Published On: Vie, jul 28th, 2017

ESPIRITISMO, HIPNOSIS Y PARAPSICOLOGIA: ENTREVISTA A LA HISTORIADORA ANNETTE MÜLBERGER

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Publicado en EOC nº 84/84

003Supuso una grata sorpresa comprobar que nuestro Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) había editado en 2016 una obra centrada en la historia del espiritismo y la investigación metapsíquica. Enseguida me hice con un ejemplar, que amablemente me remitió la propia editorial del CSIC, y me puse en contacto con la coordinadora de la obra para concertar una entrevista una vez hubiese leído su ensayo, cuyo contenido era bastante prometedor. El título: Los límites de la ciencia. Espiritismo, hipnotismo y el estudio de los fenómenos paranormales (1850-1930). La historiadora Annette Mülberger es quien ha estado al frente de este magno proyecto editorial. Es la autora de la introducción y la primera parte del libro titulada Del espiritismo a la parapsicología. En los tres primeros capítulos, Mülberger desmenuza la historia del espiritismo, su irrupción en España y el choque con la Iglesia católica, completando todo ello con un documentado repaso a la investigación de lo paranormal. En la segunda y tercera parte de la obra, Andrea Graus, Ángel González de Pablo y Mònica Balltondre nos hablan en profundidad sobre la práctica de la mediumnidad, la hipnosis y la clarividencia en España, mientras que Nicole Edelman y Michael D. Gordin se centran en la videncia y el espiritismo en Europa y Rusia. Estamos, sin duda, ante una obra excepcional, inédita en nuestro país, que arroja muchísimos datos históricos sobre un tema aparentemente marginal pero que, sin embargo, ejerció una notable influencia a nivel social, desde que floreció a mediados del siglo XIX el movimiento espiritista, iniciado con las hermanas Fox en Hydesville (Nueva York) y difundido por el pedagogo francés Allan Kardec a través de influyentes obras como El libro de los espíritus (1857) y El libro de los médiums (1861).

Annette Mülberger es historiadora de la ciencia con formación en Psicología. Es profesora de Historia de la Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido presidenta de la European Society for the History of Human Sciences. Su investigación se focaliza en los estudios sobre la mente humana en los siglos XIX y XX. Entre otras muchas cuestiones, en los últimos años ha abordado a fondo la historia del espiritismo y la parapsicología. En la obra que nos ocupa, Mülberger no ha querido entrar en la ya cansina controversia respecto a la realidad o no de estos fenómenos y si tienen una base científica. Su pretensión a la hora de elaborar esta obra ha tenido un fin exclusivamente historiográfico. “La presente obra está escrita desde la perspectiva de la historia de la ciencia, y en cuanto tal quiere, en primer lugar, contribuir a un mayor conocimiento y una mejor comprensión de las intenciones y creencias defendidas en otro tiempo como ‘científicas’ y ‘racionales’ por algunos grupos de personas. Lo hacemos adoptando un punto de vista crítico, pero también tolerante”, señala en la introducción.001 - copia

- ¿Qué le motivó a emprender un estudio histórico del espiritismo y de los inicios de la metapsíquica en España? ¿Le interesan estos temas fronterizos del conocimiento a nivel personal o solamente su interés ha sido a nivel historiográfico?
- “Pienso que los historiadores de la ciencia deben atreverse con temas candentes y polémicos como son el espiritismo. En una investigación en la que colaboré con psicólogos sociales me di cuenta del valor heurístico que tienen los debates científicos. El examen del intercambio de argumentos y ataques mutuos permite llegar a una visión privilegiada de la estructura epistemológica subyacente y unas dinámicas sociales que buscan el cierre de filas y la imposición de una visión planteada como la única posible, racional y verdadera. Ante las tensiones en el debate se abren fisuras que dejan entrever los mecanismos que sustentan el consenso científico. Nos ayudan a entender cómo en un momento histórico determinado, una idea o teoría científica llega a ser socialmente aceptada o rechazada”.

Según nos aclara, el objetivo principal a la hora de escribir esta fabulosa obra colectiva fue conocer más de cerca el espiritismo y la parapsicología, dos planteamientos que habitualmente son percibidos como un pensamiento heterodoxo e irracional. “Quería mostrar las condiciones históricas junto al ideario y las actividades llevadas a cabo por los dos grupos (espiritistas y parapsicólogos) para comprender mejor por qué para algunas personas tenía (y tiene) sentido creer en espíritus y guiarse por mensajes enviados desde el más allá o, en el segundo caso, creer en fuerzas mentales o físicas desconocidas u ocultas”, explica a EL OJO CRÍTICO.

- ¿Hubo problemas para que una institución científica como el CSIC apoyara la publicación de un libro sobre un asunto tan heterodoxo y resbaladizo, pese al enfoque serio y riguroso que usted y el resto de coautores habéis dado al mismo? También hubo apoyo económico por parte del Ministerio de Economía y Competitividad ¿no es cierto?
- “Sí, el Ministerio apoyó nuestra investigación sobre el tema. Cuando un compañero de trabajo (José Pardo) supo del ciclo de charlas que organicé en 2013 me recomendó publicar sobre el tema en la colección ‘Estudios sobre Ciencia’ de la editorial del CSIC. Una editorial seria y de prestigio me parecía el medio ideal para enmarcar nuestro estudio. Tuvimos una evaluación muy positiva que en seguida nos abrió el camino hacia la imprenta”.

-011 ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención tras su inmersión como historiadora en el mundo del espiritismo y comprobar que tantos hombres de ciencia se interesaron vivamente por estudiar la cuestión?
- “Los dos aspectos que más me llamaron la atención fueron, por un lado, la gran variedad de teorías que se establecieron para explicar las causas de los fenómenos paranormales y, por otro lado, la rudeza con la que, en ocasiones, unos científicos con refinados modales se lanzaban a la discusión o al ataque con la intención de dejar en ridículo al contrincante”.

Cierto es que numerosos hombres de ciencia, incluso varios premios Nobel como William Crookes y Charles Richet, decidieron adentrarse en el mundo del espiritismo con objeto de evaluar los fenómenos que, supuestamente, acaecían en torno a los médiums. De hecho, la Society for Psychical Research de Londres, pionera en este tipo de investigaciones, acogió en su seno a destacadas figuras del ámbito científico. Muchos de ellos no solo defendieron la realidad de tales manifestaciones metapsíquicas, sino que incluso algunos consideraron plausible la idea de que esos fenómenos (raps, telecinesis, levitación, ectoplasma, etc.) eran producidos por espíritus procedentes del más allá que se manifestaban a través del médium. Otros, sin embargo, se mostraron más críticos debido a la cantidad de fraudes que tenían lugar en los velatorios espiritistas, ya que las sesiones solían realizarse casi siempre en penumbra. Alguien que con ahínco combatió a los falsos médiums fue el astrónomo catalán Josep Comas i Solà, cuyas pesquisas recogió en un libro titulado El espiritismo ante la ciencia (1908). “No fue hasta que empezó a publicar sus artículos sobre el tema en la prensa que los espiritistas se enfadaron con él porque vieron que todas las demostraciones empíricas no habían bastado para convencerle de la existencia de los espíritus. Comas aceptaba algunos fenómenos como reales (y otros no) pero buscaba otras vías explicativas más acordes con su visión del mundo”, sostiene Mülberger.

BARCELONA, SEDE ESPIRITISTA
004En 1888 se celebró en Barcelona el Primer Congreso Internacional Espiritista, que tuvo una enorme importancia por los temas abordados y por la gran cantidad de ponentes y asistentes. Años antes, las obras de Kardec habían llegado al puerto marítimo Barcelona, difundiéndose por toda España. Además, en 1869 se fundó la Sociedad Barcelonesa Propagado-ra del Espiritismo. José María Fernández Colavida —que mantuvo contacto con Kardec y fue
traductor de su obra El libro de los espíritus— encabezó el incipiente movimiento espiritista español, cuyos textos se difundieron en editoriales como la Imprenta Espiritista de Barcelona. “A partir de este tipo de asociaciones y publicaciones se iba tejiendo una densa red de sociedades espiritistas por todo el país. Aunque la propagación dependía de lecturas y contactos personales, en el kardecianismo español tuvieron una mayor presencia los núcleos urbanos y las zonas industrializadas (especialmente las que contaban con acceso portuario). Los grupos más importantes fueron la Sociedad Espiritista de Sevilla, la Sociedad Espiritista Española de Madrid y la Sociedad Barcelonesa ya mencionada”, señala Mülberger.

- ¿Qué destacaría de aquel Primer Congreso Internacional Espiritista celebrado en Barcelona en 1888? ¿Considera que fue crucial en la expansión del espiritismo en nuestra geografía, contribuyendo hacia su activismo social y político?
- “El Primer Congreso Internacional Espiritista de 1888 es muchas veces olvidado por los historiadores extranjeros (que erróneamente toman el segundo Congreso de París como primero). Muestra muy bien cómo las aspiraciones internacionales del movimiento tuvieron su origen justamente en las asociaciones del área de Barcelona, concretamente la Federación Espiritista del Vallés y el Centro Barcelonés de Estudios Psíquicos. Las actas del congreso documentan un giro en la línea de actuación de los espiritistas hacia una mayor preocupación por la intervención social. El congreso como tal ayudó, sin duda, a la proyección del espiritismo en nuestra geografía y reavivó la actividad de las diferentes asociaciones”.

- ¿Cómo reaccionó la Iglesia en España ante la irrupción de las obras de Allan Kardec y de las doctrinas espiritistas? Hubo incluso autos de fe con quemas de libros espiritistas…

006- “La Iglesia Católica, sobre todo el ala más integrista, reaccionó de la misma manera que en Francia: enseguida algunos eclesiásticos dieron la voz de alarma y avisaron a los fieles del nuevo peligro. Dada la importancia de los milagros para el credo, no negaron la posibilidad de lo sobrenatural. Aun así, veían en el espiritismo una herejía y en los mensajes de las sesiones la autoría del diablo. Estaba terminantemente prohibido para un católico asistir a las reuniones espiritistas. Aunque no lo desarrollo en el libro es importante señalar, sin embargo, que también hubo sincretismo entre catolicismo y espiritismo. Y sí hubo autos de fe. Uno de ellos tuvo lugar en 1861 en el parque de la Ciudadela de Barcelona. Para frenar la circulación de literatura espiritista, el obispo barcelonés Antoni Palau i Térmens había exigido a las autoridades locales la quema pública de libros kardecianos incautados en el puerto. Sin embargo, este tipo de actos en vez de asustar, parecían más bien tener el efecto contrario. Según los testimonios, fueron muchos los que gritaron en protesta: ‘¡Abajo la Inquisición!’ y justamente se interesaron por el contenido de los libros prohibidos”.

PROGRESISTAS Y LIBERALES
A principios del siglo XX, las tendencias políticas progresistas y liberales de cierto sector de la sociedad que defendía el libre pensamiento y se oponía a la autoridad eclesiástica, influyó en la expansión del espiritismo, cuyo credo fue considerado racional. “Por otro lado, justamente el ataque frontal por parte de la Iglesia Católica en contra del movimiento, fomentó una unión ante el enemigo común entre diversos grupos sociales de ideologías más o menos alineadas con el libre pensamiento (movimientos obreros, masones, etc.). Sobre todo, el reto de intentar construir un sistema educativo alternativo al de la Iglesia fortaleció los lazos e hizo que tuvieran que colaborar”, afirma nuestra entrevistada.

- En Cataluña, como ya hemos apuntado, se produjo un gran auge del espiritismo en la segunda mitad del siglo XIX. Háblenos de ese boom social.
- “El boom social del espiritismo llegó a España en varias olas. La primera tuvo lugar en Europa entre 1852 y 1853, un momento histórico en el que los médicos diagnosticaron con preocupación una nueva epidemia social, la epidemia espiritista de las mesas danzantes. Pocos años después, en 1857, se publicó la obra de Kardec que da un nuevo significado a las sesiones y planteó métodos alternativos y reglas para la interacción con los espíritus. Se especula que se vendieron alrededor de 48.000 ejemplares. El Segundo Congreso Espiritista congregó a 30.000 seguidores de todo el mundo. En general, se puede constatar que a pesar de haber sido un movimiento minoritario y
prohibido, fueron muchos españoles (de todas las clases sociales) de la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX que en algún momento sintieron curiosidad por los escritos sobre el tema o participaron en algunas sesiones”.

- Incluso hubo lazos entre el espiritismo y la masonería como demuestra la fundación del Grande Oriente Espiritista en 1891. Y también conexiones con la teosofía, el krausismo, la cábala, etc. ¿Cuáles eran sus puntos comunes?
- “Analizar las similitudes y diferencias entre estos movimientos que mencionas y a los que se debería añadir algunos más como el Swedenborgianismo, los Rosacruces y el ocultismo requeriría otro libro entero. En general, la teosofía, el espiritismo y estos últimos movimientos que he mencionado les une como característica la mezcla de filosofía y religión, el esoterismo y, en este sentido, el interés por reivindicar la relevancia de la fuerza de lo invisible y espiritual”.

019Según la doctora Mülberger, en relación a la teosofía, el espiritismo comparte algunos planteamientos básicos. Hay que tener en cuenta que el grupo liderado por Madame Blavatsky era altamente elitista, más bien un club exclusivo para intelectuales y personas de clases sociales altas quienes a través de un simbolismo sofisticado justamente buscaron una cultura hermética. El espiritismo, por el contrario, fue un movimiento abierto. “Las obras de Kardec son buena muestra de un ideario transparente, didáctico y sencillo que justamente quería llegar a todas las mentes, aduce. El krausismo es un poco distinto; parte de la filosofía idealista en la línea metafísica kantiana y adquiere en España a través del cristianismo unas fuertes connotaciones éticas. Aquí el nexo de unión con el espiritismo reside en que este último también buscó esta alineación con la ética cristiana y el racionalismo. Finalmente, es interesante ver cómo el ocultismo comparte el tipo de fenómenos y sesiones con el espiritismo, pero daba una explicación en términos más fisiológicos y usando como concepto clave el de ‘cuerpo astral’”.

DIFUSORES RELEVANTES
- Uno de los divulgadores espiritistas más importantes de la época fue el catedrático Manuel Sanz y Benito. ¿Qué aportó al espiritismo?
- “Manuel Sanz y Benito fue catedrático de Metafísica y Lógica en la universidad y publicó numerosas obras dedicadas al espiritismo. Se convirtió en uno de sus divulgadores más importantes, representando lo que se ha llamado ‘el espiritismo de cátedra’. Su pensamiento se inserta en la línea filosófica krausista (inspirada en el filósofo idealista alemán K.C. F. Krause). Creía en la pre-existencia e inmortalidad de las almas y en la reencarnación como un proceso de progresiva purificación de las mismas”.

- Otras figuras claves fueron el vizconde Antonio de Torres Solanot y la médium Amalia Domingo Soler. ¿Qué destacarías de ambos personajes?
- “Antonio Torres Solanot fue un aristócrata (vizconde) con mucha cultura y dotes de organizador. Un personaje muy popular de la época que supo resumir la esencia del credo espiritista de forma didáctica y contagió con su entusiasmo a muchos de sus contemporáneos. Amalia Domingo Soler, sin duda, fue una mujer excepcional. Procedente de un contexto social humilde, no podía vivir de sus labores como costurera, porque sufría problemas con la vista desde su infancia. Se negaba a casarse y vio en el espiritismo ‘la luz’. Se dedicó con ahínco a predicar con el ejemplo lo que representa el espiritismo como actitud moral prestando apoyo a los que sufren. Para ella, la comunicación con los espíritus fue una manera de dar esperanza a los que pensaban que su vida no tiene más importancia o que temían el juicio final o la muerte. El Dios de los espiritistas es un Dios que no castiga sino que, a través de la reencarnación, siempre da una nueva oportunidad. Sus relatos, poemas y mensajes espiritistas que transmitió como médium están llenos de sentimiento y esperanza y van dirigidos especialmente a otras mujeres y a todos los que sufren. Fue una mujer valiente que se atrevió a enfrentarse en discusiones con poderosos miembros del clero y tuvo seguidores tanto en España como en el extranjero”.

014- ¿Qué hipótesis barajaron los científicos que formaron parte de la investigación metapsíquica a la hora de explicar la naturaleza de los fenómenos que acontecían en los velatorios espiritistas?
- “Los científicos contrarios a las actividades espiritistas explicaban los fenómenos como consecuencia de una alucinación colectiva y un contagio por sugestión. Sin embargo, algunos científicos que observaron los fenómenos que tuvieron lugar en las sesiones creían que se trataba de un efecto de fuerzas físicas o mentales, quizá incluso desconocidas. Hay muchas versiones distintas. Así, por ejemplo, el famoso químico inglés William Crookes postuló la existencia de una ‘fuerza psíquica’ invisible que emana del cuerpo y que puede hacer que objetos se muevan a distancia sin contacto físico. Incluso construyó un aparato para medir dicha fuerza. El filólogo y psicólogo F.W.H. Myers pensó que los seres humanos tenemos una segunda personalidad en nuestro inconsciente con gran poder creativo y un conocimiento que ignoramos. Según él, en las sesiones la médium en estado de trance puede sacar a la luz este segundo ‘yo’ y exhibir, de esta forma, unas capacidades prodigiosas. Frente a este planteamiento el fisiólogo francés y premio nobel Charles Richet recurrió a la teoría que plantea la existencia de unas ondas magnéticas producidas por vibraciones invisibles del éter (en el aire) que conectan nuestra inteligencia y la materia que nos rodea. Estas propuestas no agotan la variedad de explicaciones, la validez de las cuales fue muy discutida”.002

Durante la ardua investigación historiográfica efectuada por la doctora Mülberger, observó que pese a existir una gran cantidad de textos en archivos de la época, no quedan rastros documentales de la mayoría de las sesiones privadas y de experiencias espiritistas. “Sobre demostraciones públicas o sesiones científicas se suele encontrar información hasta en la prensa diaria, pero saber lo que pasaba en las sesiones privadas es muy difícil. A menudo me hubiera gustado contrastar la información ‘oficial’ con lo que opinan diversos observadores y, sobre todo, la médium. Esto muy raras veces se consigue”, reconoce. Nos recuerda que actualmente, por suerte, contamos en España con una importante red de bibliotecas públicas con materiales únicos y de gran valor histórico como son la Biblioteca de Cataluña, la Biblioteca Nacional, la Biblioteca del Pavelló de la República, la Biblioteca Arús, la Ardíaca, la Biblioteca del Centro Borja, las bibliotecas de la Universitat de Barcelona y de la UAB, etc. Además disponen de personal muy profesional que prestan un apoyo imprescindible para este tipo de investigación. “Aun así, se trata de una investigación que a menudo se ve limitada a unas fuentes dominada por la voz cantante de un científico o un espiritista ilustrado (que tiene acceso a la prensa), mientras que quedan silenciadas las voces de las (y los) médiums y tantos otros participantes”, agrega.

Moisés Garrido Vázquez

ESPIRITISMO VS. IGLESIA

017El conflicto entre el espiritismo y la Iglesia fue inmediato. El clero reaccionó de forma tajante y desmedida frente a un atractivo movimiento social que proclamaba la comunicación con el más allá y difundía doctrinas y enseñanzas espirituales y filosóficas que competían con el dogma católico. Las autoridades eclesiásticas condenaron ipso facto las prácticas espiritistas. Así, el presbítero Felix Sardà i Salvany (1841-1916) las contempló como un “pecado mortal gravísimo”. En 1861, se celebró un auto de fe en Barcelona en el que se quemaron obras de Allan Kardec. Años después, en 1898, el papa León XIII condenó el espiritismo y amenazó con la excomunión a todo el que participase en una sesión. Para entonces, ya hacía tres años que los textos espiritistas habían sido incluidos por la Santa Sede en el Índice de Libros Prohibidos. “El ataque de la Iglesia propició una alianza entre anticlericales, fomentando la colaboración entre espiritistas, anarquistas (anarcosindicalistas), naturistas y masones”, explica Mülberger.

LA MÉDIUM QUE PREDICÓ LA CARIDAD

Una de las figuras más respetadas y recordadas por el movimiento espiritista español es la médium Amalia Domingo Soler (1835-1909). Esta mujer, nacida en Sevilla, de familia pobre y costurera, se sintió atraída por la filosofía espiritista, llegando a convertirse en una carismática líder del floreciente movimiento kardeciano, difundiendo, sobre todo, su aspecto ético. “He creído en la verdad del espiritismo más que por sus fenómenos, por la influencia moralizadora que ejerce sobre el carácter, las costumbres y las pasiones humanas”, aseveró. Llegó a dirigir a partir de 1879 una revista espiritista titulada La Luz del Porvenir, destinada a las mujeres, en cuyas páginas se proclamaban los valores morales y la ayuda a los más desfavorecidos. Amalia fue autora de varios libros que tuvo una gran acogida entre los espiritistas, como El espiritismo refutando los errores del catolicismo romano (1880) y ¡Te perdono! Memorias de un espíritu (1904). Su lema espiritista fue: “Hacia Dios por la caridad y la ciencia”. Según la doctora Mülberger, “a pesar de su débil salud, la hallamos activa, luchando por la dignidad de la mujer, por una nueva educación y por mejorar las condiciones de vida de los obreros”. Con Teresa Claramunt (anarcosindicalista) y Ángeles López de Ayala (miembro de una agrupación masónica), creó en 1889 la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona.

LA SOCIEDAD ESPIRITISTA

Uno de los primeros grupos espiritistas implantados en España fue la Sociedad Espiritista, fundada en Cádiz en 1855? Se disolvió pocos años después, por la presión ejercida por el obispo local, quien celebró un auto de fe para quemar los primeros textos publicados por dicha agrupación. Annette Mülberger señala que en torno a 1873 había grupos espiritistas en 57 ciudades, algunas de las cuales, como Sevilla, Barcelona y Cádiz, contaban con más de una asociación. “A finales de la década de 1860 empezaron a publicarse numerosas obras y revistas como El Criterio Espiritista (1867), fundada por Alverico Perón (pseudónimo de Enrique Pastor y Bedoya), El Espiritismo, de Francisco Martí Bonneval, y La Revista Espiritista, fundada por Fernández Colavida en 1868, entre muchas otras”.

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