Published On: Lun, dic 9th, 2013

EL CASO ANDRES BALLESTEROS: EL CURANDERO DE CAMPANILLAS

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Publicado en EOC nº 34

Una profunda tristeza… Esa es la conclusión a esta investigación que, en mi caso, se inició hace tres años.

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Conocí a Andrés Ballesteros en 1999. Y desde aquella primera visita a Campanillas (Málaga); desde aquellas primeras operaciones de “cirugía mediúmnica” que presencié -y en alguna de las cuales colaboré asistiendo a Andrés en las intervenciones-; aquellas primeras conversaciones con Andrés; y aquellas primeros “testimonios del milagro” recogidos entre sus pacientes, el “curandero más espectacular de España” estaba presente en mi pensamiento cada cierto tiempo. Andrés podría ser la respuesta a todas mis preguntas, la llave para abrir la puerta del misterio y desvelar las tinieblas que abrazan el mundo de lo paranormal desde la noche de los tiempos. Si lo que mis ojos habían visto era lo que aparentaba, y si los relatos que mis oídos habían escuchado reflejaban hechos objetivos, me encontraba, después de tantos años de angustiosa búsqueda, ante un trascendental fragmento de La Verdad. Y exactamente eso es lo que creen cientos, quizás miles de seguidores de Andrés en toda España. Aparentemente Andrés Ballesteros presentaba en su piel los estigmas de la pasión de Jesucristo. Teóricamente era capaz de “adivinar” en el agua de una palangana todos los problemas físicos y psíquicos de sus pacientes. Supuestamente la “energía” que emanaban sus manos podía abrir el cuerpo de los enfermos –como si de un bisturí invisible se tratase-, para extirpar tumores, reparar arterias, “limpiar la sangre”, etc, cerrando las espectaculares heridas si dejar ni la menor cicatriz. Presuntamente sus manos generaban una llamativa luz fosforescente, que aplicada sobre los enfermos, aliviaba sus dolores… ¿Qué más podía pedir?

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Yo había visto con mis propios ojos la luz que “manaba” de las manos de Andrés. Había visto varias operaciones e incluso había podido ayudarle en alguna de ellas, tirando de las piernas del paciente, mientras el manipulaba lo que parecía una columna vertebral asomando entre los algodones ensangrentados que rodeaban la herida abierta en la espalda del enfermo. Había recogido docenas de testimonios, desbordantes de agradecimiento, de los agradecidos enfermos que habían puesto sus vidas en manos de el curandero de Campanillas. Y lo que más me impresionó; había podido disfrutar de la entrañable conversación de aquel hombre del campo, de parca formación cultural, escasos recursos académicos, y nula formación teológica. Sin embargo Andrés parecía conocer profundamente las Sagradas Escrituras. Yo estudié teología durante cinco años (más los que he dedicado a estudiar el cristianismos fuera ya del seno de la Iglesia Católica), y podía certificar que los conocimientos bíblicos de Andrés –aunque de marcada tendencia protestante- eran cuando menos desconcertantes.

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Por todo ello, y por mucho más, yo acudí a Andrés como buscador, nunca como investigador, y menos aún como periodista. En aquellos primeros contactos con Andrés Ballesteros no se me pasó por la cabeza tomar una sola fotografía, ni grabar un solo minuto… ni siquiera tomé notas. Algo que tan solo había hecho en dos ocasiones en los veinte años que llevo dedicado a la investigación paranormal: durante los días que pasé con el médium brasileño Luiz Antonio Gasparetto, y cuando pude conocer personalmente al otrora antropólogo, y después chamán, Carlos Castaneda. Ni una foto, ni un minuto de grabación, ni una nota en mi cuaderno. Quienes me conocen saben de mi compulsiva obsesión por anotar, fotografiar y grabar todo. Esta es la única forma de poder compartir posteriormente todos los hechos tal y como ocurrieron. Pero Gasparetto, Castaneda y Andrés Ballesteros no eran algo que pensase en compartir. No eran un caso rutinario, ni una entrevista, ni un reportaje. Aparentemente eran un punto de inflexión en mi trayectoria como buscador. Su experiencia (y su aparente calidad humana) desbordaban mi capacidad como investigador, y me devolvían a los años de devocional vocación religiosa. A aquella feroz hambre de Verdad que un día me acercó a la Iglesia Católica, y que ahora me llevaban hasta una pequeña barriada en la periferia de Málaga.

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Por todo ello. Por la trascendencia que encerraba la posibilidad, por remota que fuese, de que Andrés Ballesteros pudiese reventar nuestra percepción de la realidad, nuestro paradigma newtoniano, nuestra concepción del universo, decidí que sería totalmente sincero. Impecable. Y por eso, cuando, finalizada su jornada de trabajo, disfrutaba de una generosa cena, a la que me había invitado Andrés en compañía de sus mas cercanos, tuve que responder con toda trasparencia a su pregunta. Me interrogó sobre lo que había visto, y le respondí lo único que podía: la verdad. Creía que un hombre tan trasparente, tan aparentemente ingenuo y sabio a la vez, presuntamente dotado de poderes tan espectaculares, podría leer en mi mente. Sabría que cuando le dijese que estaba impresionado por lo que había visto, aunque no podía garantizar a nadie que fuese algo sobrenatural, entendería que le hablaba con el corazón. Y que cuando le dijese que necesitaba alguna prueba mas sólida, algo irrefutable –ya que lo que había visto hasta entonces yo podría reproducirlo con trucos de ilusionismo- podría escrutar en mi alma y ver que mis intenciones eran sinceras. Pero no fue exactamente así. Reaccionó con una cierta violencia, que yo interpreté como fruto del ego, intrínseco a la naturaleza humana, que todos tenemos en menos o mayor medida, sin que ello afecte a nuestra calidad como personas. Y es que todos, hasta Andrés, somos humanos…

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Me desconcertó que aquel “hombre milagro” no entendiese mi prudencia, ya que yo no le había visto abrir ni cerrar el cuerpo en las operaciones importantes. Como hacía con todos los demás testigos que yo interrogue, me invitaba a salir de la habitación justo antes de empezar a “abrir”, permitiéndome entrar de nuevo en la sala cuando el enfermo ya tenía la espalda abierta, los órganos extraídos sobre el cuerpo, etc. Haciéndome salir de nuevo antes de cerrar la herida. En otras palabras, yo solo había visto un ser humano tumbado en la camilla, con una herida –a veces muy espectacular- en el cuerpo, y posteriormente veía salir a ese enfermo de la habitación, sin la menor cicatriz.

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Solo pude presenciar las operaciones de “limpieza de sangre” completas, cuando operaba a una persona más o menos rellenita, y siempre por detrás de una línea de sal que Andrés marcaba en el suelo, a unos 2 metros de la camilla donde operaba, impidiendo, a esa distancia, que se pudiese percibir ningún detalle de la apertura y cierre de la herida. En otras palabras, ni yo, ni ninguno de los testimonios que recogí, podría afirmar que vio como los “rayos laser” que supuestamente salen de los ojos de Andrés, o la “luz” que mana de sus manos, rasgaban la piel, abrían la carne, y permitían que el curandero arrancase el intestino, el riñón, o cualquier otro órgano. Sin embargo que yo no hubiese podido presenciar todo el proceso, y que no conociese a nadie que lo hubiese presenciado, no significaba que todo fuese un fraude. Pero Andrés no comprendía mi prudencia. No me importó, y disculpé su suspicacia.

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Lo que no pude comprender fue la llamada que me hizo Andrés meses mas tarde: “Alguien de Madrid y que te conoce bien me ha dicho que vas diciendo en la radio que lo que hago yo es mentira. ¿No te da vergüenza, después de lo bien que yo te he tratado?”. Naturalmente yo no había hecho ningún comentario sobre la autenticidad o falsedad de los poderes sobrenaturales de Andrés Ballesteros. Tan solo, y durante el transcurso de una entrevista con la Dra. Ana Cisneros (emitida en Mundo Misterioso el 31 de enero de 1999), con quien había coincidido en Campanillas, había comentado que acabamos de regresar, pocas horas antes, de visitar a un curandero excepcional… ¿Por qué entonces Andrés daba crédito a aquella calumnia? ¿Acaso “Jonathan” –el ser espiritual que supuestamente lo acompaña desde niño- no conocía la verdad? ¿Dónde estaban sus poderes clarividentes?

Evidentemente, y a pesar de lo visto en Campanillas, las supuestas capacidades extrasensoriales de Andrés eran falibles. Yo jamás había sugerido que sus operaciones psíquicas fuesen un fraude, ni tampoco había dicho que fuesen auténticas. Simplemente había guardado un respetuoso silencio al no tener pruebas irrefutables en un sentido u otro. Sin embargo Andrés Ballesteros y yo nos enzarzamos en una acalorada discusión, que por momentos rozó el insulto personal, al acusarme de algo que no había hecho. Confieso que en un primer momento disculpé la torpeza de Andrés (y del despistado de “Jonathan”) al atribuir aquella difamación a alguno de mis abundantísimos enemigos en el mundo paranormal español. Alguien me dijo que Manuel Delgado, Iker Jiménez y otros componentes de la revista Enigmas habían visitado Campanillas, y supuse que ellos eran los responsables de esa nueva calumnia. Habían practicado ese juego en muchas otras ocasiones para enemistarme con viejos amigos como J.J. Benitez, J. Sierra, etc. poniendo en mi boca auténticas barbaridades que jamás había dicho (creo que he dejado muy claro en todos estos años que cuando tengo algo que decir sobre alguien, lo hago directamente).

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Confieso que me sentí furioso. En España no existen “cirujanos mediúmnicos” como en Filipinas o Brasil. Y son muy pocos los “dotados” que en la historia de la parapsicología española podrían equipararse a Andrés en cuando a la contundencias de sus supuestas capacidades sobrenaturales. Y mis esperanzas de encontrar una prueba irrefutable, un argumento contundente, una evidencia incontestable, de que existen “otras realidades”, parecían haber sido abortada por una repugnante calumnia. Andrés había cerrado las puertas a mis esperanzas de profundizar en su caso y conocer, de su mano, ese supuesto mundo sobrenatural donde sus estigmas, sus operaciones de “cirugía psíquica”, la luz de sus manos, su guía “Jonathan”, y sus poderes telepáticos y clarividentes, parecían la mejor demostración de que nuestros científicos, filósofos y teólogos están equivocados… y hay “otros mundos” y “otras realidades”… Y así, con la angustia de haber perdido, injustamente, el mejor caso al que un buscador podría aspirar, transcurrieron varios meses.

Tardaría tiempo en averiguar que la autora del falso rumor era una tal Yolanda (perteneciente al Centro Proyecto Dorado de Madrid, donde Andrés pasaba consulta todos los meses). Aunque su intención fuese perjudicarme, debo estar agradecido a la tal Yolanda (que por cierto no me conoce personalmente), ya que fue la primera en demostrarme que las dotes visionarias del curandero y su ser no eran tales.

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Finalmente Ballesteros terminó reconociendo su error, y disculpándose conmigo por su irracional e injusto arrebato de cólera, pero la duda estaba sembrada. ¿Cómo era posible que si tenía tales poderes, y un ser sobrenatural que le advertía de todos los peligros contra él, tanto Andrés como su ser hubiesen sido engañados por un falso rumor contra mi? ¿O acaso no existían tales poderes ni tal ser sobrenatural?

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Aún con esa sombra de duda en mi corazón, a principios del 2001 acudo a Sevilla para participar en una emisión del programa Espacio en Blanco con publico. En muchas otras ocasiones (Valencia, Zaragoza, La Coruña, etc) había acudido a los programas que Miguel Blanco realiza de cara al público, en diferentes ciudades españolas, para realizar demostraciones de mentalismo e ilusionismo, con objeto de mostrar al público de Espacio en Blanco como un prestidigitador puede realizar falsas demostraciones de telepatía, telekinesis, clarividencia, dermografías, levitación, etc. En aquella ocasión, y durante el transcurso de una entrevista sobre los fenómenos paranormales en la comunidad Andaluza que yo había investigado durante los últimos 10 años, Miguel Blanco me preguntó abiertamente mi opinión sobre Andrés Ballesteros. Y respondí –ahí esta la grabación del programa- lo mismo que le había dicho a Andrés dos años antes. A pesar de lo que había visto y recopilado en Campanillas, yo no podía afirmar que los poderes de Andrés fuesen genuinos, ni tampoco que fuesen un fraude. No tenía elementos de juicio suficientes –aunque yo pudiese reproducir y mejorar la supuestas operaciones mediúmnicas de Ballesteros con técnicas de ilusionismo- para demostrar irrefutablemente una cosa ni la otra. Sin embargo –respondí a Miguel- tenía la esperanza de poder ahondar en ese caso en el futuro…

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Y, como en tantas otras ocasiones, el universo conspiró para que esa esperanza se viese realizada pocos meses después. En el verano del 2001 Dulce34 (nick de una contertulia habitual en Mundo Misterioso) tenía la generosa amabilidad de organizar en Málaga la presentación de mi libro “Los Expedientes Secretos”, por iniciativa propia. Por una insólita casualidad (¿causalidad?) esos mismos días recibía una llamada de Luisa Alba, la investigadora que más había promocionado a Andrés Ballesteros durante los últimos cuatro años, requiriendo mis servicios como investigador especializado en fraudes paranormales. Luisa, visiblemente angustiada, solicitaba de mi opinión como ilusionista, y me pedía que reabriese mis investigaciones sobre el caso Ballesteros. Cuando le respondí que “casualmente” esa misma semana estaría presentando mi libro en Málaga no podía dar crédito. Asi que, aprovechando esa insólita coincidencia, decidí volver a visitar a Andrés en Campanillas.

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Cuando volví a la consulta de Andrés Ballesteros sentía el mismo voraz apetito por encontrar un pedazo de “Verdad” que llevarme al alma. Un trozo de evidencia sobrenatural con el que saciar mi hambre de pruebas. Y con toda la apertura mental de que soy capaz, retomé la investigación donde la había dejado años atrás.Andres Ballesteros 2

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Durante los 3 meses siguientes prácticamente me mudé a Campanillas; asistí a nuevas operaciones, recabé nuevos testimonios, escuché nuevas disertaciones bíblicas, y reuní todas las evidencias posibles a favor de Andrés… Desgraciadamente las “pruebas” que Andrés Ballesteros me ofrecía se desmoronaban por si mismas.

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El espectacular video de una operación de cerebro que me mostró en repetidas ocasiones –como su gran “plato fuerte”- no dejaba ver en ningún momento la cara ni la cabeza completa de la supuesta operada. Tan solo un plano corto de un amasijo de carne que Andrés toquetea con un bisturí. Y de pronto la cinta se corta e instantáneamente se ve ya el cráneo intacto de una mujer… ¿Cómo es posible que si Andrés quería con eso tener una prueba con la que callar a los escépticos no grabase ni como abre ni como cierra el cráneo, ni siquiera un plano en que se vea la cara del enfermo y que realmente su cabeza esta abierta?. Sin embargo, que dicha filmación no probase nada, y al contrarío, resultase extremadamente sospechosa, tampoco significa que todas las operaciones de Andrés fuesen fraudes.

.A. Ballesteros

Otro día me sorprendió encontrar semiescondidos en su casa, una gran colección de libros editados por los Testigos de Jehová (que luego localicé y consulté en varios Salones del Reino). En dichos libros se incluían todos los conocimientos bíblicos, supuestamente inspirados por Jonathan, de que hacía gala Andrés. Aun tardaría un tiempo en saber que durante 15 años Andrés había pertenecido a la conocida secta, adquiriendo gran experiencia en el trato con la gente, y en la psicología callejera, vendiendo la Atalaya y El Despertar en varios pueblos malagueños. Pero eso solo significa que sus conocimientos bíblicos no eran de inspiración sobrenatural, y no que fuesen falsos ni auténticos.

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También me encontré, tanto en el domicilio habitual de Andrés en Campanillas, como en su casa de campo en Casarabonela, libros especializados en temas paranormales, de Colin Bloyle, José Antonio Campoy, Jesús Callejo, etc. Evidentemente la pretensión que defendían los seguidores más fanatizados del curandero, de que era un hombre analfabeto cuyos conocimientos se debían a las revelaciones de Jonathan, el ser espiritual que lo acompañaría desde niño, eran incorrectas. Andrés, como el mismo me demostró durante las horas, días y semanas que pasé visitándole en su casa, en su finca, en su consulta, etc, se mantenía muy al día en campos como la ufología, la parapsicología, y lo paranormal en España, a través de revistas y programas de radio especializados, libros, etc… En otras palabras, sus discursos sobre las energías, sobre el mundo de los extraterrestres, o sobre los seres “elementales”, etc, podían ser fruto de sus revelaciones sobrenaturales… pero también de los libros que leía sobre dichos temas…

Durante los tres meses que pasé pegado a él como una lapa, reconozco que estuve a punto de ser seducido, como tantos otros, por la magnética personalidad de Andrés Ballesteros. Tanto él, como toda su familia, terminaron por ganarse mis simpatías. Y quienes han seguido esta investigación mientras se estaba produciendo, saben de los enormes esfuerzos que he tenido que hacer para conseguir distanciarme emocionalmente del objeto de mi investigación. Como he publicado anteriormente, a mi juicio un investigador no debe establecer lazos afectivos con el testigo o con el protagonista del caso que esta investigado, si no quiere perder su objetividad. Sin embargo ese estrecho contacto con la familia Ballesteros me ha servido para comprender la demoledora componente emocional del caso. Los abundantes defensores de Andrés no lo son porque tengan pruebas objetivas, científicas o racionales de que el curandero obra fenómenos paranormales, sino por la incontenible simpatía que sabe producir en sus pacientes. Sus espectaculares estigmas, campechana forma de hablar, su aparente incultura, lo convierten en un hombre tan espiritualmente atractivo como entrañable. Y es que 15 años de trato con la gente de la calle, durante su permanencia a los Testigos de Jehová, son una excelente escuela de psicología.

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Para esos devotos seguidores Andrés Ballesteros era mucho más que un curandero. Era un místico, un visionario, un santo, un auténtico líder espiritual. En las muchas docenas de horas que me pasé en la sala de espera de su consulta escuché constantemente frases como: “Andrés es un ser único en el mundo”; “Después de Cristo, Andrés”; “Que no nos falte nunca, porque yo no sabría que hacer sin él…”, etc. Quiero subrayar este aspecto emocional del caso, porque lo considero fundamental para comprender lo que ha ocurrido.

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Y de esos mismos pacientes, seguidores y “discípulos”, rendidos a los pies del Maestro, del “Mesías de Campanillas”, escuché una y otra vez los mismos argumentos:

“Andrés no cobra nada por sus operaciones, tú le das la voluntad”. Esto es cierto, sin embargo, si Andrés convence a una persona de grandes recursos económicos de que le ha curado un cáncer ¿cuánto dinero vale ese servicio?. Si bien la media de las donaciones podía oscilar en torno a las 5.000 pts en los casos de pacientes humildes, yo mismo he recogido el testimonio de personas que han entregado a Andrés la “voluntad” de hasta 2.000.000 de pesetas. (Repito: DOS MILLONES de pesetas). Y no hablo de un caso aislado…

Otros, desbordantes de agradecimiento, o simplemente fascinados por la personalidad de este nuevo Mesías, le entregaban regalos, propiedades, o favores, imposibles de valorar económicamente.

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“Andrés solo opera con Luna Llena, y si quisiese hacerse rico podría consultar todos los días”. El argumento es coherente, aunque en realidad Andrés recibía pacientes también en cuarto creciente y menguante. Y durante meses, mantenía además de en Málaga, otra consulta paralela en el Centro Proyecto Dorado de Madrid, donde también operaba. Esta vez con tarifa fija de 7.000 pts por intervención, más donativos aparte. Realmente, yo no se si Andrés podía recibir más pacientes de los que recibía, ya que durante horas y horas, recibía a un paciente tras otro, terminando la jornada completamente agotado. Y, sinceramente, las cifras millonarias que Andrés recaudaba cada mes, creo que eran más que suficientes para saciar la ambición económica del más pintado. Aprovecho para decir que nunca he pensado que el económico pudiese ser el móvil de Andrés. Ganaba muchísimo dinero, pero no creo que ese fuese su objetivo, sino más bien un beneficio añadido…

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“Hay fotos y filmaciones en video de las operaciones”. Es verdad. Desgraciadamente prácticamente todas las fotos cercanas de las operaciones fueron tomadas con la cámara de Andres, quien, sin duda para mayor comodidad del investigador, se ocupaba de revelar el mismo los carretes y seleccionar las mejores imágenes que después entregaba al periodista o investigador de turno. Los que, como yo, tuvimos permiso de Andrés para tomar fotos con nuestra propia cámara, tuvimos que hacerlo desde detrás de la línea de sal. Aunque, justo es reconocer, que en alguna ocasión se ha podido tomar fotos detalladas utilizando un potente teleobjetivo… pero ya me referiré a esas reveladoras fotos. En cuanto a los videos, ocurre lo mismo. No ha permitido grabar a terceros ninguna operación integra en la que se vea como abre y cierra el cuerpo. Y en las mejores imágenes, como la operación de cerebro, no se ve en ningún momento la cara de la persona operada, y ni siquiera se aprecia con claridad si se trata de un cerebro humano. Y lo más grabe y desconcertante, el trozo de película en que debería verse como abre y cierra el cráneo, han sido borrados de la película ¿¿¿???.

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“Hay operaciones irrefutables, como las de testículos, que están fotografiadas”. También es verdad. Y Andrés me obsequió con algunas fotografías espectaculares, de esa operación en concreto. Es una lástima que, si bien aparece con lo que parecen dos testículos en sus manos, mostrándolos a la cámara, el individuo operado aparece con la entrepierna (donde supuestamente han extraído los testículos) tapada con algodones ensangrentados, y no es posible ver que la bolsa de los testículos esta vacía, lo que si demostraría que los testículos del paciente son los que están en las manos de Andres… o al menos que a dicho paciente le habían extirpado los mismos. Algún malpensado llegó a sugerir que en realidad Andrés tenía en las manos criadillas de cordero, y que los testículos del paciente estaban ocultos bajo los algodones blancos que se encuentran rodeando el pene en esa intervención…

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“Muchos médicos han visto las operaciones y no han visto truco”. Naturalmente los médicos son personal cualificado para evaluar la salud de una persona y, todo lo más, para examinar el historial clínico de un paciente, antes y después de una intervención de Andrés. Pero los médicos, como cualquier otro científico, no tienen cualificación para descubrir las técnicas que un ilusionista utiliza en sus espectáculos. Yo mismo he actuado en infinidad de ocasiones ante profesionales de la medicina, que no han podido adivinar cuales son las técnicas de prestidigitación que utilizo en mis demostraciones de falsa telepatía, falsa telekinesis, falso espiritismo, etc. Naturalmente, que los médicos pudiesen ser engañados por un mago, no significa necesariamente que Andrés lo fuese.

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“Andrés es capaz de diagnosticar tu enfermedad solo mirando en una tinaja con agua, sin haberte visto antes en su vida”. En este caso, tan solo podríamos sentirnos un poquito desconfiados si nos paramos a pensar que la esposa de Andrés, encargada de coger las citas para cada consulta, a veces con semanas de anticipación, pregunta el nombre del enfermo y la causa de su enfermedad a la hora de cerrar la cita para un día y hora determinado. Alguien un poco crítico podría pensar que en su esposa la que informa a Andrés de la enfermedad por la que acude cada paciente antes de que este entre en la sala de operaciones, y sus 15 años de experiencia con la psicología callejera de los Testigos de Jehová, y años de experiencia como curandero, le permiten deducir el resto…

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“Andrés es un humilde trabajador de un almacén, y casi no tiene dinero para vivir”. Es verdad que Andrés paga a Hacienda a través de una empresa OFRAN MALAGA SL, propiedad del hermano de su vecina y principal defensora. Aunque eso solo demuestra que estafaba a Hacienda y nada tiene que ver con que tuviese o no poderes paranormales. Por otro lado el hecho de que tuviese al menos dos casas, una en Campanilla y otra en Casarabonela; al menos dos coches, un utilitario destartalado con el que iba a la consulta y un flamante todoterreno con el que viajaba a su finca en el campo; un lujoso mobiliario en ambas casas, etc. nos sorprende. Desde luego Andrés no es un hombre de clase baja, como pretendían sus devotos (un servidor, familiarizado con el trabajo de muchas ONGs españolas sabe distinguir una familia de pobres recursos, y la de Andrés no se ajusta ni de lejos a ese perfil). Sin embargo, que haya recaudado una pequeña fortuna personal, no significaba tampoco, al menos a mi juicio, que su poderes no fuesen genuinos. Uri Geller es mucho más rico y yo no he podido encontrar explicación para todos sus presuntos poderes PSI…

En otras palabras: los testimonios de sus devotos no probaban que Andres tuviese auténticos poderes sobrenaturales. Y el mismo curandero ponía muchas trabas – al no permitirnos atravesar la barrera de sal para presenciar con detalle como abría o cerraba el cuerpo, al no permitirnos analizar alguno de los tumores extraídos, al no permitirnos contrastar los historiales médicos de los pacientes (apelando a su “secreto profesional”), etc-, para probar dichos poderes. Vamos, que si quería averiguar que los dones sobrenaturales de Andrés eran reales, y demostrarlo, tendría que hacerlo al margen de su propia colaboración.

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Acudí a muchos investigadores expertos, que visitaron a Andrés, para reunir sus opiniones. Con algunos, como el equipo del Padre Pilón, llegamos al extremo de visitar la consulta donde operaba, en un día sin pacientes, para “medir” hasta los campos magnéticos existentes en dicho local, en busca de la supuesta “energía sobrenatural” de la que hablaban sus seguidores. Algunos de los componentes del equipo del Padre Pilón, habían presenciado también las operaciones de Andrés, e incluso habían podido fotografiarlas, pero, como en mi caso, desde más alla de la línea de sal. Contrastando nuestro puntos de vista, todos compartíamos un prudente escepticismo en torno a las capacidades paranormales de Andrés.

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Luisa Alba, la investigadora mas pertinaz, insistente y tenaz de este caso, también se sentía escéptica, cuando, tras cuatro años de defensa a ultranza del curandero, había podido obtener una muestra orgánica de una de las operaciones. El análisis, para su sorpresa, frustración y desencanto, reveló que no se trataba de restos humanos… si no de ave…

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Naturalmente se trataba de la palabra de Luisa contra la de Andrés, y yo no sería justo ni objetivo si confiase a priori en uno de los dos, así que me las apañe para obtener, personalmente, una muestra del algodón empapado en sangre de la paciente tras una de las operaciones que presencié. Conservo la mitad de la misma, y la otra mitad se envió a un laboratorio para su análisis de ADN (análisis, por cierto, costosísimo). Los resultados a ese análisis, tardarían semanas en llegar a mis manos. Y mientras la investigación continuaba.

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Una forma de demostrar que las capacidades sobrenaturales de Andrés y de Jonathan, el ser espiritual que le guía en las operaciones y los diagnósticos eran genuinos, era falseando la causa de la consulta. Sin duda, sino la clarividencia de Andrés si los poderes del sobrenatural Jonathan, descubrirían le pequeña broma, dándonos una prueba irrefutable de sus poderes. Y así pedimos cita para falsos enfermos, que acudían con una dolencia errónea. Andrés tenía ahora la oportunidad de demostrarnos que su mensaje espiritual es real; que el más allá de los sentidos existe; que Jonathan y otras formas de vida no humana son reales… Pero Andrés se limitó a repetir el diagnóstico falso que habíamos dado a su mujer por teléfono… ¿cómo era posible? ¿tal vez tenía un mal día? ¿Acaso Jonathan estaba despistado esa tarde?

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Repetimos la experiencia una, y otra, y otra, y otra, y otra vez. Y en cada ocasión intentábamos dejárselo más fácil a Andrés para que descubriese nuestro inocente engaño. Al fin y al cabo, si uno de nuestros ganchos decía que tenía ulcera, y Andrés le operaba de la misma, quizás es que realmente nuestro enfermo tuviese la ulcera ficticia y no lo supiera… (Sabía que este sería el argumento que intentarían utilizar sus defensores). Así que terminamos por rizar el rizo hasta límites inverosímiles. Por ejemplo, tomándonos la molestia de llevar a nuestro gancho a un médico para que certificase con el consiguiente informe, el impecable estado del órgano que diríamos a Andrés que estaba enfermo. Andrés ratifico que estaba enfermo y “operó” el órgano sano. Repetimos este experimento en muchos casos, y nos costaba creer que fuese tan sencillo engañar a Jonathan, y a los poderes clarividentes de Andrés y su palangana. Así que decidimos ir aún más allá, y llegamos a enviar, por ejemplo a una mujer cuya matriz había sido extraída (según demuestra el informe médico que obra en mi poder, redactado por el Dr. Nogales, del Dpto. de Ginecología del Hospital Costa del Sol), para que Andrés la operase de la matriz… y lo hizo.

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Pero el colmo de los colmos, y la evidencia demoledora, kafkiana y casi humorística, nos llega de las manos de David N. M., un joven gay malagueño, que accedió a vestirse de mujer, y a solicitar una consulta ginecológica con Andrés… Andrés Ballesteros, su palangana, y su guía extraterrestre Jonathan no solo no ratificaron que David tenía un problema ginegologico, sino que Andrés OPERO A DAVID PARA EXTIRPARLE QUISTES OVARICOS¡¡¡

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Si no fuese por el drama humano que se esconde tras los miles de personas que pusieron su salud en las manos de Andrés, algunos de los cuales –ya terminales- fallecieron, este esperpéntico episodio de la parapsicología española merecería una caricatura. Pocas veces un curandero ha hecho gala de tan parcos poderes clarividentes como para operar de los ovarios a un joven gay vestido de mujer…

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Antes de emitir una conclusión final a Luisa Alba, quien repito que solicitó mi opinión como investigador especializado en fraudes y como ilusionista, recopilé toda la información posible, añadiéndola a mis propias pesquisas. Debo agradecer a la Sociedad Parapsicológica de Málaga, al equipo del Padre Pilón, y a otros muchos investigadores y periodistas que realizaron sus propias pesquisas sobre Andrés Ballesteros, que me facilitasen una brutal cantidad de fotos, videos, documentos y testimonios, con los que podrían escribirse varios libros en torno al caso del “hombre milagro” de Campañillas.

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Tras realizar un examen detallado y minucioso de las mismas, entregué a Luisa Alba las conclusiones que me había pedido. Mi opinión personal (y subrrayo lo de PERSONAL) era la siguiente:

- Andrés Ballesteros utilizaba una luz química para realizar el efecto de la “luz” que ponía a sus pacientes; por esa razón los enfermos entraban a recibir la luz cuando Andrés ya estaba esperándoles en la habitación en penumbra, y con dicha luz saliéndole de las manos. Nadie vio nunca como se generaba ni como desaparecía la luz de las mismas, ya que tenía que ponerse la pintura y quitársela a solas. Dicha luz sale totalmente simplemente con un chorro de agua. Es de justicia reseñar que debo a Luis López Vilas este descubrimiento.

- Andrés utilizaba las vísceras de varios animales, algunos de los cuales yo vi en su finca de Casarabonela, para falsear los tumores, testículos y vísceras extirpados en las operaciones. Dichas vísceras serían ocultadas en el cesto de los algodones que usaba en cada operación, y que Andrés colocaba sobre la camilla al lado del paciente. Entre operación y operación su esposa “cargaba” la cesta con los pedazos de carne, columna de cerdo, higados, etc, que sabía que su esposo iba a necesitar en la siguiente intervención, ya que tenía en su libro de citas unas indicaciones sobre la enfermedad de cada nuevo paciente.

- La sangre que Andrés utilizaba en cada operación debería estar oculta en un FP (un instrumento que utilizamos los ilusionistas) y que podría ocultar en un bolsillo o en la misma cesta, antes de cada operación. Muchos de sus seguidores me habían contado numerosas experiencias paranormales que habían vivido con Andrés, como “la Cena del Señor” en que convertía agua en sangre, etc, que resultaban idénticas a los efectos de “magia química” conocidos hasta por los prestidigitadores más torpes.

- La espectacularidad de las intervenciones, y el shok emocional que producían en el enfermo, podría favorecer auténticas sanaciones, o al menos la mejoría de los enfermos, en un grado directamente proporcional a la fe que tuviesen en el curandero dichos pacientes.

- En conclusión, Andrés Ballesteros no poseía, a mi juicio, ningún tipo de capacidad paranormal.

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A pesar de que Luisa Alba ya se encontraba en una fase mucho más crítica para con el curandero, se resistía a aceptar mis conclusiones, sugiriendo que quizás en el fondo Ballesteros si tuviese alguna facultad aunque tuviese que recurrir al fraude de vez en cuando. Pero a medida que las evidencias contra Andrés se iban acumulando, evolucionó su criterio al de que todo era un fraude.

.Andres Ballesteros 2 (1)

El pasado 10 de octubre, y tras acumularse varias denuncias contra Andrés, reforzadas por las pruebas que habíamos recopilado varios investigadores independientes, el grupo de fraudes del Cuerpo Nacional de Policía de Málaga procedió a la detención de Andrés, y al registro de su consulta en plena intervención, descubriendo las vísceras de animales, y demás elementos necesarios para la elaboración de sus engaños. Solo me equivoque en lo de la sangre. No la portaba en un FP sino en un simple preservativo, que llevaba entre los algodones, y que rompía con la uña durante las intervenciones para que la sangre “manase” del cuerpo del enfermo…

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Inmediatamente quien esto firma fue añadido a la lista negra de Andrés Ballesteros y, al igual que Luisa Alba antes, comencé a recibir amenazas e insultos muy agresivos, por atreverme a cuestionar los milagros del estigmatizado de Campanillas.

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Otros amigos y familiares de Andrés, que me confirmaron personalmente que Andrés no “recibió” los estigmas a los 33 años, ni practica la cirugía psíquica hace 20, etc, etc, etc (ya que dichos amigos y familiares han vivido con el y lo conocen desde niño y saben que todos estos “fenómenos” no existían hasta hace 6 u 8 años), también están recibiendo ahora insultos y amenazas.

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Necesitaría muchas páginas para detallar todos y cada uno de los trucos que empleaba Andrés Ballesteros para “licuar” la sangre, para “limpiar los chakras”, para realizarse los “estigmas”, para “adivinar” el pensamiento de sus pacientes, etc. Pero todos y cada uno de esos “prodigios” son fáciles de repetir y de superar por cualquier ilusionista. La fe de los pacientes hacía el resto. Ellos, como yo, también tenían una necesidad enorme por creer. También tenían hambre de Verdad. Pero ellos no fueron capaces de distanciarse emocionalmente del curandero para mantener la perspectiva racional. Y aseguro que no es fácil.

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El amor que profesaban, y profesan, muchos de sus seguidores más devotos se convirtió en odio contra sus detractores, canalizando hacia nosotros las amenazas, insultos y más crueles difamaciones. En este sentido sin duda Luisa Alba ha tenido que sufrir, y aun sufre, el acoso más sádico y feroz. Yo, en estos momentos, también estoy recibiendo insultos y amenazas de sus seguidores mas irracionalmente fieles. Sin embargo no puedo menos que encajarlos y disculparlos, porque se que, en el fondo, tan solo es la fe en que Andrés Ballesteros es un ser divino, la que mueve la ira de sus seguidores hacia quienes hemos contribuido en desenmascarar el fraude. Pero eso no me hace sentir mejor.

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La sensación es exactamente la misma que sufrí cuando regresaba de Haití, tras encontrarme con los falsos “diablos”, o cuando me encontré con el origen terrestre de los ummitas, o cuando descubrí que los “poderes” de tantos y tantos mediums, videntes y paragnostas, eran torpes trucos de ilusionismo… Es posible que mi ego se sienta satisfecho, intelectualmente, por haber descubierto el engaño. Pero, joder, como me habría gustado que fuese auténtico…

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Una de las llamadas que he recibido estos días me espetó que yo era un hijo de puta, porque ahora mucha gente, que por sugestión podría haberse curado gracias a la puesta de escena de Andrés, ya no podrá sanarse por mi culpa… Y quizás tengan razón. “¿Qué importa si hace truco, si la gente se cura?”, me dijo esa mujer… Tal vez debería haber guardado el fruto de mi investigación en un cajón, y tal vez debería mentir cuando me preguntasen si creía que los poderes de Andrés eran auténticos… Tal vez así su consulta continuaría llenándose de enfermos, y tal vez algunos de ellos mejorasen su salud o incluso llegasen a curarse… Tal vez.

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Probablemente muchos de los seguidores de Andrés, entre los que me he encontrado empresarios, políticos, y componentes de algunas de las familias más importantes de España, incluyendo la Familia Real, también se sientan furiosos con nosotros por haber destrozado la credibilidad de Andres Ballesteros. Pero juro que eso no me preocupa tanto como la profunda congoja de quienes han visto rotas sus ilusiones por haber creído en los poderes del “hombre milagro” de Málaga. Por ellos, y por no haber sido capaz de cerrar este caso hace tres años, es por lo que siento esta enorme tristeza. Se lo que se siente al perder la fe, y no es un sentimiento agradable. Conozco esa terrible sensación de vacío, como si el suelo se abriese bajo tus pies. Conozco la sensación de ridículo, de pudor, de culpabilidad. Conozco la rabia y la frustración.

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El daño que ha generado este caso al mundo paranormal tal vez sea irreparable. La desconfianza hacia los verdaderos sanadores éticos, la merma en la credibilidad de los investigadores de lo paranormal, una mayor incredulidad en el mundo del misterio…

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Pero Andrés Ballesteros no es el final del camino. Es solo una etapa, amarga pero instructiva, de la que podemos aprender todos. Sobretodo ellos, sus devotos, que tendrán que ahogarse en su propia ira, o ponerse en pie, dejar a un lado la muleta espiritual que habían encontrado en Andrés, y seguir caminando solos. Nadie va a ganar el cielo por nosotros… ni siguiera Andrés Ballesteros.

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Si se tratase solo de un impositor de manos, de un magnetizador, etc, tal vez podríamos aludir a un fraude inconsciente… tal vez podríamos imaginar que su intención era buena y que se dejó llevar por la masa… Pero Andrés tenía que preparar cada noche las viscerás que iba a utilizar al día siguiente. Tenía que introducir la sangre en los preservativos añadir un anticoagulante y colocarlos en la nevera… Tenía, en términos criminológicos, que ejercer la premeditación y la nocturnidad. Y como me gustaría saber en que pensaba Andrés cuando preparaba todas las “herramientas” del engaño, noche tras noche, para ser utilizadas al dia siguiente con sus devotos y rendidos pacientes… ¿En dinero? ¿En fama? No lo creo. A mi juicio, y aunque sería extenso desarrollar esta idea, su móvil era otro: el poder. Hombre de profundas creencias religiosas se vio, de la noche a la mañana, impulsado a lo más alto de la fe. Ya no solo era un creyente, un Testigo de Jehová comprometido con la Biblia. Ahora él era el objeto del culto que anteriormente había profesado. Ahora Andrés Ballesteros era el Mesías, el guía espiritual de miles de personas. Y esa forma de poder, embriaga.

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En este momento todas las cartas están sobre la mesa. Si yo estoy equivocado y Andrés Ballesteros y su ser espiritual Jonathan, poseen poderes sobrenaturales, bastará con que hagan una sola operación, ante el juez, sin línea de sal, ni oscurantismos de por medio. Yo mismo me ofrezco como conejillo de indias para esa operación. Y si Andrés Ballesteros, ante el juez, es capaz de “adivinar” mi mal, abrir mi cuerpo con la energía de sus manos, y extraer el órgano enfermo para sanarlo… me retractaré de todo lo dicho, y aceptaré que es un ser sobrenatural, que Jonathan es una criatura de otro mundo, que hay un más allá, y todo lo que él desee enseñarme. Pero mientras mantendré que el “hombre milagro” es un extraordinario manipulador, responsable de la mayor y más sádica de las crueldades. La que exprime las emociones, los sentimientos y las creencias de los semejantes –sean campesinos o reyes- en beneficio propio. Andrés no es un Mesías, sino uno de los charlatanes que Jesús expulsó del Templo a patadas, por traficar con el nombre de Dios…

Manuel Carballal

Vicepresidente 2º CIAC

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  1. Judith dice:

    Lamentablemente conozco esa sensación de vació y tristeza cuando uno se da cuenta del engaño. Lamentablemente se aprende así, a base de decepciones, pero por otro lado nos sirven para ser más objetivos, menos ciegos, y más abiertos a otras posibilidades más terrenales y menos “milagrosas”. Gracias por abrirnos los ojos Manuel, En ocasiones no todos tenemos el temple y la valentía de reconocer cuál es la verdad. saludos ^^

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