

[6] Fue formulada por Nathan Poe en agosto de 2005, dentro del foro Creation & Evolution de la web Christianforums.com.

[7] «Él es el que está sentado sobre la bóveda de la tierra, cuyos habitantes son como langostas» (Isaías 40, 21).

[8] En honor a la verdad, esto no es del todo cierto. Se debate si Eratóstenes empleó en sus mediciones el estadio ático-italiano, de 184,8  metros, el habitual de los griegos alejandrinos, que daría una medición de 33.816 kilómetros (6.192 menos que la medición real, un 15%), o si empleaba el estadio egipcio, de 157,5 metros, que daría la cifra aportada arriba.

[9] Posteriormente, en 1865, publicó una versión ampliada de 221 páginas y en 1881 sacó una tercera edición, de nuevo ampliada, con un montante total de 430 páginas. Aquí pueden leer el texto completo de esta última en inglés: https://ia801909.us.archive.org/26/items/samuel_rowbotham-earth_not_a_globe/samuel_rowbotham-earth_not_a_globe.pdf

[10] Por ejemplo, en cierta ocasión le preguntaron como explicaba la circunnavegación de la Tierra. Respondía que, en realidad, consistía en navegar alrededor del mundo en un círculo, algo similar a circunnavegar Gran Bretaña. «¿Es gran Bretaña una esfera? Próxima pregunta» (Schadewald 2015, capítulo 1)

[11] Fue a partir del número de marzo de 1873, cuando la revista pasó a llamarse The Zetetic and Anti-Theorist: A Monthly Journal of Practical Cosmography.

[12] Por ejemplo, el reverendo Major Rider Bresher, vicario de la Iglesia de San Martín de York, publicó en 1868 un libreto titulado The Newtonian System of Astronomy: With a Reply to the Various Objections Made against It by “Parallax”, en el que se dedica a refutar, punto por punto, la obra de Rowbotham.

[13] « El Sr. A. R. Wallace, mediante el experimento que aprobó de forma satisfactoria el Sr. Hampden y su árbitro, elegido por estos dos señores, ha demostrado a mi satisfacción “la curvatura de aquí para allá” del nivel del canal de Bedford entre el puente Welney y la presa de Welch  [curioso error de Walsh, ya que el otro extremo era el puente de Old Bedford; seguramente confundido tras leer el libro de Parallax]   (seis millas) hasta la extensión de cinco pies, más o menos. Por lo tanto, propongo que se pague al Sr. A. Wallace la cantidad de 1000 libras esterlinas, que ahora está a mi nombre en el Banco Coutts para respetar el resultado de la prueba anterior, el próximo jueves, a no ser que el señor Hampden me notifique lo contrario.  J. H. Walsh. 346, Strand, Londres. 18 de marzo» (Schadewald 2015, capítulo 2).

[14] Titulado: Is Water Level or Convex After All?  The Bedford Canal Swindle Detected and Exposed («Al final, ¿está el agua nivelada o es curva? La estafa del canal de Bedford detectada y expuesta»)

[15] De hecho, tenían varios puntos en común más con los adventistas: defendían el Sabbath, el séptimo día, como día sagrado; eran literalistas bíblicos; y creían que Dios cambia de vez en cuando las reglas del juego, según la época (una idea conocida como «dispensacionalismo»). Nada raro, ambos movimientos formaron la vanguardia del posterior fundamentalismo moderno, caracterizado además por un fuerte sentimiento anti-intelectual y anticientífico. Eso sí, los adventistas no estaban de acuerdo con la Tierra plana.

[16] Lo pueden descargar en PDF en el siguiente enlace: http://www.theflatearthsociety.org/library/books/Zetetic%20Astronomy%20(Lady%20Blount%20and%20Albert%20Smith).pdf

[17] De hecho, Carpenter retó en varias ocasiones a Daniel C. Gilman, primer presidente de la Universidad Johns Hopkins, con sendas cartas públicas, a que defendiese con evidencia la esfericidad de la Tierra, pero Gilman siempre le ignoró. Carpenter, como represalia, se dedicó a inundar el campus con ejemplares impresos de su obra. En una ocasión, incluso, fue desalojado por un conserje. No sería el único personaje prominente al que acosó. Otras víctimas suyas fueron James Gibbons, un cardenal católico muy prestigioso que en esa época era Arzobispo de Baltimore; o el astrónomo y matemático Simon Newcomb, profesor en la Johns Hopkins.

[18] Hace referencia a la oración inicial del capítulo 7 del Apocalipsis: «Después de esto, vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento alguno, ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol».

[19] Hoy en día se conservan dos copias del mapa: una está en la localidad de Orlando Ferguson, Hot Springs, en el Pioneer Museum; la otra, curiosamente, se custodia en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, gracias a una donación realizada por el senador de Dakota del Norte Don Homuth (a él se lo regaló su profesor de octavo grado, al que se lo había regalado su abuelo, un granjero de Hot Springs).

[20] Folleto de presentación de la IFES, del 20 de diciembre de 1956.

[21] P. J. Day, R.: Documenting the Existence of “The International Flat Earth Society” [en línea]. http://www.talkorigins.org/faqs/flatearth.html [Consulta: 01/08/2017.]

[22] Dolby aceptó, un poco irónicamente, ser el socio número 1 de la nueva sociedad.

[26] The Wisdom of Islam speaks! Iraqi Scientist Proves The Earth ‘Is Flat and Much Larger than the Sun’  [En línea]. https://themuslimissue.wordpress.com/2013/04/28/the-wisdom-of-islam-speaks-iraqi-scientist-proves-the-earth-is-flat-and-much-larger-than-the-sun/ [Consulta: 31/07/2017.]

[27] Se basa en algunos versículos del Corán, por ejemplo este: «¿Quién te ha hecho la tierra como una cama , y te ha hecho caminos en ella, para que encuentres tu camino?» (Qur’an 43:10)

[28] Allah: “The earth is flat!” [En línea]. https://atheistpapers.com/2014/07/03/allah-the-earth-is-flat/ [Consulta: 31/07/2017.]

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  1. Increible!! Como es posible que se crean eso de la tierra plana? Parece una broma…o sera que de verdad esos jugadores de baloncesto echaron tanto cuerpo que le robaron materia al cerebro…de hecho no se caracterizan por ganar premios de inteligencia…lo peor es el credito que tienen entre los chicos…definitivamente estas mentes es ejemplo de por que el mundo no anda bien…donde los descerebrados tiene mas credito que las mentes verdaderas…que mal..

    • Jesus49 dice:

      Una vez le dije a un compañero que los cerdos volaban y no me creyó, hasta el dia que vino el huracán Ofelia en el Cabo Machichaco allá por el 85, fíjate que doy datos,y vió con sus propios ojos cómo los cerdos volaban, Jesús me dijo Pascual, tenías razón, nunca creí que los cerdos volaran pero hoy he visto que si. Lee mi comentario posterior al tuyo y verás que hay mas opciones de las que crees.

  2. Jesus49 dice:

    No he leido el articulo todavia, que lo leeré, pero no se puede aseverar la forma de la Tierra, lo que si es cierto es que vivimos en un plano. Se ha demostrado que el agua no tiene curvatura,ahora bien a nadie se le ha ocurrido pensar que vivimos en un cráter inmenso con continentes,que la Tierra sea muchisimo mas grande y que mas allá de la Antártida haya mas cráteres en similares condiciones?,porque nos ocultan la ASntártida?,porqué simulan la ISS?, porque hay fallos de croma en simulación de la antigravedad?, porqué no hay fotos reales de la Tierra desde el espacio?,porqué el hundimiento de las Torres gemelas?,porqué el hundimiento del Maine?,porqué dicen que las comunicaciones son por satélite cuando en realidad son terrestres?,porqué el asesinato de Kennedy?, son demasiados porqués, están ocultando,mintiendo, tergiversando con falsas banderas y encima nos tenemos que tragar el Big Bang, que NO que yo sé tanto como los científicos y los científicos tanto como yo, el resto, no son mas que teorías.

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