Published On: Jue, dic 25th, 2014

JOSE LUIS JORDÁN PEÑA: EL TERCER HOMBRE

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Publicado en EOC nº 77

jord - copiaCon la necrológica publicada en el diario El Mundo dando cuenta del fallecimiento de don Jose Luis Jordan Peña el pasado 9 de Septiembre de 2014, se cerraba el último capítulo de una de las historias más apasionantes que haya tenido lugar. Resumiendo para los que os hayáis perdido los capítulos anteriores: desde los años sesenta hasta casi entrados los noventa, decenas de personas de la esfera intelectual madrileña recibían por correo (entonces no existía ni el Hotmail, ni el teléfono móvil, ni el Facebook) unas extrañas misivas cuyo contenido reflejaba un avanzado conocimiento para la época en distintos ámbitos del saber (tecnología, ciencia, filosofía…) redactados a máquina (tampoco había ordenador) y que venían rubricados con el membrete )+( que identificaba al gobierno de Ummo, un planeta que, supuestamente, orbitaba alrededor de la estrella Wolf 424 a 14,6 años luz de la Tierra. Aquellas cartas eran leídas en las tertulias que se convocaban en el célebre café bar Lyon por Fernando Sesma (1908-1982), excéntrico personaje elegido como involuntario “apóstol” de los emisarios extraterrestres. Como evidencia física de esta presencia extraterrestre, a la trama epistolar se añadían el aterrizaje y posterior avistamiento fotografiado de un platillo volante, con el logotipo de Ummo en su panza, en la periferia de Madrid (Aluche y San José de Valderas) a mediados de los sesenta.OVNI UMMO S.Jose Valderas3

Durante años, el affaire Ummo constituyó ese “caso perfecto” que necesitaban los ufólogos para demostrar la realidad de las visitas extraterrestres en nuestro planeta. Por si no hubiera suficiente, a las misivas mecanografiadas por un “secretario” terrestre delegado por los ummitas (cuyas yemas de los dedos eran tan hipersensibles que les impedían acercarse a una Olivetti) y las fotografías del platillo volante sobrevolando el castillo de San José de Valderas, se añadían otras historias tan truculentas como el “caso de la mano cortada”: la pretendida estancia en los años cincuenta de dos médicos altos

y rubios (rasgos que se identificaban con los ummitas) en los sótanos de la casa de la marquesa Ruiz de Lihory en Albacete y cuyos experimentos “psicofisiológicos” con animales desembocaron en el crimen y posterior mutilación de la hija de ésta. Aquella muerte fue, según se explicaba en una de aquellas crónicas epistolares, la intervención necesaria, a instancias de los científicos ummitas, para abortar un virus que habría hecho enfermar a la hija de la marquesa y cuya expansión amenazaba a los habitantes de la Tierra…

Al rompecabezas que integra el caso Ummo (cartas reflejando un conocimiento avanzado para la época, avistamientos y aterrizajes de platillos volantes que pudieron ser fotografiados y un extrañísimo crimen ritual cuyo origen sólo parecía despejarse a través de una intervención alienígena) se añadieron otras piezas: testimonios recopilados por los ufólogos (entre los que se contaban testigos de élite como pilotos aéreos) que aseguraban haber avistado OVNIs luciendo el enigmático anagrama de Ummo.

Cuando todos los indicios ya apuntaban a una cabeza visible como artífice detrás de toda esta trama, se produjo el incidente OVNI con mayor repercusión de los últimos años: a finales de 1989 la agencia TASS informaba del supuesto aterrizaje en Voronezh (antigua URSS) de un OVNI en cuyo fuselaje era visible el escudo de Ummo…

Fue la paciente investigación realizada por Carlos Berché y José Juan Montejo quienes, hilvanando cabos, evidenciaron que detrás de todas aquellas cartas, detrás de aquella maqueta fotografiada en San Jose Valderas y detrás de la interpretación novelesca del crimen de “la mano cortada” se encontraba un personaje ya conocido: José Luis Jordán Peña (1931-2014), quien se presentaba como psicólogo industrial y había sido uno de los “pesos pesados” de la Sociedad Española de Parapsicología (SEDP). El nombre de Jordán Peña podemos encontrarlo en algunos de los libros, considerados ya clásicos, que sientan las bases de la investigación y divulgación de la parapsicología más científica así como colaborador habitual en dicha sección integrada en colecciones de fascículos sobre temas de misterio.

JORDAN RIBERALo que ocurrió después era perfectamente previsible dentro de la psicología del comportamiento común que nos gobierna como seres humanos. A pesar de la confesión del propio Jordán Peña auto-adjudicándose toda la autoría de la trama Ummo, hubo ufólogos que siguieron creyendo en el mito y que consideraron que no era posible que una persona sola hubiera sido el artífice de toda aquella inmensa broma. Antonio Ribera (1920-2001), a quien puede considerarse pionero en un intento de consolidar una ufología científica en España y que fue el principal cronista y compilador de toda literatura ummita, siguió creyendo, hasta el último de sus días, que habíamos sido visitados por aquella raza de extraterrestres de pelaje nórdico. Frente a quienes no debilitaron su fe en los destellos de aquel planeta que orbitaba alrededor de la estrella Wolf 424, otra generación de ufólogos que estigmatizaba a Jordán Peña como un estafador y farsante que, con el pretexto de realizar un “experimento sociológico”, había jugado con la credulidad humana.

¿Era José Luis Jordán Peña ese personaje pérfido, maquiavélico y de personalidad múltiple, tan absolutamente libre de escrúpulos, tal y como pretende dibujarnos la vehemencia que se escuda tras el desengaño de algunos investigadores y ufólogos? Más allá de los juicios morales gratuitos, en toda investigación debe primar la exposición objetiva de los hechos para que cada cual saque sus propias conclusiones. Así que, para hallar la respuesta, tal vez sea necesario conocer el contexto en el que germinó y creció toda la historia de Ummo, y darse cuenta de que el nombre de Jordán Peña… tal vez solo fue el último y más débil de los eslabones. Veamos por qué…

En 1996 cuando ya habían pasado varios años desde que el propio Jordán Peña reconociera su autoría en la trama Ummo, servidor (disculpadme por escribir en primera persona), acudía a la firma de libros de un muy conocido divulgador de la ufología española. Interesado en el testimonio (del que se había hecho eco en una conocida revista comercial de estos temas) de un piloto que había avistado un OVNI en el que brillaba el mismo anagrama que identificaba a los ummitas, le pedí a este investigador que me facilitara el teléfono para contactar con él y entrevistarlo. Si era verdad que un “testigo de élite” había visto el escudo ummita surcando los cielos… todavía era probable que detrás del misterio de Ummo se iluminara una parcela en la hipótesis extraterrestre. Con mucha amabilidad, el conocido ufólogo se disculpó por no tener en ese momento su agenda; pero a modo de confidencia me reveló que aquel testimonio… no le merecía ninguna credibilidad. Entonces, con la ingenuidad que solo conservamos los aficionados a estos temas, un servidor se preguntó: “Si el testimonio de un piloto aéreo que asegura haber visto un OVNI con el anagrama )+( resulta que no es fiable… ¿por qué carámbanos me lo venden en la revista como una prueba más que sugiere una pretendida realidad extraterrestre tras el caso Ummo?”. Y a partir de ahí, y aunque nunca me he considerado escéptico, comenzó mi suscripción con las revistas de ARP…Image26 L400

Un par de años después comenzaría mi incursión en las revistas comerciales de estos temas y el de Ummo no podía dejar de ser uno de los casos en los que centrara mi atención, intentando seguir el sendero que otros investigadores de la talla de José Juan Montejo ya habían despejado. Mi estancia en Barcelona me permitió conocer personalmente a Antonio Ribera, de cuya dimensión intelectual y humana conservo un muy entrañable y gratísimo recuerdo. Como en el caso de Jordán Peña, el hecho de que escribiera un libro mostrándose crítico con el libro Caballo de Troya también le valió que fuera estigmatizado por cierto sector de la ufología comercial. Lo que pocos aficionados saben es que ese libro fue el detonante para que una conocida editorial le denunciara expropiándole sus bienes (pero esta historia no la encontrareis nunca publicada en las revistas que destapan conspiraciones de la CIA, el asesinato de JFK o el 11 de Septiembre…).[1] En las charlas que mantuve con Ribera me percaté de que su objetividad ante el caso Ummo desaparecía en detrimento de su implicación emocional con toda esta historia. Él tenía ya ochenta años, era consciente de que estaba en el ocaso de su vida, y Ummo había constituido uno de los pilares fundamentales en su trayectoria ufológico-literaria; así que a estas alturas de la vida, era muy difícil que alguien diera marcha atrás…

Cuando el bueno de don Antonio me expuso sobre la mesa camilla de su pequeña sala de estar aquel lote de cartas originales, atribuidas a una civilización extraterrestre, el ingenuo entusiasmo que servidor todavía conservaba en un origen genuino en el affaire Ummo se desplomó. ¿Cómo podía ser que tantos ufólogos hubieran dado pábulo de credibilidad a toda una historia como ésta en la que no había más que comprobar que los apuntes que ilustraban dichas misivas eran del mismo estilo que los dibujos reproducidos en los libros y fascículos de parapsicología firmados por Jordán Peña? Para más inri, el propio Fernando Sesma, principal divulgador de las cartas ummitas en aquellas tertulias de café, había dejado de creer en esta historia mucho tiempo atrás (falleció en 1982) al percatarse de que todo aquello no era más que una broma de factura humana. Sintiéndose víctima de un engaño, se deshizo de aquellas cartas vendiéndolas a Rafael Farriols (coautor de “Un caso perfecto”) a un precio simbólico. Así pues, si Ummo tenía algún viso de realidad no se cimentaba, desde luego, en aquellas cartas torpemente mecanografiadas…

jorda13Pero si había un elemento que había contribuido a inmortalizar el asunto Ummo en la literatura ufológica, ése eran las fotografías del pretendido platillo volando sobrevolando el castillo de San José de Valderas, a las afueras de Madrid. Nunca llegué a preguntarlo, pero muy probablemente (y conociendo a Jordán Peña) aquel escenario no fue elegido al azar: el pintoresco castillo de San José de Valderas otorgaba una pátina de romanticismo a aquellas imágenes para que se fijaran de una manera especial en la retina y de ahí a los estratos más emocionales de nuestro subconsciente[2]… Y consiguieron su propósito porque aún hoy, y a pesar de que las fotografías se demostraron fraudulentas desde el mismo momento en que fueron publicadas, hay quienes defienden su autenticidad llegando incluso a argumentar que el hilo perfectamente visible en las fotos… es una ralladura del negativo (!). No es necesario hacer complicados análisis informáticos para percatarse de que lo fotografiado en San José de Valderas no es otra cosa que una burda maqueta con hilos. Cualquiera que visite el lugar se dará cuenta de que es imposible obtener aquellas tomas, tan sugerentes en lo visual (esquivando la zona superior para que el hilo fuera lo menos visible y donde se cuida que el castillo aparezca íntegramente), sin una calibrada premeditación en el encuadre (recordemos que se está fotografiando un objeto que surca fugazmente el cielo). Así pues, desde el mismo día en que las imágenes del platillo volante aparecieron publicadas en los periódicos… cualquier observador con un mínimo sentido crítico se percataría de que en ellas no era ausente la rúbrica del fraude.

Luego quedaba el caso de la mano cortada, que se contextualizaba como una intervención de los ummitas para abortar la expansión de un supuesto foco vírico que desembocó en la muerte de la hija de la marquesa. Aquel crimen, que generó un enorme impacto en la sociedad de la época fue elegido por Jordán Peña (como podía haber elegido cualquier otro de la crónica negra española) para aprovechar los numerosos cabos sueltos e hilvanarlos como el capítulo de una novela al resto de la trama Ummo. Jordán Peña era un perfecto conocedor de la psicología de masas (él denominaba “batomagma” a ese 90% de población gregaria) y, de la misma manera que muchas personas asimilan las “conspiranoias” referentes a la muerte de lady Di o a los atentados del 11-S o el 11-M como auspiciados por los servicios de inteligencia, mucha gente creyó que un crimen de aquel impacto… solo podía haber sido realizado por extraterrestres.

Pero en el rompecabezas Ummo se integran otros elementos como son los avistamientos de OVNIs con el famoso anagrama )+(. La explicación (dada también por el propio Jordán Peña) no era otra que el resultado de un “efecto llamada”: ufólogos que viciaron testimonios en su afán de aportar su granito de arena en esta investigación y testigos familiarizados con dicho emblema y que creyeron verlo surcando los cielos (no olvidemos que el de Ummo se convirtió en un auténtico icono de la cultura popular que figuraba en los best sellers de J.J. Benítez, del que se apropiaron sectas como Edelweiss, y que puede encontrarse hasta en pegatinas difundidas por la revista de El Jueves). En cuanto al caso Voronezh, donde un OVNI aterriza en un céntrico parque frente a varios niños, téngase en cuenta que el símbolo ummita no es ajeno a la cultura rusa: forma parte del alfabeto cirílico.ummo

Si muchos creímos en la presunta autenticidad de Ummo no fue por el ingenio de Jordán Peña (que no se preocupó de disimular ni su conocimiento ni su inconfundible estilo en los dibujos que se reproducen en los informes ummitas) sino por lo que otros exageraron después…

Desde su origen, toda la trama de Ummo se presentó con el sello tácito que advertía que toda aquella historia… no debía tomarse en serio. Aquella frase de “No nos crean, acojan estos conceptos con escepticismo” que se subrayaba en las cartas ummitas era la sutil advertencia. Jordán Peña no engañó a nadie… fueron los demás quienes se engañaron a sí mismos y, en lugar de desechar aquellas cartas y fotografías como lo que eran y como lo que se presentaban (una simple inocentada) se les concedió cuño de veracidad para catapultarlas a la categoría de evidencia extraterrestre. Se exageró así el caudal de cartas, los avistamientos OVNI registrados en todo el mundo y se dio credibilidad a testigos que reconocieron no haber visto nada.[3] Como en el famoso “timo de la estampita”, no engaña el timador que vende billetes como si fueran cromos sino que se autoengaña el que, presa de su avidez, cree que pueden adquirirse duros a cuatro pesetas. ¿Era creíble que seres de una avanzada tecnología remitieran cartas con una Olivetti e hicieran volar un platillo volante de veinte centímetros con un hilo visible? Quien fuera capaz de creerse algo así… se engañaba a sí mismo.

Arrogándose conocimientos de psicología barata, algunos investigadores atribuyeron a Jordán Peña el perfil sádico de alguien con personalidad múltiple. Es sólo una opinión que no se libra de juicios morales y que no respeta un axioma tan fundamental como es esa navaja de Ockham que debe ser la presunción de inocencia: la solicitud de pruebas suficientemente sólidas antes de sentenciar la culpabilidad de alguien. Sin pretender convencer a nadie de nada, mi opinión sobre la personalidad de Jordán Peña es bien distinta. Aunque fueron pocos los encuentros que tuve con él (y hoy lo lamento), por mi parte surgió una empatía y afinidad especial hacia su persona. Encontré en él a una persona de una inteligencia absolutamente brillante y con una empatía para escuchar a los demás que, desde luego, no he encontrado en algunos de los “periodistas del misterio” que hoy hacen caja tejiendo misterios y conspiraciones que, como el asunto Ummo… tampoco existen pero nadie se atreve a desmontarlos. Personalmente, lejos de sentirme “engañado”, debo darle las gracias a don José Luis por haberme hecho soñar desde adolescente con una historia tan fascinante que se convirtió luego en el pretexto que me permitió conocer a muchas personas que han sido enriquecedoras en mi vida. Porque al final, la vida sería demasiado triste si no creyéramos en algo…

  Antonio Luis Moyano

NOTAS

[1] Recuerdo que a finales de 2001, y con motivo de su fallecimiento, publiqué un artículo para una conocida revista comercial con una breve mención a este episodio… Ni que decir tiene que el párrafo fue convenientemente eliminado del texto original.

2 La hipótesis del castillo como impronta romántica en las fotos del ovni ummita surgió en una conversación con el investigador catalán Jaume Esteve.

3Uno de los testigos mencionados en el avistamiento de Aluche me reconoció que bromeaba cuando un periodista recogía su testimonio para un periódico de la época. Él mismo fue el primer sorprendido al percatarse de que la gruesa ironía con la que se expresaba (exagerando un bulo de que había oído hablar) no fue bien entendida.

Descárgate gratis EOC nº 77 completo aquí: http://elojocritico.info/wp-content/uploads/2014/12/EOC-77-PDF.pdf

Displaying 2 Comments
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  1. Don Pepe dice:

    En la página 21 del libro “LAS MAQUINAS DEL COSMOS”, uno del los que escribió Antonio Ribera, se relata la siguiente anécdota (Palabras copiadas textualmente del mencionado libro):
    “Hallándome en México en 1970, ,invitado por Pedro Ferriz para comparecer junto con el doctor J. Allan Hynek en su famoso programa televisivo , del canal 5 de la televisión azteca, mi editor y querido amigo mexicano Guillermo Mendizábal Lizalde (editor de las desaparecidas revistas mexicanas, “Duda” y “Contactos Extraterrestres” y dueño de la “Editorial Posada”) me contó la anécdota siguiente:
    Un día se hablaba de ovnis en una reunión a la que asistía el licenciado Miguel Alemán, expresidente de México. El señor Alemán escuchaba atentamente y en silencio lo que allí se decía, hasta que uno de los presentes se volvió hacia él para preguntarle:
    -Sr. Licenciado, ¿qué opina usted sobre los platos voladores?
    -Lo único que puedo decirles al respecto –contestó Miguel Alemán- es
    que, siendo yo presidente, lo era también de Estados Unidos el general
    Eisenhower. Y en una visita que hizo éste a México por aquella época, me
    confió, , que en una gira que efectuó en 1954
    por el suroeste de los Estados Unidos, le mostraron un disco volante y los
    cadáveres de dieciséis de sus tripulantes –pequeños humanoides-, guardado
    todo ello bajo gran secreto militar en una base de las Fuerzas Aéreas. Para
    mí, viniendo de tan alta autoridad, la realidad de estos hechos no ofrecía
    la menor duda –concluyó el ex presidente Alemán”.
    (hasta aquí la transcripción)

    ¿Qué bárbaro!, esta anécdota, contada por el expresidente Miguel Alemán, nos despeja la duda: SÍ EXISTEN LAS NAVES Y HABITANTES DE OTROS PLANETAS…Él no podría haber mentido y, pienso yo, esto debe haber impresionado tanto a don Antonio Ribera, que con este relato empezó uno de sus libros.
    Pero Miguel Alemán entregó la Presidencia a don Adolfo Ruiz Cortines el 1º de diciembre de 1952, y el popularísimo “Ike”, el general Eisenhower, el que fue Comandante en Jefe de las Fuerzas Aliadas en Europa durante la 2ª Guerra Mundial, recibió la Presidencia de los Estados Unidos en enero de 1953. Por lo tanto, la anécdota es falsa.
    Nunca fueron Presidentes en la misma época, por lo que nunca hubo una reunión “de Presidente a Presidente” entre ellos.
    Miguel Alemán y Eisenhower nunca se reunieron en alguna junta cumbre. Aunque alemán sí se reunió con Harry S. Truman.
    Eisenhower tuvo cumbres con Ruiz Cortines, el sucesor de Alemán y con Adolfo López Mateos (quien sucedió a Ruiz Cortines); con este último, en acapulco, en 1959.
    De esto saco en conclusión que don Antonio Ribera y Jordá creía todo lo que le contaban, que, aunque fuera una locura, lo creía “a pie juntillas”.

  2. Don Pepe dice:

    En el comentario anterior se borró la frase .
    Debió decir: Y en una visita que hizo éste a México por aquella época, me confió, , que en una gira que efectuó en 1954…

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